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BIENAL
DE FLAMENCO DE SEVILLA 2002. DEL ALMA
Nudismo
Silvia Calado Olivo. Sevilla, 13 de septiembre
de 2002
Fotos: Javier Hurtado
Del Alma. Baile y coreografía:
Isabel Bayón. Coreografía y artista invitado:
Fernando Romero. Composición musical y guitarra flamenca:
Jesús Torres, Paco Arriaga. Guitarra flamenca: Manuel
Pérez. Cante: Manuel Gago, Miguel Ortega. Percusión:
Nacho López. Chelo: Gretchen Talbot. Jefa de producción:
Lourdes García. Diseño de vestuario: Lydia García.
Diseño de iluminación: Florencio Bernal. Teatro
Central. Sevilla, 13 de septiembre de 2002. 21 horas.
Cuando el desnudo empieza por dentro, antes que el cuerpo
se muestra el alma. Isabel Bayón escudriña en
su interior para presentar su primer espectáculo en
solitario, fiel a la teoría de que la innovación
está en uno mismo. Bajo esta premisa, Isabel Bayón
muestra abiertamente los sentimientos que le asaltan cuando
se enfrenta con el escenario... antes, durante, después.
Y ello da forma a un montaje sencillo y sincero en el que
el baile -con la ayuda de Fernando Romero- alcanza cotas extremas
de sensibilidad, calidad y estética.
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Con la trastienda de par en par, Fernando Romero atrás
ensayando, los músicos colocándose, el público
aún ubicándose y la voz trilingüe desaconsejando
telefonía móvil en la sala, la bailaora sevillana
se reconoce ante el espejo. Calienta, estira, bracea y contesta
al chelo dejando fluir su menudo cuerpo, siendo también
nota y melodía de Vivaldi. Serena. La música
distribuida en dos planos, el negro como protagonista, el
cante que aflora. Pormedio del atrás se abre paso:
jaleo. Y es hombros, es caderas, es cabeza, es escuela sevillana
remozada, bayonizada. Ella que se disfruta en su feminidad,
que se recrea en sus recortes, que la intensidad... Silencio,
ida, serio el semblante. Y la desembocadura en soleá
apolá.
La luz blanquecina, como neblinosa, anuncia a Fernando Romero.
Ceñido a la línea delantera, se pierde en series
de giros a palo seco. Un capricho con cara de rondeña.
El bailaor astigitano condujo a su alter ego femenino por
la tabla, el atrás allá en semicírculo.
La vanguardia, la curva, la elegancia, el tocar la tierra
sin asustarla. Él, máquina de precisión.
Ella, introvertida sierpe. Serenoke. El ciclo acaba en un
jadeo. Sigilosa, técnica, silenciosa, mariposa, coqueta,
música... Marianao. Santiguada en la penumbra, nuevo
el vestido, se incorpora a una bella estampa de claroscuros
en el que el chelo, los pies, Fernando, lo sensible, lo recio...
Y los dos cantaores doblándose por martinetes que recogen
al hombre cuando la tensión inquieta y el vello pincha.
Y ella que se ensueña en soledad, el rectángulo
de luz siguiéndole la intención... y el suspiro.
El estremecimiento colectivo duró unas décimas
de segundo. Después vinieron los aplausos a compás.
Y el alma desnuda.

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