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BIENAL DE FLAMENCO DE SEVILLA
2002. MARIANA PINEDA
Loca de amor, segunda parte
Silvia Calado Olivo. Sevilla, 16 de septiembre de 2002
Fotos: Javier Hurtado
Mariana Pineda. Coreografía y baile: Sara Baras.
Música original y orquestación: Manolo Sanlúcar. Adaptación
de guión, dirección, diseño de iluminación y de escenografía:
Lluis Pasqual. Reparto: Sara Baras es Mariana Pineda. José Serrano es Don
Pedro. Luis Ortega es Pedrosa. Miguel Cañas es Don Fernando. Director musical:
José María Bandera. Guitarristas: José María Bandera
y Mario Montoya. Percusionistas: José Motos, Diego Gómez. Cantaores:
Miguel de la Tolea, Saúl Quirós. Violines: Raúl Márquez,
José Amador Goñi. Viola: Viara Dimitrova. Violoncello: Bistacristova.
Flauta: Mario Pérez. Oboe-corno: Ismael García. Clarinete: Lucas
Moreno. Teatro de la Maestranza. Sevilla, 16 de septiembre de 2002. 21 horas.
"Marianita
salió de paseo y a su encuentro salió un militar". El romance
popular rondaba a Federico García Lorca desde la niñez. Y acabó
dándole forma dramática a la historia de aquella mujer, "mártir
de la libertad, siendo en realidad víctima de su propio corazón
enamorado y enloquecido". Y esa Mariana Pineda, la loca de amor, es la que
encarna Sara Baras en su segundo papel de heroína histórica. De
Juana a Mariana. Y lo hace, de nuevo, a lo grande... por mor de un acuerdo de
promoción suscrito con Turismo Andaluz que tiene como precio la presencia
de quien financia en el escenario compartiendo glorias. Pero ese es otro asunto...
La Mariana Pineda que defiende la bailaora y coreógrafa gaditana, y
que firma el director Lluis Pasqual -quien ya probó con el baile flamenco
y con el de Fuentevaqueros en 'Bernarda Alba' de Antonio Canales-, cuenta con
un envoltorio espectacular: la escenografía, sustentada en una celosía
de geometrías nazaríes que, juego de espejos mediante, divide en
varios planos la escena; la iluminación, que libera, oprime, recoge; y
la música de Manolo Sanlúcar, interpretada por una orquesta en directo
allá suspendida en lo alto, que no sólo engrandece el montaje, sino
que le da hilazón, lo hace fluir sin descanso con recursos entrevistos
en obras magnas del compositor y guitarrista como 'Tauromagia' o 'Locura de brisa
y trino'. Y sin ser flamenco estricto. Sí, se adivinan aires de soleares
o de seguiriyas o de bulerías o de rumba, pero no hay soleares, seguiriyas,
bulerías o rumbas, sino cadencia andaluza...
Dentro
de este privilegiado marco, el baile se desenvuelve sobre terreno firme. Sara
Baras es más brazos y más cuerpo que nunca. Sara Baras se deja llevar
por lo que oye, abusadora de la sedosa falda de triple capa, y por la interpretación,
empalagosa en los momentos del amor y efectiva en pasajes como el ajusticiamiento.
Don Pedro, Pedrosa y Don Fernando salen del paso sin demasiada credibilidad. Y
el cuerpo de baile, monjas y soldados, iglesia y ejército, adorna más
que narra... la legibilidad de la historia es relativa. A subrayar, ciertos momentos
coreográficos como la soleá grupal apenas esbozada mientras el cante
se incorpora a la escena. A echar en falta, una Mariana Pineda más comprometida:
a pesar del amor, la bandera republicana llevó a la que aquí se
apunta como falsa mártir de la libertad al garrote cuando en Cádiz
se proclama la primera Constitución liberal española. La Pepa, 1812.
Y en esta revisión de la heroína el rojo, el gualda y el morado
se funden en un gaseoso paño rosa fucsia de liberadora muerte por amor.
La acogida del estreno fue apoteósica. La ovación hizo temblar
los cimientos del teatro al cierre de la obra, tras el fin de fiesta preparado
-con salida de la protagonista al foso de la sinfónica, como meses atrás
en el Teatro Real de Madrid-, y tras el fin de fiesta improvisado... memorable
estampa la de Manolo Sanlúcar recogiendo a la niña de San Fernando
por bulerías.
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