LA BIBLIOGRAFIA SOBRE EL FLAMENCO
Ana Tenorio

3. El Antiflamenquismo

Paralelamente a esta corriente de estudios sobre el flamenco, se genera una actitud de rechazo al flamenco en buena parte de la sociedad española, que tiene su reflejo en la obra de algunos de los principales intelectuales de la época, especialmente de los pertenecientes a la denominada generación del 98. Estos intelectuales identifican flamenco con ambientes de mala reputación (y que en honor a la verdad no son ni mucho menos ajenos al desarrollo del flamenco): colmaos, tabernas, cárceles, prostíbulos, etc. y con actitudes de gente ociosa, chulos, señoritos o maleantes. Se oponen a que las imágenes que autores como Ford, Merimé, etc. describen, se identifique con la totalidad de la sociedad española. Que Europa, referente de cultura, de civilización y de progreso, identifique España con la Andalucía de pandereta, de fiestas, de bailes, de toros y de flamenco que dibujan los viajeros que atraviesan la península. Algunos ejemplos:

Pío Baroja: En su obra "La busca" (1904), encontramos en un capítulo dedicado a un "café-cantante" la siguiente descripción de una actuación flamenca: "La Tarugo se levantó de su asiento y se arrancó a bailar de costado, luego zarandeó las caderas de una manera convulsiva; el cantaor comenzó a gargarizar suavemente; a intervalos callaba y no se oía entonces más que el castañeteo de los dedos de la Tarugo y los golpes de sus tacones (...) Cuando concluyó la cantaora malagueña, se levantó un gitano de piel achocolatada y bailó un tango, un danzón de negro; se retorcía, echaba el abdomen para adelante y los brazos atrás. Terminó sus movimientos, de caderas afeminados y un trenzado complicadísimo de brazos y piernas (...) En aquel momento un cantaor gordo, con una cerviz poderosa, y el guitarrista bizco de cara de asesino, se adelantaron al público y mientras uno rasgueaba la guitarra...el otro con la cara inyectada, las venas del cuello tensas y los ojos fuera de las órbitas lanzaba una queja gutural, sin duda muy dificultosa, porque le hacía enrojecer hasta la frente".


Pio Baroja

Clarín en "La Regenta" (1884): "Empezaba entonces el llamado género flamenco a ser de buen tono en ciertos barrios del arte y en algunas sociedades. El mediquillo vestía pantalón muy ajustado y combinaba sabiamente los cuernos que entonces se llevaban sobre la frente con los mechones que los toreros echan sobre las sienes... Había acabado la carrera aquel año y su propósito era casarse cuanto antes con una muchacha rica. Ella aportaría la dote y él su figura, el título de médico y sus habilidades flamencas".

El paradigma de esta corriente lo constituye Eugenio Noel con su obra "Campaña antiflamenca, Señoritos, chulos, fenómenos gitanos y flamencos", cuyo sólo título es una verdadera declaración de principios. Ejemplos:

"Uno de los males del flamenquismo ha sido empeorar los bailes. No poseemos idea alguna de voluptuosidad, de refinamiento, de gracia sutil. Nuestro bailaor es un ser indecente, andrógino y torturado, y su compañera una desgraciada, que maneja su cuerpo como su alma, sin arte, sin ciencia, por ganarse unas pesetas". ("Campaña antiflamenca", 1919. Valencia: Editorial Sempere y Cia.).

"Un hombre flamenco es un ser humano a quien toda clase de cuestiones le tiene sin cuidado, a excepción de las que puedan afectar a su interesante persona. Y aun en este caso hay que descartar todo lo que no signifique garbo, prestancia personal, descoco, petulancia, traje y riñones. "Nada más inmundo que nuestro flamenquismo. Fermento de la descomposición de un pueblo..." (República y Flamenquismo, 1926).

Aunque la verdad es que este autor resulta paradójico ya que en otra de sus obras, una novelita corta titulada "Martín el de la Paula en Alcalá de los Panaderos" (Madrid: La Novela Mundial, 1926) hace una descripción llena de sensibilidad del cante flamenco: "Para un andaluz cerrado el cante hondo flamenco y el cante de sentimiento de la tierra suya, son una misma e indisoluble cosa... Y es que ama lo flamenco por eso mismo, porque se niega a toda definición, a toda ley, porque admite todos los estilos y modalidades, cadencias, sonidos, ritmos... y porque cada uno de los que bailan, tocan o cantan puede interpretarlos según quiere él, y nada más que él. Todo eso es tartesio, persa, bizantino, probablemente heleno también, mozárabe, latino, y, siendo todo eso y algo más, todo eso no es más que lo que el último intérprete de todo eso quiere que sea".

El antiflamenquismo se ha mantenido, si no como manifestación literaria, sí como actitud en ciertos sectores de la intelectualidad española.

Ana Tenorio

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