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Antonio Canales
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ANTONIO CANALES. XIII BIENAL DE FLAMENCO DE SEVILLA 2004

A pecho descubierto

Silvia Calado. Sevilla, 10 de septiembre de 2004
Photos: Daniel Muñoz

‘Antonio Canales y amigos en concierto’. Antonio Canales: baile. Daniel Méndez y Paco Iglesias: guitarras. Guadiana, Potito y Herminia Borja: cante. Lucky Losada e Isidro Suárez: percusión. Remedios Silva y Aroa Pisa: coros y palmas. Teatro de la Maestranza. Sevilla, 10 de septiembre de 2004. 21 horas. XIII Bienal de Flamenco de Sevilla 2004.


Antonio Canales
 
   

Antonio Canales hizo un alto en la gira de ‘Carmen, Carmela’ y dejó por una noche el papel de Don José, para interpretarse a sí mismo. Ante sí tenía el reto de, casi a contrarreloj (pues, en principio, no estaba previsto que actuara en la Bienal), resolver un espectáculo digno del Teatro Maestranza. Y lo afrontó a pecho descubierto, con todo el éxito que cabía esperar. Acompañado por sólo unos pocos amigos, entre los cuales brillaban con luz propia Guadiana y El Potito, compuso un recital austero en el que si algo hubo fue baile de Antonio Canales. Sin envoltorios ni excusas, el bailaor sevillano colmó la sed de los fieles que llenaban completamente el coso sevillano.

En el principio fue la solemnidad de la seguiriya. Con un cantaor sentado a cada lado, Antonio Canales se intuye entre la tiniebla. Canta Guadiana ese “no te rebeles, serrana” que su garganta creadora gusta renovar. El bailaor va tomando forma bajo el cañón de luz. Llama y se planta, se para y despliega las alas, pasea sin molestar al cante, que ahora llega por boca de El Potito. El gesto, los pitos, el encogerse, el posar... y posarse. La guitarra suena dulce, como una brisa. Y el bailaor comienza su ‘crescendo’, dueño único de la escena. Baila. “¡Eje!”. Luz. Ovación.

Guadiana y El Potito se quedan solos. Curiosamente, interpretan por primera vez sobre un escenario el mano a mano por bulerías incluido en el nuevo disco de Tomatito, ‘Aguadulce’. Sin comparar las guitarras, pues son de planetas diferentes, pero apuntando lo mate de la ejecución, sonó el “en casa del herrero, cuchara de palo”. Guadiana, variando cada fraseo, con toda la riqueza musical que mana de sus cuerdas vocales. Potito, fiel al quejío camaronero. Qué grandes voces. Qué buen interludio.

El telón de fondo se retira y el escenario queda entero al descubierto, con las percusiones y los coros atrás. Revoleando con poco estilo un mantón de manila, cruza la tabla Herminia Borja. Canta por tangos, acompañada a los coros por tres niñas debutantes, temas acancionados populacheros. La falta de medida de la vocalista desluce uno de los palos fuertes de Antonio Canales, uno de los pocos hombres que controla el baile por tangos. No hay un de igual a igual en la ‘pareja’. Las niñas se equivocan repetidas veces. El único que parece controlar la situación es el protagonista. Y no se le ve disfrutar.

La siguiente pieza instrumental supone una caída en picado de la dinámica del montaje. Hacen lo que pueden, simplemente. El solo de cajón, los despistados coros... se apaga, se apaga. Y a esto que el fondo se pone rojo, suena la soleá y Antonio Canales centra toda la atención del respetable abriendo los brazos. La presencia, la autoridad, la atracción de este bicho de escena es indiscutible. Guadiana le canta. Y la luz, usada con bastante tiento por Óscar de los Reyes, está siempre a punto para acentuar los cortes, los desplantes... Toma el relevo El Potito y el bailaor se muestra fuerte, potente, imbatible. Ay, pero su rostro sigue serio, sigue triste... y todo el recital lo refleja. No acostumbra a hablar, pero en plena ovación del fin de fiesta por bulerías, lo hace: “Esta noche se la quiero dedicar a mi hermana Rocío”. Hace tan sólo unos meses falleció. Y para ella iba este réquiem.

Cancerberos de la involución


Fernando Terremoto
 
   

El absurdo debate de la evolución del flamenco, la cansina pelea entre renovadores y puristas, tuvo otro episodio en la presentación del ‘festival’ que, al mismo tiempo que Antonio Canales bailaba en el Maestranza, protagonizarían Calixto Sánchez, Fernando Terremoto, Milagros Menjíbar y La Macanita en el Lope de Vega. A la pregunta de por qué el cante no evoluciona como lo hacen la guitarra o el baile, saltaron las alarmas. Calixto Sánchez no titubeó al poner en duda “la innovación dentro del flamenco”. Dijo que “es fácil irse al blues o al jazz, o hacer temitas, tanguitos con estribillo, eso que la gente llama flamenquito”. El jerezano Fernando Terremoto secundó al de Mairena, señalando que “el flamenco es tan grande que sólo el uso de la palabra ‘flamenquito’ es empequeñecerlo”. Y apuntó que “la innovación está en la interpretación del cantaor”. El tema dio varias vueltas más: que si es un engaño decir que ese ‘flamenquito’ es la vía para aficionar a los jóvenes, que si “hace falta una preparación cultural para oír flamenco” (atención a la frase de Calixto Sánchez), que si “se está engañando al público” (indicó la Menjíbar)... Y la cosa iba a quedar en tablas cuando un oyente de la sala (y no precisamente joven), espetó al hijo de Terremoto de Jerez: “Sí, sí, pero a ver si cambiamos de letras por lo menos, que hoy cantas lo de “por los rincones” aquí, mañana cantas lo de “por los rincones” allí... y siempre cantáis lo mismo”.

revista@flamenco-world.com

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Todo sobre la XIII Bienal de Flamenco de Sevilla 2004

Entrevista a Antonio Canales, bailaor y coreógrafo

 
 
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