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BIENAL DE FLAMENCO DE SEVILLA 2002. SUR

Magnificencia palaciega... de cola

Silvia Calado Olivo. Sevilla, 7 de septiembre de 2002
Fotos: Javier Hurtado

Sur. Piano: David Peña, Dorantes. Cante (artista invitada): Esperanza Fernández. Saxo, flauta y midi: Nacho Gil. Batería, tabla: Tino di Geraldo. Bajo: Manolo Nieto. Percusión: Álvaro Garrido. Cajón: Tete Peña. Palmas: Vicente Peña, Juan Grande. Orquesta de Cámara Sur, coordinada y dirigida por Rafael Fernández. Reales Alcázares de Sevilla, 7 de septiembre de 2002. 21 horas.

Violines, un chelo, un corno inglés, un contrabajo, una tuba, un pandero, una batería, un udu, una tabla... un piano de cola. El palacio abadí miraba complacido el reguero de instrumentos abigarrados en la efímera palestra, demandante de otros aires, tras veladas de reinado guitarrero. David Peña, Dorantes, con orquesta de cámara e invitados varios, traía música, composiciones, creaciones... y un manifiesto promulgado vía voz de Esperanza Fernández: "Los árboles se hacen viejos, si está sana su raíz".

Tras un prefacio libre "en aires de rondeña" con volador tecleo y golpes en las cuerdas, el vástago Pinini segmentó el concierto de presentación de 'Sur', su segundo disco, en dos partes en función de su relación con el flamenco. De más a menos... aunque lo de menos fuera la referencia, el reconocimiento, el ceñirse a estructuras. La soledad del pianista se rompió con el ala percusiva y un bajo eléctrico. 'La danza de las sombras', tanguillos, coqueteaba con lo étnico, lo contemporáneo, lo clásico, lo flamenco. Diálogos, silencios, fluidez. Lástima que al técnico de sonido se le pasara por alto la tabla y quien con tanto tino la tocaba.

Hasta Alcalá se fue Dorantes a traer de la mano a Esperanza Fernández, en estado de buena idem. Por soleares, las mismas que en el disco de la cantaora ('Esperanza Fernández', BMG, 2001) le toca su primo, desplegó su garganta -ayer, de cantante aterciopelada, crisol de registros- sobre su mantón de oro viejo. 'En el compás de su sangre', esa que les emparenta en el corazón del triángulo dorado. El piano pasa a segundo plano, respetuoso acompañante. Honores para la invitada. Escalofríos para el respetable.

Una estremecedora historia de amor, la de la paciente Ana. Una estremecedora voz, la de la esperante Esperanza, que hizo romper en palmas el Patio de la Montería. 'Di, di, Ana'. Delicadeza en la voz, en el piano, en el pandero, en el escobilleo de la batería. El canto-cante con gusto, con clase... Las campanas de la Giralda toman el relevo. Ovación. 'A ritmo de berza', a ritmo de bulerías, se consuela el penar de Ana. Piano, palmas, tenso, intenso, vivo. Jaleos para Dorantes. Ole, ole.

Y ahora la otra parte. Con 'Barrio latino' vienen imágenes de la Calle 54, de Bebo... Y de latin jazz band, no por todos entendida. El cajón sobraba, sobró toda la noche, ignorante de musicalidad, de equipo, de matices: zafias manos sueltas. Media orquesta se une a la fiesta para acometer una de las grandes composiciones de Dorantes: 'Sur'. Si se cerraban los ojos, la fachada mudéjar se convertía en gigante cinemascope, la panorámica aérea, caballos al galope... BSO de peliculón. Los crescendos tensos, los violines haciendo corpórea la aventura (a pesar de la estrechez del sonido), las escobillas salpicando. Cénit. El palacio se rinde a sus pies. 'Batir de alas', tema que el pianista dedica en el disco a su madre, derrama romanticismo y delicadeza, tacto sedoso, vuelo transparente que mana de chelo y contrabajo.

Dorantes ya pensó que debía una explicación ante tamaña borrachera de placer sensorial. 'Caravana de los zincalí' "cuenta cuando las caravanas de los gitanos entraron en el sur de España..." y dedicó el éxodo a su hijo. Envuelta en el mismo efecto cinematográfico de 'Sur' y los crecidos vientos, la cantaora aportó una suave pinceladita seguiriyera. Compacto, sabroso, hecho. Las palabras se le tropiezan a Dorantes en la boca... no abarca a creérselo. "Siéntate otra vez". Y entonces tocó 'Orobroy', el pensamiento, la composición primigenia. Y tuvo que poner guinda: 'Semblanza de un río', "que ha arreglado para orquesta de cámara mi amigo Rafael". El piano que canta por bulerías. La magnificencia, la redondez... la dignidad palaciega. Genuflexión.

El envés

Las limitaciones técnicas vuelven a este impertinente recuadro. El equipo casi alcanzaba para una guitarra y un cante, pero quedaba mínimo para el despliegue orquestal de Dorantes. Filigranas hubo de hacer el técnico para sacar rendimiento a un equipo propio de caseta municipal.

 

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