|
COMPAÑÍA
COLLARES. ‘LA MUJER Y EL PELELE’.
XIII BIENAL DE FLAMENCO DE SEVILLA 2004
La bailaora fatal
Silvia Calado. Sevilla, 2 de octubre de
2004
Photos: Daniel Muñoz
‘La mujer y el pelele’. Compañía
Collares. Dirección: Pepa Gamboa. Conchita: Isabel
Bayón. Don Mateo: Juan Motilla. Artista invitado:
Tomasito. Ciego: Juan José Amador. Guitarras flamencas:
Jesús Torres, Paco Arriaga. Cantaores: Juan José
Amador, Miguel Ortega. Percusión: Juan Ruiz. Dramaturgia
y romances: Antonio Álamo. Diseño iluminación:
Sergio Spinelli. Diseño escenografía: Antonio
Marín. Diseño vestuario: Fernando García.
Coreografía: Isabel Bayón. Teatro Central. Sevilla,
2 de octubre de 2004. 21 horas. XIII Bienal de Flamenco de
Sevilla 2004.
Seductora, cruel, sensual, malvada... La mujer fatal no hace
concesiones. Como el contrapunto de la ‘Carmen’
de Merimée, la ‘Conchita Pérez’
de Pierre Louÿs no haya límites en provocar el
sufrimiento del hombre, el pelele, Don Mateo... que acata
el manteo perdido entre el deseo, los celos y el sufrimiento.
El mítico melodrama, que en la historia del cine ha
sido protagonizado hasta por Marlene Dietrich y Brigitte Bardot,
llega ahora a los escenarios fundiendo teatro y flamenco,
por obra de la directora Pepa Gamboa y con dramaturgia de
Antonio Álamo, entente ya probada en anteriores trabajos.
Y no es una receta más de coctelería, sino un
entendimiento prácticamente natural propiciado por
que en la novela la protagonista sea bailaora de tablao.
| |
Isabel Bayón |
| |
|
Conchita Pérez está encarnada por Isabel Bayón
que, además, se tira al ruedo de la interpretación
y hasta del cante en medidas pinceladitas que apoyan al personaje.
La narrativa de la novela queda sintetizada y aplanada en
el monólogo irónico del actor Juan Motilla,
que conduce el desarrollo de la obra contando su historia,
imaginando, recordando, soñando... y faltando una y
otra vez al juramento: “Desde hoy hasta el día
de mi muerte, no se me volverá a ver con mujer alguna.
Ni detrás de ella ni delante, ni encima ni abajo”.
Las escenas que cuenta, que imagina, que recuerda, que sueña...
cobran vida en el escenario, principalmente, en forma de números
de baile que acomete en solitario la artista sevillana. Baila
una bambera para mostrarse niña, baila un polo para
la confesión, baila magistralmente por seguiriyas para
la pena del pelele, baila por sevillanas con bata de cola
y castañuelas para el tablao, baila por tangos en paños
menores para el diabólico sueño, baila por tanguillos
para la fiesta del gorrón. Y todo con la sensualidad,
la calidad, el conocimiento y la entereza de esta bailaora
que es pieza clave de la generación actual, como ya
ha demostrado en trabajos propios como ‘Del
alma’. La bailaora fatal mantea al público,
como Conchita a su amante.
Mejor arropada no puede estar. Tiene al cante a Juan
José Amador quien, además, hace de juglar
ciego, actuando, tocánose la guitarra y recitando los
romances que apoyan la narración. Como ya demostró
en ‘Dime’ de Javier Barón, también
dirigido por Pepa Gamboa, es un genial artista polifacético,
cuyo quejío abruma. Tiene al cante, al baile y a la
interpretación a Tomasito,
que borda el papel sin traicionarse a sí mismo, bulería
del ‘torrotrón’ y ‘niño robot’
incluidos. Tiene a la guitarra a Jesús Torres y a Paco
Arriaga, que no sólo solucionan sino que agregan un
interesante componente creativo a la música. Y tiene
otro cante, el de Miguel Ortega; y el cajón de Juan
Ruiz. El movimiento de los músicos por la escena, las
entradas, salidas y distintas disposiciones que adoptan están
resueltos con talento, quedando perfectamente integrados en
el hilo narrativo. Por cierto que el diseño de la escenografía
-con un suelo de dibujo antiguo, una mesa puesta para el desayuno
y sillas de enea- y la iluminación -con focos a la
vista- aportan luz a un panorama escénico que en flamenco
está siendo más que lúgubre.

Isabel Bayón y Tomasito
Aún hay más. La obra consigue hacer magia.
La parte ‘niña’ de la mujer fatal es un
juego con la realidad y la propia biografía de Isabel
Bayón en forma de audiovisual. Resulta que en 1978
un equipo japonés rodó en ‘super 8’
un documental con motivo del año internacional del
niño, en el que retrataban a niños que hacían
algo excepcional. Y una de las protagonistas fue la bailaora
sevillana, de quien se ven imágenes cotidianas, del
colegio, de los juegos infantiles... y del baile que ya entonces
ejercía como profesional. Una joya. Para engarzar pasado
y presente, realidad y ficción, pantalla y escenario,
los bailes de la niña son replicados en escena, con
escalofriante resultado, especialmente, en el tanguillo que
Chano
Lobato le cantaba en aquella actuación de Cádiz
hace veintiséis años. Los aplausos de entonces
cobraron vida anoche.
revista@flamenco-world.com
|