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ANTONIO EL PIPA.
‘PASIÓN Y LEY’.
XIII BIENAL DE FLAMENCO DE SEVILLA 2004
Querer y tener
Silvia Calado. Sevilla, 4 de octubre de
2004
Fotos: Daniel Muñoz
‘Pasión y Ley’. El
escultor: Antonio
el Pipa (baile y coreografía). La pasión:
Lola Greco (artista invitada, baile y coreografía).
La ley: María José Franco (baile). La tradición:
Juana la del Pipa, Enrique el Extremeño (cante). Los
trabajadores: Manuel Tañé, Pascual de Lorca,
Juan Moneo. Músicos: Alexis Lefèvre (violín),
Nacho Gil (saxo y clarinete turco), Luis de Periquín
(percusión), Felipa del Moreno (cante), Joaquín
Flores (palmas). Guión: Luis Olmo. Dirección
escénica: Paco Tous. Música original: Dorantes.
Teatro Lope de Vega. Sevilla, 4 de octubre de 2004. 21 horas.
XIII Bienal de Flamenco de Sevilla 2004
Coincidiendo con el lanzamiento del DVD de ‘Pasión
y ley’, Antonio el Pipa presenta este su último
espectáculo en la Bienal de Flamenco de Sevilla 2004.
Con alguna variación respecto al estreno el pasado
febrero en la inauguración del Festival de Jerez 2004,
la obra fue acogida con entusiasmo por el público que
agotó las localidades del Lope de Vega. Entusiasmó,
ante todo, el baile de los tres protagonistas en esta obra
cuyo argumento es el debate del artista entre el deseo y la
obligación, entre la pasión y la ley.

Antonio el Pipa encandiló con ese estilo tan suyo
y, a la vez, tan flamenco que tiene por bazas la estampa,
el pellizco, el uso de manos y caderas, y ese fluido entendimiento
con la audiencia. María José Franco avanza en
la solvencia de su ejecución, apoyada en la curva del
cuerpo, el empleo de brazos y la finura del conjunto. Lola
Greco pertenece a otra dimensión, bailarina etérea
que, además, se cree el papel que interpreta. Y es
quizás sea el rol más definido de la obra. La
dramaturgia, en general, resulta algo ‘naïf’
aunque acaba difuminada entre baile, cante y música.
Precisamente, es la música compuesta por Dorantes
el elemento que salva la unidad del guión, que a veces
queda en yuxtaposición de números flamencos.
Por cierto que el público reaccionó más
que positivamente ante aquéllos más mínimos
compuestos apenas de cante, baile y compás.
Como estampa a recordar queda, así, la soleá
que Enrique
el Extremeño le canta en pie a Antonio el Pipa,
desembocando en la bulería que ya es clara seña
de identidad del bailaor jerezano. También merece ser
destacado el paso a dos por farruca del ‘escultor’
y ‘la ley’, así como el paso a tres con
la hija de José Greco. La bailarina derrochó
sabiduría y belleza al danzar la seguiriya que le cantaba
en pie con su voz de caverna Tía Juana la del Pipa,
eludiendo las peculiaridades del baile flamenco, dando movimiento
a la música, sin corsé estilístico. Con
todos estos elementos, unos más que positivos y otros
a pulir, Antonio el Pipa resuelve en ‘Pasión
y ley’ el arriesgado intento de trascender el formato
tradicional y probar con el teatral, un reto del que los flamencos
no suelen salir airosos.
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