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‘POPULAR Y
JONDO’. CARMEN LINARES
XIII BIENAL DE FLAMENCO DE SEVILLA 2004
Maestra
Silvia Calado. Sevilla, 5 de octubre de
2004
Fotos: Daniel Muñoz
‘Popular y jondo’. Carmen
Linares: cante. Paco Cortés, Miguel Ángel
Cortés, Miguel Ochando: guitarra. Pedro Esparza: flauta.
Rafael Villanueva: violín. Julio Blasco: contrabajo.
Inmaculada Crespo, Antonio Coronel: percusión. Ana
María González, Javier González: palmas.
Teatro Maestranza. Sevilla, 5 de octubre de 2004. 21 horas.
XIII Bienal de Flamenco de Sevilla 2004.
Carmen Linares |
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De lo popular a lo jondo hay un camino que Carmen
Linares recorre con toda naturalidad. La cantaora jienense
comienza el doble recital desempolvando, en una primera parte,
el legado folclórico andaluz, como ya hicieran Lorca
y La Argentinita a principios del siglo pasado, como acostumbraba
a hacer también La Niña de los Peines, como
ya hiciera ella misma en el álbum ‘Canciones
populares antiguas’ grabado en 1994. Y concluye con
una segunda parte ya totalmente flamenca en la que repasa
todas las facetas del cante. Magistral, sincera, con entereza,
con total entrega...
‘Popular’ precisa que la voz vaya acompañada
de sonidos afines a canciones como ‘Los pelegrinitos’,
‘Morillas de Jaén’, ‘Anda jaleo’,
‘Los cuatro muleros’ o ‘La Tarara’.
Violín, contrabajo, flauta, percusión... y las
tres guitarras flamencas tejen sonidos de aire castellano
a veces, otras de estilo morisco, siempre con salpicaduras
flamencas en ritmos y melodías. Carmen Linares se muestra
más cantante que cantaora, libre de amaneramientos
flamencos, con la voz limpia y maestra. Dice las letras, cuenta
los romances a lo juglaresco, llena la garganta de matices
que la madurez embellece. Y dan ganas de cantar con ella esas
coplas que pertenecen a todos.
‘Jondo’ ya prescinde de casi toda la instrumentación.
Carmen Linares, vestida de elegante terciopelo, se queda con
apenas una percusión, unas palmas cuando es estrictamente
necesario y el trío de sonantas que se va turnando,
uno a uno, según el cante. La cantaora, que rebosa
sabiduría, que es aplicada y no escatima ni un ápice
de energía, cantó durante toda la segunda hora,
sin tomarse un sólo respiro, jaleada a cada tanto por
una audiencia que la escuchaba con respeto casi religioso.
Cantes abandolaos, cantes mineros, tientos, soleares, tonás
y seguiriyas, tangos, cantiñas y bulerías. Y
todo lo bordó esta vocalista magistral, perfeccionista
y emotiva que el flamenco ha tenido la suerte de tener de
su parte. Tan satisfecho quedó el público con
tamaño despliegue cantaor que ovacionó intensamente
y ni reclamó bis... Nada había quedado en el
tintero.
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