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JUANA AMAYA. ‘CARMEN
AMAYA. EVOCACIONES’
XIII BIENAL DE FLAMENCO DE SEVILLA 2004
A Carmen Amaya
Silvia Calado. Sevilla, 9 de septiembre
de 2004
Fotos: Daniel Muñoz
‘Carmen Amaya. Evocaciones’.
Juana Amaya: baile solista. Rafael Amargo: artista invitado.
Nano, María del Mar Montero, Marcos Jiménez,
María Ollero: cuerpo de baile. Nazaret Reyes: Carmen
Amaya niña. Acróbata-bailarina: Raquel Ramírez.
Cantaores: Macarena Giráldez, Vicente Gelo, El Galli,
Pepe de Pura, María Vizárraga. Cantaor invitado:
Rafael de Utrera. Guitarras: Paco Fernández, Niño
Manuel, Andrés Martínez, Héctor de la
Vega. Percusión: José Carrasco, Antonio Maya.
Violín: David Moreira. Chelo: Ángel Morilla.
Creación y dirección: Pilar Távora. Teatro
Lope de Vega. Sevilla, 8 y 9 de septiembre de 2004. 21 horas.
XIII Bienal de Flamenco de Sevilla 2004.

Juana Amaya
“Sabemos qué clase de artista era Carmen
Amaya, pero conocemos menos sobre qué clase de
persona era”. La dramaturga Pilar Távora, desde
su sensibilidad, ha escogido pasajes que muestran la cara
interior de la ya mítica bailaora. Y con esos retazos
biográficos, que expone con una voz en off y con imágenes
extraídas de los DVD ‘Carmen
Amaya. La reina del embrujo gitano’ y ‘Los
Tarantos’, ha compuesto “un espectáculo
flamenco, no teatral ni dramático”, que protagoniza
Juana Amaya.
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La acróbata Raquel
Ramírez en 'Carmen Amaya. Evocaciones' |
Desde el nacimiento a la muerte, se suceden seis actos basados,
cada uno, en aspectos como “el genio”, “el
trabajo” o “el mundo y la fama”. Así
lo especifica la voz narradora, así lo ilustran las
imágenes y así lo cuenta alguna de las escenas,
entre comillas, dramatizadas. El resto es baile, el mismo
que Juana Amaya ofrecería con o sin envoltorio. Temperamental,
felina, fuerte, con genio, heredera del estilo de la homenajeada
-salvando las distancias-, interpretó soleá,
alegrías -con pantalón y chaquetilla- y seguiriya,
deleitando a sus incondicionales. Este último baile
fue enmarcado en un número final en el que Rafael
Amargo encarnó el papel de una muerte cuya llamada
no la convence con su danza contemporánea de réquiem,
sino por seguiriyas. El invitado, por cierto, se esforzó
en la ejecución de este doble papel de bailarín
y bailaor, pues debutaba en esta plaza... aunque parezca mentira.
Y dio una digna actuación que convenció al público,
que es el que tiene la palabra.
Rafael Amargo |
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Entre medias, se sucedieron escenas yuxtapuestas de baile
y cante -unas más acertadas que otras-, que contribuyeron
a acentuar la arritmia de la obra y a alargar desmedidamente
su duración hasta las dos horas. El baile solista de
Nano, antes de la aparición de la protagonista, podría
ser prescindible o, al menos, postergado. El debut en los
escenarios de Nazaret Reyes, la hija de Juana Amaya, resultó
sorprendente. La niña, que encarnaba la infancia de
La Capitana, es ya una figura en ciernes, con toda la garra,
el gesto y el estilo materno comprimido en apenas diez años.
Qué seriedad sobre la tabla. También huelga
subrayar la participación de Rafael
de Utrera, que va a dejar el pabellón bien alto
en la Bienal antes de cruzar el océano. El martinete
que cantó hizo temblar al teatro. Y, por encima de
todo, lo mejor fue plantar a Carmen Amaya de nuevo sobre el
escenario. La proyección del famoso número de
la película ‘Los Tarantos’ en los que canta,
baila y deja grabados sus nudillos sobre la mesa desató
la mayor ovación de la noche. Qué testamento
nos dejó... para siempre.
‘Canta y baila Jerez’
Texto: Juan Moro
Jerez emigró a Triana por una
noche. Primeras figuras del cante y jóvenes artistas
que despuntan, brindaron al público que llenaba
el patio de vecinos -formado por una nutrida ‘clá’
jerezana, locales y foráneos- una velada de esencias
de ese otro vértice del triángulo flamenco.
Abrió el ‘telón’ José
Méndez, rebrote pleno de estirpe. Tomó
el relevo Fernando de la Morena, tocando los puntales
del cante de su tierra: soleá, seguiriya, fandangos,
bulerías. Justo en el punto medio de la noche,
Mercedes Ruiz dio movimiento a la estampa. Vestida de
blanco, la elegante bailaora brilló por seguiriyas,
poniendo en pie a una audiencia cómplice. Sin
pausa, prosiguió el cante. Capullo
de Jerez fue el más aclamado de todos, tanto
por actitud, como por facultades y ese repertorio propio
de letras y cantes que se entrecruzan con soltura. Fandangos,
bulerías, tangos... Y Diego Amaya respaldando
todos sus giros, fiel escudero. Culminó la sesión
El
Torta con un recital serio, desde la granaína
hasta la mismísima bulería. Diego de Morao
se encargó del acompañamiento al toque,
deslumbrando con su joven sabiduría. Aunque parezca
mentira, no hubo fin de fiesta. Quizás se montó
en Jerez...
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