|
‘SEVILLA, CONCIERTO FLAMENCO A SU MEMORIA’
XIII BIENAL DE FLAMENCO DE SEVILLA 2004
Sevillanísimo
Silvia Calado. Sevilla, 7 de octubre de
2004
Fotos: Daniel Muñoz
‘Sevilla, concierto flamenco a su
memoria’. Cante: Chano
Lobato, Juan José Amador, Encarna Anillo. Baile:
Israel Galván, Pastora Galván. Sevillanas: Salmarina.
Guitarras: Alfredo Lagos, Eduardo Rebollar, Manolo Franco.
Piano: Pedro Ricardo Miño. Cajón: Antonio Barrull.
Palmas, Bobote, Eléctrico. Cómico: José
Luis Ortiz Nuevo. Obreros: Manuel Asencio, Manuel Acosta,
Casimiro Sánchez y Perlo de Triana (pintor). Guión
y dirección artística: José Luis Ortiz
Nuevo. Dirección escénica: Belén Candil,
David Montero. Teatro de la Maestranza. Sevilla. 7 de octubre
de 2004. 21 horas. XIII Bienal de Flamenco de Sevilla 2004.
Sevilla frente a sí misma. Sevilla imaginada en letras,
bailes y melodías. La ciudad soñada de los foráneos,
caramelo quitapesares para los propios. Alabanzas para la
ciudad musa, todas concatenadas, una tras otra, de modo infalible.
A lo gala televisiva de la cadena autonómica, con presentador-personaje
y todo. ‘Sevilla, concierto a su memoria’ pulsó
todos los botones de la dulce complacencia, portada de feria
incluida (aunque fuera en construcción, como está
la ciudad tal día como hoy). Cantes, canciones, coplas
que son poemas clamando al Guadalquivir, a Triana, a la Macarena,
a vírgenes, plazuelas, monumentos, pintores... con
las fiestas mayores en primer plano. Y todo ello en boca,
guitarra y cuerpo de un elenco de artistas no necesariamente
sevillanos, pero sí dispuestos a participar de la sesión
de confirmación.
Israel Galván, Chano
Lobato y Pastora Galván |
|
| |
|
El espectáculo, uno de los cuatro que José
Luis Ortiz Nuevo ha presentado a esta Bienal -de la que fue
primer director-, pretendía ser “un concierto
de carácter extraordinario de los que sólo se
pueden dar en Sevilla y en la Bienal”. Y así
lo afirmó doblemente, haciendo el juego de leer en
escena sus propias declaraciones en el periódico del
día. Dio paso a continuación a Israel
Galván (hace tan sólo cuatro noches que
estrenó en este escenario su ‘Arena’),
tan abstracto como el cante-recitado de Pepe
Marchena que le dieron a bailar. Tomó el relevo
en lo alto del andamio, asomada al balcón engalanado
de terciopelo y oro, vestida de mantilla, la cantaora Encarna
Anillo. Saeta. Siguió evocando la semana de pasión
el guitarrista Manolo
Franco, con la versión que Rafael Riqueni hiciera
de la marcha ‘Amargura’ de Manuel Font de Anta.
Y Sevilla ha de resarcirse. Ristra de bombillas. Feria. Ciudad
efímera. El grupo de sevillanas Salmarina, sanluqueños
ellos, escogieron de su elegante repertorio -producido y compuesto
por Isidro Muñoz- las coplas dedicadas a Sevilla. La
fiesta siguió paseándose por el piano de Pedro
Ricardo Miño (que presentó el pasado 26
de septiembre en esta Bienal su disco ‘Piano con duende’,
coincidiendo con el concierto de El Lebrijano aquí
en el coso grande) quien, secundado por las palmas por bulerías
de Bobote y Eléctrico, tocó ‘Sevilla’
de Albéniz. De fuera a dentro. La Sevilla de la pena
en el martinete y la seguiriya que canta Juan
José Amador, con ese quejarse sólo suyo.
Mas había que volver a la mitología. ¡Carmen!
Pastora
Galván la encarna toda cadera, toda curva. Primero
sólo silueta. Después toda ella en el centro
de la tabla meneando con algo así que podría
llamarse ‘sevillanía’ la habanera con música
de Bizet en el piano. El director, guionista, cómico...
la piropea a lo albañil. Y llegó el momento
del bocadillo.
La segunda parte arranca con la lectura, por parte del ‘conductor’,
de una noticia del diario ‘El Progreso’ del 24
de mayo de 1885 en la que se informa de la actuación
de la chirigota Las Viejas Ricas en el Café de Variedades.
Trasponiendo el tiempo, Chano Lobato rescata el tanguillo,
pleno de gracia, de sabiduría, de saber ser, estar
y hasta parecer. Ovación del respetable. Ortiz Nuevo
le sonsaca una batallita que recorre en autobús desde
Heliópolis... a Triana. Y a la cava le canta por bulerías,
hasta dándose una vueltecita. Sevilla a sus pies, maestro.
Vuelta al clasicismo. Manolo Franco toca a la guitarra ‘Sevillana’
de Joaquín Turina. Y los tangos, que ya se iban echando
en falta. Cante, toque y palmas. Los hermanos Galván
al baile. Ella, hermosa, sensual, de patio de vecinos. Él,
indómito, anguloso, absolutamente genial. Un recitado
de fragmentos de poesía de Gerardo Diego. Juan José
Amador vuelve a cantar ‘alante’... y no es tan
frecuente en este especialista en cantar para bailar. Seguiriyas
de Triana. Y más sevillanas. Salmarina cantan por El
Pali, el que fuera patriarca de estas seguidillas asomadas
al río grande. Salen a bailarlas tres parejas del pueblo,
unos de calle, otras de feria. Y se les suman Pastora e Israel,
él desmontando y parodiando. Otro hueco para el protagonismo
del cómico-director, hecho gallinita ciega. Al recobrar
la visión, todo el grupo está en escena con
el ‘Yo me quedo en Sevilla’ con letra de Carlos
Lencero que el grupo Pata
Negra cantara en su ‘Blues
de la Frontera’. Encarna Anillo matiza la canción
en su voz, Pedro Ricardo Miño le suma las ‘falsetas’
de Michel Camilo, Chano Lobato baila con Pastora Galván...
Y Sevilla se pone en pie a aplaudir a su reflejo.

Chano Lobato durante los ensayos
revista@flamenco-world.com
|