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BIENAL DE FLAMENCO DE SEVILLA
2002. LA LEYENDA
Un estreno por entregas
Silvia Calado Olivo. Sevilla, 10 de septiembre de 2002
Fotos: Javier Hurtado
La Leyenda. Cuerpo de baile: Compañía Andaluza
de Danza. Primera bailarina: Úrsula López, Elena Algado. Coreografía:
José Antonio Ruiz. Música: José Antonio Rodríguez,
Juan Requena, Rafael Marinelli. Bodas de Sangre. Dirección, coreografía,
iluminación y dirección: Antonio Gades. Adaptación para ballet:
Alfredo Mañas. Espacio escénico: Francisco Nieva. Música:
Emilio de Diego, Perelló y Monreal. Intérpretes: Ana María
Bueno (madre), Raúl Gómez (novio), Úrsula López (mujer),
Miguel A. Corbacho (Leonardo), Ana Moya (novia), cuerpo de baile de la compañía
(invitados a la boda). Teatro de la Maestranza. Sevilla, 10 de septiembre de 2002.
21 horas.
Aunque la prensa local había recogido por la mañana las excusas,
el incumplimiento del compromiso público de la Compañía Andaluza
de Danza fue insultante de tan evidente. José Antonio Ruiz, director de
la entidad sustentada por las arcas de la Consejería de Cultura de la Junta
de Andalucía, había explicado a la edición local del diario
'ABC' que "no había habido tiempo material de montar la escenografía
necesaria" para estrenar 'La Leyenda' en el día de plazo que da el
Teatro de la Maestranza. La solución fue ofrecer la obra por entregas:
veinte minutos ahora y el resto, ya veremos cuándo. Lo que no se sabe es
si dejarán entrar con la misma localidad. Y, como relleno, hasta completar
los minutos aceptables de representación sin tomatada, la reposición
de 'Bodas de sangre' de Antonio Gades. La Reina de Corazones no dudaría
en hacer rodar cabezas...
La Leyenda. Cuando esté completa, la obra puede que alcance su propósito:
homenajear a Carmen Amaya. De momento, es sólo la sucesión de cinco
números que alternan un solo y un paso a dos de Úrsula López
con Elena Algado, evocando el baile de la maestra catalana, y las coreografías
corales del cuerpo de baile de la compañía. En el primer corte,
Embrujo, la solista armada con castañuelas baila arcaico, sombras de clásico
español. En Rondeña se incorpora toda la compañía
en formaciones asimétricas de trío y parejas, en un conjunto muy
visual, muy de pintura barroca. La música en directo (guitarra, cante,
percusión) vino medida, sin estridencias. Continúan las composiciones
grupales en Evolución y de la piña surgen la Carmen mujer y la Carmen
hombre. Paso a dos con carga romántica, con el acento en la estética
postural. El homenaje a la legendaria bailaora concluye con una rumba colectiva.
Más allá del disfraz, ¿dónde está Carmen Amaya?
Bodas de sangre. La segunda parte, la lamentablemente apellidada de relleno,
jugaba con todas las bazas para lucir: una obra lorquiana pasada por el tamiz
de Antonio Gades... Hubo drama, hubo trama, hubo saber hacer escénico,
hubo búsqueda en lo popular, hubo gusto iluminador, hubo recursos cinematográficos
(el duelo a cámara lenta con iluminación caravaggiesca en el segundo
plano es una auténtica joya), hubo sabiduría en el manejo de la
masa y gusto en el de los individuos... La apuesta era segura. Así que,
todos a aplaudir... y aquí no ha pasado nada.
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El envés
Durante la Bienal de Flamenco de Sevilla suele
repetirse una triste escena. Las butacas reservadas para protocolo quedan vacías.
A veces, filas enteras, y de las primeras, por supuesto. Y ello supone no sólo
una falta de respeto para los artistas, que se encuentran casi sin público donde
alcanza su vista, sino también, y sobre todo, para los aficionados que se han
encontrado en las taquillas con el "agotadas las localidades".
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