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BIENAL DE FLAMENCO DE SEVILLA 2002. DIME

Reír, atemorizar... todo menos aburrir

Silvia Calado Olivo. Sevilla, 9 de septiembre de 2002
Fotos: Javier Hurtado

Dime. Baile y coreografía: Javier Barón. Artista invitado: Diego Carrasco. Cante: Juan José Amador. Guitarra: Diego Carrasco, Javier Patino. Percusión: Manuel Soler. Recitador: José Luis Ortiz Nuevo. Participación especial: componente del Coro de la Presentación de Granada. Música: Javier Patino, Juan José Amador. Dirección de escena: Pepa Gamboa y Belén Candil. Dirección musical: Faustino Núñez. Teatro Central. Sevilla, 9 de septiembre de 2002. 21 horas.

"El arte siempre debe hacer reír un poco y atemorizar un tanto. Todo lo que sea, pero sin aburrir. El arte no tiene el derecho de aburrir". Con permiso, recurrimos a este pensamiento del pintor Jean Dubuffet para sintetizar lo que 'Dime', como prefiere quien financia, o 'Cielo de verano', como prefiere quien crea, consigue transmitir desde una estival y cotidiana Huerta de San Vicente en la que Federico García Lorca se avergüenza de, con la edad que tiene, hacer tantas tonterías...

La obra de Javier Barón atemoriza por el funambulismo, por la muerte... pero igual que amedrenta, hace reír. Una imagen: la soga de ahorcado se convierte en columpio. Y todos juegan a ser Lorca. Un Lorca que baila. Un Lorca que declama. Un Lorca titiritero. Un Lorca niño. Un Lorca que canta. Un Lorca que danza como una vieja barrigona. Un Lorca que rasguea la guitarra. Un Lorca que se viste de cura. Un Lorca que se viste de muerto... con el traje alcanforado, con los odiosos zapatos nuevos. Y por eso, puede que por eso, cuando el poeta baila descalzo juega a que está muerto, muerto pero vivo... y jugando.

El árbol (mitad cartón piedra, mitad vídeo), el columpio-soga, la tinaja, la cuerda de funambulista y la silla componen la daliniana huerta de la que primero sólo se presenta un primer plano en el que, a la sombra de la horca, Federico es volatinero. Viene luego el recitador por mor de José Luis Ortiz Nuevo con su teatro de la muerte, con su teatro del absurdo. Y tras él, el niño-ángel que trina manzanas, pecados. Cuando Javier Barón vuelve para bailar por soleares, Manuel Soler hace latir una tinajita de barro, haciéndole sonar el corazón sobre el que danza. Y lo hace con exquisitez, pues es hombre de paladar fino.

Juan José Amador canta de espaldas, desde detrás del árbol, la guitarra chorrea, Ortiz Nuevo declama... la muerte y el estío... Soler dialoga al cajón con los pies de Barón, próximos a ser descalzados y a danzarle desnudos al recitador que corre la cortina, que sombras chinescas por bulerías, que la chicharra, que Diego Carrasco. "Hoy no es el día de la bulería... estoy cansao del compromiso de la juerga, yo quiero estar solito, solito con mis poemas". La jarana se torna cuita, la bulería se disfraza de taranto para escaparse, un ratito después, transformada en tangos. Y el exquisito hizo del baile poema, sabiendo, sintiendo, siendo. El transistor trae fandanguerío pueblerino... y es ese Lorca y ese otro y también aquel la desdentada celestina que menea las enaguas. Desde dentro de la tinaja, Soler transforma en duendes sus manos. Desde fuera de la tinaja, Carrasco recita por bulerías. Quien canta, baila; quien baila, toca; quien toca, canta. Todos se meten en la cueva de barro cocido para salir "un poquito más serios". Alegrías para llorar que se cantan, que se dicen, que se recitan, que se dibujan, que se mascan... y el verso, y el grito, y el compás, y la música, y el sentimiento, y el juego, y la vida, y el baile, ¡y la muerte! Trantrán trabilitrán trantero. "Y hago tantas tonterías, que hasta yo mismo me avergüenzo de la edad que tengo".

El envés

Estrenitis aguda. 'Cielo de verano' o 'Dime' es una de las tantas obras de las que pende, en la XII Bienal de Flamenco de Sevilla, la etiqueta de estreno absoluto. Y, como va a ocurrir tantas y tantas veces, el marchamo no es exacto. La interpretación que Javier Barón hace de la obra lorquiana ya fue vista en Granada, cierto que en versión reducida y con el elenco acompañante incompleto. Cierto es que, realmente, habrá estrenos, pero tan cierto que seguirá habiendo pretenciosas inexactitudes. "Tomatito en concierto. Estreno absoluto". Dícese del mal que padece quien cree que cada día es domingo de ramos.

 

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