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BIENAL DE FLAMENCO DE SEVILLA
2002. ¡AY, CARACOL!
Trascender la 'imitatio'
Silvia Calado Olivo. Sevilla, 19 de septiembre de 2002
Fotos: Javier Hurtado
¡Ay, Caracol! Cante: El Pele. Guitarra: Manuel
Silveria. Baile: Inmaculada Aguilar. Cante para baile: El Boquerón,
Manolo Cortés. Guitarras para baile: Manolo Flores. Ramón Rodríguez,
Niño Seve. Piano: Alberto de Paz. Palmas: José el Pipa. Cajón:
Güito. Teatro Alameda. Sevilla, 19 de septiembre de 2002. 24 horas.
De Sevilla a Córdoba. De Córdoba a Sevilla. De Manolo Caracol
a El Pele... camino de ida y vuelta con parada en la Alameda de Hércules,
cerquita de la calle Lumbreras, donde Dolores Juárez, biznieta de El Planeta,
alumbró a otro cantaor para la historia: "Yo cuando canto no me acuerdo
ni de Jerez, ni de Cádiz, ni de Triana; ni me acuerdo de nadie. Yo intento
hacer los cantes a media voz, que es como duelen. Esa es la hondura. Porque el
cante no es ni de gritos ni pa sordos. El cante hay que hacerlo caricia honda,
pellizco chico". Pero ese era Manolo Caracol. Quienes siguen su estela han
de recurrir, por necesidad, a la mímesis. Otra cosa es cómo se lleve
a cabo la operación.

El Pele y Manuel Silveria
El Pele va en cabeza siguiendo la estela, queriendo combinar la fidelidad al
legado del maestro con su propio tamiz interpretativo... y sensible. Visto a través
del cantaor cordobés, Caracol se muestra compungido, tembloroso, infinito,
sumergido... caracolero. A veces, pocas, le falta sala para que quepa su escalofriante
gemido de potente y limpia subida. Otras, es tan fiel a la referencia que congela:
la zambra teatralizada al piano (pero Inmaculada Aguilar no es Lola Flores, ni
querrá serlo). "Cómo me duele el alma, señores".
Y por soleares; y por seguiriyas -temblándole las piernas- y rematando
con unos irreconocibles días señalaítos de Santiago; y por
malagueñas, el iiiii ajeno al tiempo; y por alegrías, que
los astronautas de Isidro Sanlúcar; y por bulerías, meciendo el
compás. Lástima de mácula percusiva. Suerte de mejor guitarra.
"¡Ole tu boca!" le grita el abarrotado teatro antaño fabril.
Y, entre todo y la zambra, un coitus interrumptus. La bailaora paisana
sacó un mediocre grupo propio para secundarla en dos bailes: el de la seguiriya
y el de la caña, con un intermedio de Niño Seve, finalista pero
no ganador del concurso. ¿Cómo se puede cantar por seguiriyas después
de cómo las dolió El Pele? Fuera como fuese, Inmaculada Aguilar,
sin tacha técnica, se empeñó en dejar indiferente al respetable.
Ni hizo la bata de cola suya, ni tampoco la música... y menos al público.

Inmaculada Aguilar
revista@flamenco-world.com
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