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BIENAL DE FLAMENCO DE SEVILLA
2002. MEDEA
Vacuna antiestrenitis
Silvia Calado Olivo. Sevilla, 2 de octubre de 2002
Fotos: Javier Hurtado
Medea. Manolo Sanlúcar: música, orquestación
y guitarra solista. Santiago Lara: segunda guitarra. Tino di Geraldo y Antonio
Coronel: percusión flamenca. Orquesta Filarmónica de Málaga
bajo la dirección de Leo Brower. Teatro de la Maestranza. Sevilla, 2 de
octubre de 2002. 21 horas.
La recuperación de repertorio es una práctica poco habitual en
flamenco y, menos aún, en un festival como la Bienal, dado a primar lo
inédito sobre otros criterios. De ahí lo grato de topar en el cartel
con 'Medea', una obra concebida por Manolo Sanlúcar para el Ballet Nacional
de España, que fue estrenada en 1984 con la Orquesta Sinfónica de
Madrid y la bailaora Manuela Vargas. La obra, que marcó un antes y un después,
sella a fuego en la guitarra del sanluqueño la búsqueda del flamenco
sinfónico y de las entrañas de la música andaluza.
Arropado por la Orquesta Sinfónica de Málaga, bajo la batuta
de Leo Brower, Manolo Sanlúcar vino a plantear desde el estrado del Teatro
de la Maestranza la intemporalidad de las grandes composiciones... entre otras
lecciones. La guitarra es 'Medea', la que pena, la que conspira, la que rabia
de celos, la que seduce, la que engaña, la rechazada, la que se venga.
La guitarra no cuenta el mito, la guitarra es el mito. Por eso, como Medea, es
ahogada por el fragor de fiesta... y no se oye apenas su lamento. Por eso, como
Medea, explota en ira... y es cuando el bordón echa fuego. Por eso, como
Medea, llora desmayada en agudo lamento. Por eso...

Manolo Sanlúcar
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Manolo Sanlúcar
y la Orquesta Sinfónica de Málaga
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¿Y el flamenco? La versión sinfónica del mito creada por
Sanlúcar tira más de lo andaluz -en línea con la composición
para la Mariana Pineda de Sara Baras-, que de lo estrictamente flamenco. Lo de
menos es el reconocimiento del tango o de la bulería o de la taranta, lo
de más es la coherencia de la composición, el entendimiento del
individuo guitarra flamenca con el grupo filarmónico. Manolo Sanlúcar,
tan cerebral como impulsivo, no pudo evitar darse a la codirección junto
al director cubano... se le iban las manos, las palabras, la mirada.
El "último grito de dolor antes de la marcha triunfal", cuando
"la venganza ha sido culminada, pero siendo la vengadora su mayor víctima",
deja suficientemente encogido el pecho y saciado el gusto para prolongar. Ni hace
falta mirar el reloj, ni justificaciones fuera de guión, pero... Con un
improvisado quitar de atriles a plena luz, Manolo Sanlúcar hizo bajar a
Tino di Geraldo -mención para uno de los pocos que salvan al instrumento
del aporreamiento- de entre las percusiones y llamó a Carmen Grilo para
acometer varios cortes de 'Locura de brisa y trino'. Lorca y Carmen Linares transparentados.
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