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BIENAL DE FLAMENCO DE SEVILLA 2002. TERRITORIO CAMARÓN

Diez años después

Silvia Calado Olivo. Sevilla, 14 de septiembre de 2002
Fotos: Javier Hurtado

Territorio Camarón. Duquende (cante), con Alfredo Lagos a la guitarra. Montse Cortés (cante), con Eduardo Cortés a la guitarra, José Juan al bajo, Juan Cortés al piano, Güito y Salva Cortés al cajón. Remedios Amaya (cante), con Juan Diego a la guitarra, Las Peligro a los coros, Alejandro Amaya a la percusión. Hotel Triana. Sevilla, 14 de septiembre de 2002. 24 horas.

"Va dedicado a la persona más grande que ha habido en el cante flamenco". Remedios Amaya brindaba la faena a Camarón de la Isla, de cuyo territorio es tan natural como Duquende y Montse Cortés. Y otros muchos que no estaban pero que son, pues tomaron el testigo para defender la escuela que, a fuerza de lo inevitable, de garganta y de memoria, continúa viva diez años después.

Sintiendo el homenaje y aprovechando la ventaja de jugar en casa, Remedios Amaya cerró abriendo... jaleados su bravura y su sapiencia de principio a fin. Comenzó serena, sentada y envuelta en Manila por levante. Pero como es trianera -"no podías ser de otro sitio, hija"- viró hacia la fiesta pasando por Extremadura, sabiendo reservarse cartuchos. Camino de la Feria de Zafra. La cantaora, sin el menor pensamiento de defender 'Sonsonete' (EMI, 2002), se descalzó, se levantó, prescindió de microfonía y arremetió por tangos. Juan Diego a la zaga, precioseando a la mínima. Y ella, la guapa, la sabia, la trianera, se remataba los tercios con bravura de cuerpo entero. Y así hasta que llamó a su primo Duquende y a Montse Cortés a la fiesta por bulerías del vivo fuego camaronero.

Desde Cataluña venían ambos a defender, además de escuela, lo transfronterizo del territorio. Duquende calentó en las minas -"más levante que Sabadell, imposible", que dicen- trayendo la inevitable referencia en su eco. Con la guitarra de Alfredo Lagos avivando la llama en picados, contrapicados y recortados, Juan Cortés se dio por bulerías... acordose de aquel que contando sólo nueve años lo subió a un escenario, acompañándolo al toque. Desde dentro y para dentro. Y finalizó con, parafraseando a Chocolate, fandangazos. La subida limpia, el trémolo roto, el fuego lento... "que llores por mi querer".

La vecina Montse Cortés, envuelta en tafetán, traía compañía... no por todos aplaudida. Laúd, piano, cajón, bajo y una mesa para cantar al golpe por soleares dando lecciones de para qué está la garganta. Cantó melosa, comedida, punzante, lista... dejándose recoger por el grupo para rematar. Acordándose, de paso, de Manolo Caracol en la zambra, Salvaora, erizó con silencio y freno, distendiéndose por tangos, saludando a Lole Montoya, que para eso estaba en su tierra. Y entre uno y otro, y por supuesto -también en las bulerías finales-, haciendo suyo atemperada y virtuosa a ese Camarón de la Isla de cuyo deslindado feudo tiene visa.

Y hablando de deslindes... Que la llama camaronera continúa viva -y nada más lejos que en los discos de homenaje por la vía del atropello- venía demostrándose en Sevilla, y en la Bienal, desde hacía rato. El Teatro Lope de Vega había apretado en su escena a casi medio centenar de músicos para acometer 'Ritmo Jondo, de la raíz al siglo XXI', un concierto en el que Camarón obnubiló a un poeta: Lorca, a un pintor: Goya, a un compositor: Surinach, y sometió -a pesar de los loables esfuerzos en contra- a la orquesta, tanto en su faceta clásica como en sus coqueteos con el formato big band, y a la formación flamenca sustentada en el dueto cantaor Rafael de Utrera-Mercedes Cortés y la sonanta de Juan Carlos Romero. Rehacer 'Nana del caballo grande', 'La Tarara' y 'La leyenda del tiempo' tapándose los oídos es tarea imposible.

El envés

Que la reseña de Territorio Camarón sustituya en portada a la de Ritmo Jondo no responde a ningún extraño criterio editorial, sino a puro pragmatismo. Los organizadores del concierto de la Orquesta Les Arts con Juan Carlos Romero, Rafael de Utrera y Mercedes Cortés decidieron, unilateralmente y sin previo aviso, suspender el pase gráfico previo al espectáculo. Y como tampoco hay permiso para que los fotógrafos trabajen durante la actuación, iban a faltar las imágenes. Así pues, con la cámara a otra parte... y gustosamente.

 

revista@flamenco-world.com

 

Más información

Entrevista a Duquende

La web de Camarón en Flamenco-world.com

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