|
BIENAL DE FLAMENCO DE SEVILLA 2002. DUENDE
Prohibido invocarlo
Silvia Calado Olivo. Sevilla, 6 de septiembre
de 2002
Fotos: Javier Hurtado
Duende. Cante: Pepe de Lucía,
con Niño Josele a la guitarra. Pansequito, con
Diego Amaya a la guitarra. Aurora Vargas, con Diego
Amaya a la guitarra. Baile: José Joaquín.
Reales Alcázares de Sevilla, 6 de septiembre de 2002.
21 horas.
Dicen que el duende es esa especie espíritu burlón
del flamenco que aparece inesperadamente cuando el arte aspira
a lo sublime. O algo así. Pero como espíritu
y como inesperado, aparece sin ser llamado. (Y eso para quien
crea en espectros). Anoche se presumió que el duende
iba a estar en el Patio de la Montería... y el duende
rechazó la invitación.
Se desganó ya de entrada cuando José Joaquín
hizo aparición con traje de corto morado. El bailaor
sevillano, que no aparecía en la Bienal desde que en
1998 presentara el kistch 'Sansueña', vino bailando
soleares engarzadas con seguiriyas. Y todo se resumió
a una combinación de esforzadas subidas y prolongados
silencios, en los que el teatro ahogaba hasta el tino. Un
atrás de cinco miembros, con dos cajones, un cante,
una guitarra y palmas, respaldaba al hermano de Niño
de Pura.

Jose Joaquín
|

Pansequito
|
Pansequito, el de La Línea, traía aires salineros.
Comenzó por alegrías, remolcado por los airosos
recortes de Diego Amaya. El cante compacto, sin fisuras, parco
de brillo. Acometió la soleá cauto ante la estridente
frialdad... y se quitó la chaqueta para cerrar por
bulerías con compasito pseudojerezano en la retaguardia:
Chícharo, Gregorio, Eléctrico... Con cicerones
de esta calaña, y tirando de garganta, dio sabor a
su clásica propuesta. "Una fiesta se hace con
tres personas, uno canta, otro baila y el otro toca".
Cantó a Curro Romero, a Sevilla, salió de micro...
pero el duende, tampoco. El público, cierto, aplaudió
en pie.
Que se declarase contento y temeroso, poca gracia hizo al
espíritu, a pesar de la sinceridad. Pepe de Lucía
debía abandonar el rumbo tomado en sus últimos
trabajos, el de la canción ligera aflamencada, y sentarse
a cantar... y de eso sabe. Se trajo a Niño Josele y
buenos propósitos, que quiso plasmar por tangos, seguiriyas
y bulerías. Lo físico, lo por encima de las
posibilidades y el anunciado temor fueron las cartas que jugaron
en su contra. Ni la garganta estaba para mucho, ni había
por qué extralimitarse, ni pisaba sobre terreno firme...
¡ni el tocaor almeriense desarmó la cejilla!
Pepe de Lucía, curtido en mil batallas con su hermano
Paco y sin él, tan sólo pudo defender autoría
y repertorio. Dramático.

Pepe de Lucía
|

Aurora Vargas
|
Nadie estaba ya para apariciones... aunque la tentación
era fuerte. Aurora Vargas calentó pronto, con el mismo
atrás que su marido, en el cantiñeo inicial.
Tirititrán, titirimundi, fanfarrones, relicario...
el muestrario completo. Aunque ya se revolvía en la
silla, tuvo que domarse en los tientos, por los que entró
a cuchillo, compitiendo incluso con las campanas de la torre
mora. Y logró transmitir. Irradia fuego, ella, poderosa,
cuando se le mece la garganta tanguera. Envalentonada, recorrió
en pie la tabla, de lado a lado, quejándose por fandangos,
que mira que la acusan de festera... Pues toma bulerías.
Con Jerez en el lomo, se creció dando aire a su traje
aguamarina, poderosa mujer que se basta y se sobra. Pero los
conjuros con él no funcionan...
|
El envés
Reza en el programa
de mano lo siguiente: Iluminación U.M.T.U. ¿Iluminación?
Tras cuatro días de afrentas a los muros de la imponente
fachada del Patio de la Montería y a los artistas, claro,
por fin anoche alguien tuvo la lucidez (o la petición
de los reporteros gráficos) de estarse quieto con las
lucecitas. Rumores había por Sevilla de que aquello
"parecía una discoteca". Y razón tenían. Rojo, verde,
azul, amarillo... sin piedad. Las luces en contra de
los fotógrafos (limitados al lateral derecho) y, por
ende, de los artistas.
|
| |
revista@flamenco-world.com
|