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BIENAL DE FLAMENCO DE SEVILLA
2002. MASS FLAMENCO/CAL Y SAL
'Encá' los Miño
Silvia Calado Olivo. Sevilla, 15 de septiembre de 2002
Fotos: Javier Hurtado
Mass Flamenco. Piano: Pedro Ricardo Miño. Cante:
Enrique Soto Sordera, Pepe de Pura, Emilio Cabello. Bajo: Manuel Nieto. Palmas
y baile: Bobote y Eléctrico. Percusión: Cepillo. Percusión
y efectos: Luis Castillo. Cal y Sal. Baile: Pepa Montes. Guitarra: Ricardo Miño,
Juan María Real, Cristian Cabello. Cante: Enrique Soto Sordera, Pepe de
Pura, Emilio Cabello. Palmas y baile: Bobote y Eléctrico. Percusión:
Cepillo. Percusión y efectos: Luis Castillo, Paco Vega. Teatro Lope de
Vega. Sevilla, 15 de septiembre de 2002. 21 horas.

Flamenco por la mañana, flamenco por la noche, flamenco al mediodía...
En casa de los Miño, encá los Miño, el flamenco es
un miembro más de la familia. El niño Miño, Pedro Ricardo,
gusta de juguetear con un piano de cola. Y aunque se le olvida el reloj y se le
escapan las manos, nunca pierde el referente. Siendo travieso, hace caso de los
mayores. Un señor hindú llamado Raví Shankar, también
dado a jugar a las músicas, le pidió no hace mucho en Estados Unidos,
donde a veces va de excursión, que tocara "Mass flamenco". Y
el niño, obediente, creó un concierto para piano del que sale flamenco
con todas las edades. A Pedro Ricardo le gusta ensimirmarse ante las teclas en
soledad por granaínas, donde se afandanga tomando el cante como eje, o
por farrucas, un estilo que como toda la res jonda le produce tanto respeto como
quienes se atreven con él... por eso se lo dedica a Antonio Gades.
El pianista también quiere compartir sus juegos y llama a otros compañeros
que, armado cada uno con su cachivache sonoro, llegan a casa a recrearse. Como
para recordarse al sabio indio, le dice a Cepillo que traiga la tabla -mas tocada
a lo flamenco- para que le cimiente unas soleares... que el par Bobote y Eléctrico
se encargan de encofrar a palmeo limpio. Y el anfitrión que trina, recorta,
acaricia, sentencia, calla. Y que se corre la voz de la merienda... un bajo y
más cacharrería percusiva, pad incluido. Alegrías,
Bulerías, tanguillos, tangos, rumbas. Y un trío cantaor de oro que
viene de hacer el camino vía Alosno.

Cuando el niño Miño quiere respiro, los padres que llegan con
ganas de bureo. Traen cal que deslumbra, refresca y en la noche azulea, espolvoreada
con bata de cola, con baile de caña. Pepa Montes, veterana mujer de sevillana
acuarela. Ricardo Miño, su marido y padre de la criatura pianista, se camufla
entre la ristra de invitados. Los peregrinos aceptan quedarse... y llenan la estancia
de divino cante, sordera para el que la quiera. Mientras la señora pone
en agua los claveles que han llovido, el padre llama con trato de camarada al
vástago... y anda jaleo, jaleo, que si os acordáis de Ronda. Que
yo te digo, que tú contestas... réplica y contrarréplica.
Y a sal sabe serranía abajo cuando vuelve Pepa, su don comunicador y una
batita de andar por casa ambientando la reunión por alegrías. Salado
y rancio baila con manos de mariposa, barriendo sin ruido, echando redaños
si preciso fuere. Y entrados ya en faena, el ambiente se caldea y se forma la
fiesta encá los Miño que por tangos, que por bulerías.
Baila el padre, baila el par, baila la madre y hasta el hijo que se va pensando
que ya se está haciendo mayor y es hora de ampliar la familia... con un
primer disco.
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El envés
La veteranía alienta la lucidez. Pepa Montes,
que no sabe por demonio, lanzó su reflexión al aire... "La Bienal es un crisol,
un arcoiris, y que cada uno escoja el color que más le guste". Su propuesta era
blanca. Y hubo quien disfrutó de la suma de luces. Apenas el festival ha llegado
a su ecuador, con sólo medio arco trazado, ya ha habido azules, anaranjados, rojos,
negros y hasta grises. Y a casi todos le gustan todos. Es lo que tiene la policromía...
y la falta de criterio.
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