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BIENAL DE FLAMENCO DE SEVILLA
2002. MÁS ALLÁ DEL TIEMPO
Ese extraño ser de riguroso negro
Silvia Calado Olivo. Sevilla, 17 de septiembre de 2002
Fotos: Javier Hurtado
Más allá del tiempo. Dirección artística:
Andrés Marín. Dirección musical: Andrés Marín,
Juan Requena, Antonio Suárez Canito. Baile: Andrés Marín,
Mercedes Ruiz, Adela Campallo. Cante: Pepe de Pura, Londro, Encarna Anillo. Guitarra:
Canito, Juan Requena. Contrabajo: Juanmi Guzmán. Clarinete: Javier Trigos.
Acordeón: Rafael Álvarez. Percusión: Antonio Coronel. Viola:
Alejandro Garrido. Diseño de iluminación: Dominique You. Teatro
Lope de Vega. Sevilla, 17 de septiembre de 2002. 23 horas.
Con el telón aún cerrado, seamos ese Enrique el Mellizo que se
paraba a oír los cantos litúrgicos para después templarlos
por malagueñas. Andrés Marín emula al matarife gaditano,
loco por sentir también el paralelismo con su particular modo de entender
el baile. Postural, anguloso, sin prisas. Y tal cual desaparece en lo oscuro.
Sin salir del territorio, la compañía menos él se distiende
por verdiales. Contrabajo pizzicato, palmas, cajón, Encarna Anillo al cante,
Londro al cante (ole por la medida), Adela Campallo y Mercedes Ruiz al baile,
por cierto, las dos mujeres que concurren a la final del concurso de jóvenes
intérpretes. Prefinal compartiendo en vez de compitiendo. El paso a dos
sin tacha en lo individual, pero sin sustancia en lo coreográfico, diríase
que hasta un poco démodé. Mientras ellas se apagan, él
emerge de la penumbra (tan estética y tan martirio de los reporteros gráficos).
Soleá por bulerías. Guitarra, viola, cante. Y cada nota dibuja,
suelta la pincelada, suelto el movimiento. Ese extraño ser de riguroso
negro es también la música. Corta, frena, rasga. Mínimo en
elementos, parco hasta desquiciar e innegablemente conocedor del fondo... que
asoma cuando asoma. Rotundo y preciso en los pies, impecablemente técnico,
más músico que tantos, vacilón, asonante, abstracto.

Andrés Marín
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Adela Campallo y Mercedes Ruiz
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Un inciso. Una saeta. Un inciso. 'Elegía' de Stravinsky sobre fondo
metálico... y Andrés Marín en procesión con mantón
de Manila (¿?). Todo parece a punto de morir. El mantón que queda
en el suelo viene a recogerlo por peteneras y semibata de cola Mercedes Ruiz.
Un nuevo corte a la línea argumental de Marín. Canta la mujer -pareciéndose
sospechosamente a Estrella Morente- baila la jerezana luciendo mujerío,
light, no más. El zamarreo vuelve con él... por seguiriyas. La postura
congelada, el hombre austero que se va desprendiendo de más y más
movimientos. Y levanta el jaleo y hasta la sonrisa... porque sabe dar coba y sabe.
Y también levanta el desprecio porque es demasiado personal para ser digestivo
o quién sabe por qué motivos. Con nostalgia, 'Más allá
del tiempo' va tocando a su fin. Lo hace por tientos que derivan en tangos. Primero,
el dúo femenino. Después, ellas y Andrés Marín. Y
es reseñable cómo resuelve los tangos, un estilo siempre atragantable
para, como sostiene Manolo Marín (que no es su padre), el bailaor joven.
Lejos de la curva, la cadera, el amaneramiento, hace los tangos metálicos,
agudos, punzantes, con su manifiesta economía de recursos, con sus golpecitos
de efecto, con su personalidad... esa que, contra pronóstico, fue mayoritariamente
entendida, tanto que hubo de responder con un bis por bulerías... a lo
Andrés Marín.
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El envés
Que el espectáculo del bailaor sevillano concluyera
como concluyó fue milagroso. Era casi la una de la madrugada cuando el Teatro
Lope de Vega se fue a dormir y quienes salían por sus puertas llevaban allí desde
las nueve de la noche. A la organización del festival se le ocurrió la feliz idea
de programar un extraño 2x1: final del concurso de toque (a la que concurrieron
Niño Seve, Eduardo Trasierra, Miguel A. Moral y Daniel Méndez) y el espectáculo
de Andrés Marín. Como si el bailaor sevillano no mereciera espacio propio para
mostrar su propuesta... por marciana que sea o por estrenado que estuviera su
primer montaje con compañía propia.
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