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PANSEQUITO & AURORA VARGAS. ‘DE LA GALERA AL ARCO’.
XIII BIENAL DE FLAMENCO DE SEVILLA 2004
Autohomenaje
Silvia Calado. Sevilla, 11 de septiembre
de 2004
Fotos: Daniel Muñoz
‘De la Galera al Arco’. Pansequito,
Aurora Vargas, Collante de Terán: cante. Diego Amaya:
guitarra. Pedro Ricardo Miño: piano. Carmen Ledesma:
baile. Eléctrico, Rafael Junquera, Popo: palmas. Teatro
Lope de Vega. Sevilla (España), 11 de septiembre de
2004. 21 horas. XIII Bienal de Flamenco de Sevilla 2004.

Pansequito y Diego Amaya
Pansequito cumple cuarenta años como cantaor. Y lo
ha querido celebrar con un homenaje a sí mismo en forma
de espectáculo biográfico, alimento del ego.
Arranca en la Venta Vargas de Cádiz, donde Manolo
Caracol lo contrató para cantar para el baile en
su tablao Los Canasteros de Madrid. Con paupérrimos
medios escénicos, estos episodios se relatan sobre
el escenario, con el apoyo de otros artistas y actores de
segunda. Collante de Terán hace de Caracol interpretando
‘Carcelero, carcelero’. Junto a la bailaora Carmen
Ledesma, Pansequito hace aparición ya en el tablao
de la capital (ambientado, como en los teatros infantiles,
con un dibujo de la ‘cueva’ sobre una sábana),
cantándole un taranto que ambos acometen con reposado
sabor. Los narradores -un padre y una hija que se preguntan
y responden sobre la sencilla vida del cantaor en un palco-
cuentan que allí coincidió con Arturo Pavón.
El pianista es encarnado por Pedro
Ricardo Miño. Toca el joven músico a lo
clásico, tirando del cante por soleá y por tientos
tangos. Como acompañante, presta sus blancas y negras
a la voz del protagonista, que sale a cantar soleá
por bulerías... con ganas, con esfuerzo, con acierto.
A partir de ahí, la primera parte del espectáculo
va a consistir en un recital de cante de Pansequito, acompañado
a la guitarra por Diego Amaya: alegrías, seguiriyas
y bulerías. Voz solvente, hecha, personal.
En la segunda parte, el protagonismo pasa a manos de Aurora
Vargas, tras un mano a mano por fandangos de marido y
mujer. La cantaora sevillana, de quien los narradores destacan
su “arte, personalidad y temperamento”, estaba
respaldada por muchos más seguidores que el homenajeado
o, al menos, más explícitos. Y, entre ellos,
la artista se mostró suelta, relajada, como en casa.
Vamos, que le daba la risa y todo. Cantó por alegrías
y, ya más concentrada, serena y templada, por soleá.
Continuó ya por esos derroteros de fiesta en los que
despliega su sentido cantaor y bailaor: tientos tangos, bulerías...
sin mirar el reloj. En total, ‘De la Galera al Arco’
pudo durar unas tres horas. Al final, lo de siempre, un envoltorio
teatralizado de dudosa calidad como excusa para cantar, bailar
y tocar, que es lo que la mayoría de los flamencos
saben hacer bien.

Aurora Vargas
Son de peñas
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Hace ya varias ediciones que la Bienal
incorporó a las numerosas peñas flamencas
de la ciudad como escenarios complementarios, donde
el público pudiera vivir el flamenco de otra
manera más íntima, más recogida,
más familiar. En esta edición del festival,
el programa plantea un circuito por peñas como
El Chozas, Niño del Arahal, Torres Macarena,
La Fragua, Pies Plomo... y con carteles en los que se
ha prestado especial atención a los jóvenes
valores, muchos de ellos recientemente premiados en
los principales concursos como Eduardo Trassierra, Rubito
Hijo o Soraya Clavijo, sin olvidar a los veteranos.
Como contrapartida, la Bienal quiso dedicar una velada
a estos espacios “de iniciación, encuentro
y formación para los aficionados”, llevándolas
al Hotel Triana la madrugada del sábado 11 de
septiembre. Y el patio de vecinos se convirtió
en una fiesta. Cantaron primero alante intérpretes
como el jerezano Fernando de la Morena, pero el punto
culminante no llegaría hasta que El Polaco, El
Lavadora y Pedro Moya tomaron asiento alrededor de una
mesa. Con los nudillos se marcaron el compás.
Cantó uno, cantó el otro y, para remate,
se levantó el tercero y escenificó bailando
una tarde de toros de Curro Romero. La cara jocosa del
flamenco no había hecho más que aparecer:
se cantaron los anuncios antiguos de los cines de verano
y hasta los créditos de las películas,
se ironizó sobre política... Y la fiesta
ya no cesó. Cante y baile de patio para una noche
de vecindad.
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