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SEGUNDO FALCÓN
+ ORQUESTA CHEKARA DE TETUÁN + ORQUESTA MAHARAHÁ
DE RAJASTÁN. ‘TIERRA DE NADIE’. BIENAL
DE FLAMENCO DE SEVILLA 2004
Hermanos
Silvia Calado. Sevilla, 7 de septiembre
de 2004
Fotos: Daniel Muñoz
‘Tierra de nadie’. Segundo
Falcón: cante. Paco Jarana y Salvador Gutiérrez:
guitarras. Antonio Coronel: percusión. Jeromo Segura,
Vicente Gelo, Inma Rivero: coros. Bobote y Eléctrico:
compás y palmas. Orquesta Chekara de Tetuán:
Jallal Chekara, voz y violín; Yousser el Hosseieni,
laúd y voz; Fathi Ben Yakoub, violín; Youssef
el Mezguildi, voz; Mouhssine Koraichi, canun; Ahmed Ahnin,
darbuka. Orquesta Maharaha de Rajastán: Barkat Khan,
voz y sarangi; Bachu Khan, voz y kartals; Husain Khan, voz;
Mustak Khan, dholak. XIII Bienal de Flamenco de Sevilla 2004.
Hotel Triana. Sevilla, 7 de septiembre de 2004. 22 horas.
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“El cante no es de nadie, es del pueblo, es del mundo”.
A esta conclusión llega Segundo Falcón a raíz
del trabajo de investigación que ha supuesto crear
el espectáculo ‘Tierra de nadie’, en el
que da la mano a la tradición musical india y a la
norteafricana. Tras experiencias anteriores con ambas por
separado, el cantaor sevillano se atreve con un pionero encuentro
a tres bandas que, en resumidas cuentas, es “un diálogo
cultural basado en el parentesco de la música árabe
y la india con el flamenco”. Además, como por
no sacarlo de contexto, el concierto tuvo lugar en el Hotel
Triana, un patio de vecinos con el cielo por techo, en el
corazón de un barrio madre para el flamenco.
Sin que nadie tuviera que renunciar a la ortodoxia de su
música -pues “no hacemos fusión”-,
la familia Khan rajastaní, la familia Chekara marroquí
y una ‘familia’ flamenca liderada por Segundo
Falcón, expusieron la convergencia de sus músicas
con la naturalidad que da lo verdadero, lo que fluye, lo que
no se fuerza. Y la audiencia lo entendió con esa misma
actitud, sin ocultar la sorpresa de descubrir que la toná
trianera es la misma que la de Tetuán y la del Rajastán.
Enmarcados en una solemne aureola religiosa, dos integrantes
de Maharaha iniciaron el concierto sentados sobre la tarima.
Una voz, el sarangi -instrumento de cuerda- y toda la melancolía
interior del cante jondo. Del otro lado del Estrecho de Gibraltar,
Jallal Chekara y Yousser el Hosseieni, voces, violín
y laúd, mostraron otra variante del cante solista con
acompañamiento de cuerda. Y del flamenco, Segundo Falcón,
con dos guitarras y percusión, ofreció lo mismo
en forma de granaína y rondeña. Dicho esto,
llega la hora de darse la mano... a dos: los flamencos, ahora
con coros y palmeros; y los indios, con otro vocalista y la
percusión del dholak. Entran estos, con la evocadora
polifonía de sus voces para resultar que andan por
ritmos conocidos, nada menos que con la cadencia que por Lebrija
se le da a la bulería. Canta Segundo Falcón
letras de toda la vida, lo mismo hacen los compadres indios
y la bisagra es un estribillo que cantan a coro: “Tengo,
tengo, tengo, yo no tengo ná”. Y el público
acompaña, jalea y alucina.
La Orquesta Chekara termina de completarse con el canun (cuerda),
otro violín y la derbuka (percusión). Y resulta
que su son va por tanguillos (ver
vídeo online). A esto, los flamencos responden
por soleá, con un empalme de gusto y sensibilidad exquisitas,
de un compás a otro. El cantaor despliega toda la altura
y la limpieza de su garganta evocando la tradición
flamenca que tan profundamente conoce. La orquesta india toma
de nuevo la palabra con ‘Holi’, a tres voces y
con toda su instrumentación. El patriarca del grupo
conquista al respetable con su repiquetear de palillos (kartals)
y su gesticulación tan... flamenca. Qué bonito
es que todos permanecen en el escenario, disfrutándose
y respetándose unos a otros. pero si un momento compartido
de disfrute hubo, ese fue el de la seguiriya en la que todos
confluyeron. La darbuka, el cajón, las guitarras, el
dholak... y canta Jallal en árabe. Al primer tercio,
recibe un ole unánime. Y ahora Segundo Falcón
en español y luego Bachu Khan en lengua india. El público
comprende todos los quejíos, todos los instrumentos,
todas las formas de llegar a un mismo sitio. El entendimiento
es como mágico, al confluir en la salida el público
entra en éxtasis. Y aún quedan más cositas
por mostrar. La Orquesta Chekara traía una canción
por tangos, tan familiar para nuestros oídos como ‘La
Tarara’. La cadencia, como malagueña, da pie
al cantaor a recordar -como ya antes hiciera con Silverio
Franconetti o con Tío José de Paula- el legado
de El Piyayo y de la propia Triana, a la que dedica letras
que arrancan las lágrimas a más de una vecina.
El concierto toca a su fin. Y lo hace con unas cantiñas
-sí, sí- que comparten los indios y los flamencos,
los unos asidos al estribillo ‘Pankira’ y los
otros tirando de La
Niña de los Peines y sus letras. El público
pide bis con auténtica euforia. Y lo tiene: un trío
por tonás formado por Jallal Chekara, Segundo Falcón
y Husain Khan, el benjamín de la familia india (de
doce años) a quien, un rato después, se le oía
decir por el patio, en un español recién aprendido:
“Hemos formado el taco”.
Criterio para la política cultural

Rafael Amargo |
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Que la Bienal de Flamenco de Sevilla
está vetada para muchos artistas flamencos y
que la mayoría de los estrenos que produce mueren
el mismo día que nacen, es un hecho de sobra
conocido. Durante la presentación ante la prensa
del espectáculo ‘Carmen Amaya, Evocaciones’,
dirigido por Pilar Távora y protagonizado por
Juana Amaya, salió a relucir el asunto. Y fue
Rafael
Amargo quien se atrevió. El bailaor granadino
-que acude por primera vez a este festival como invitado
de Juana Amaya- dijo que “si yo hiciera una producción
para la Bienal, daría cuatro años la vuelta
al mundo promocionándola. Qué pena que
aquí se presenten tantos espectáculos
brillantes que son de debut y despedida. ¿Por
qué no hay coproducciones con otros festivales?
¿Por qué no se prevé la proyección
posterior de esas obras?”. Además, señaló
que “cada Bienal miro el programa... y siempre
están los mismos”. Al hilo de esta reflexión,
la directora escénica y teatral Pilar Távora
señaló que “la política no
debe contentar a todo el mundo. Hay que ser selectivo
y tener criterio. La cultura no se hace en los despachos,
se hace en la calle; en los despachos, se apoya la cultura.
A veces el único criterio que se utiliza es el
localista y nos olvidamos de que esas inversiones pueden
tener una repercusión muy importante por todo
el mundo”. Mientras la gestión de este
festival pase de mano en mano, según el color
político que gobierne el Ayuntamiento de Sevilla,
y no se confíe a gestores profesionales...
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