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BIENAL DE FLAMENCO DE SEVILLA 2002. ALQUIMIA

Música para la larga vida

Silvia Calado Olivo. Sevilla, 18 de septiembre de 2002
Fotos: Javier Hurtado

Alquimia. Guitarra solista y dirección musical: José Antonio Rodríguez. Segunda guitarra: Juan María Real. Cante: Rafael de Utrera. Bajo, chelo y teclados: Ángel Morilla. Percusión: Agustín Henke, Antonio Coronel. Teatro Alameda. Sevilla, 18 de septiembre de 2002. 24 horas.

"De modo que, al saber que había la posibilidad de conseguir un líquido capaz de prolongar por muchos años mi existencia, decidí dedicarme en cuerpo y alma a su obtención" (Paulo Coelho, 'El Alquimista')

José Antonio Rodríguez también asume el rol de alquimista. El guitarrista cordobés busca "la esencia misma de la música" para encontrar el disfrute y, quizás por ende, el elixir de la larga vida. Compartiendo su piedra filosofal y, de paso, sacándose la espinita de la "mutilación" de la obra encargada por la Compañía Andaluza de Danza para 'La Leyenda' (leer reseña) -montaje del que sólo ha avanzado veinte minutos-, tomó con todas sus armas el Teatro Alameda a eso de la medianoche.


José Antonio Rodríguez

El alquimista traía compañeros de viaje, junto a los que se proponía apoyarse en "los instrumentos y sonidos de nuestra época". Un teclado, un chelo, un bajo (tríada instrumental a cargo de un mismo hombre orquesta), un pandero, un cajón, un djembé... y una segunda guitarra y un cante. Iba a adaptar sus ideas a esta formación que tilda de "equilibrada", estrenando con ellos algunos de los nuevos temas que ya están quedando plasmados en estudio. José Antonio Rodríguez se confirma en esta faceta como un compositor genial, con seso pero no sesudo, ávido de frescura y de dinámica. Emociona, engancha, interesa, divierte, sorprende... y da, sin quererlo, lecciones de cómo crear piezas redondas con su entrada, su motivo recurrente, sus despegues y rasantes, su hilazón, y su medida: nada aturde ni empacha por exceso. Las percusiones modestas, respetan sus huecos, mientras, base; los teclados se ciñen al ambient; la segunda guitarra mantiene contacto con tierra; el cante... cante. Rafael de Utrera da pinceladas de garganta a fuego lento, quemando a ratos camino de herrería, buscando a María la Portuguesa. Soleá, jaleos, Paisaje, bulerías, rumba...

El alquimista también necesita sus ratos de soledad. Se pone introspectivo y saca de sí sonidos íntimos, recogidos pero igualmente compartibles. Certero, líquido, virtuoso, liante, una pizca rockero. Cavernosa la taranta, preciosista la farruca, de oreja y rabo el zapateado. De la piedra filosofal manando vida... y Tomate en pie aplaudiendo.

revista@flamenco-world.com

 

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