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MIGUEL POVEDA.
‘RAFAEL ALBERTI. POEMAS DEL EXILIO’.
XIII BIENAL DE FLAMENCO DE SEVILLA 2004
El cantaor alado
Silvia Calado. Sevilla, 12 de septiembre
de 2004
Fotos: Daniel Muñoz
‘Rafael Alberti. Poemas del exilio’.
Miguel
Poveda: cante. Dirección y música: Enric
Palomar. Big Ensemble Taller de Musics / ‘Recital’.
Miguel Poveda: cante. Chicuelo: guitarra. Luis Cantarote,
Macano, Londro: palmas. Nacho López: cajón.
Teatro Maestranza. Sevilla, 12 de septiembre de 2004. 21 horas.
XIII Bienal de Flamenco de Sevilla 2004.
Miguel Poveda |
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Miguel Poveda era, hasta esta noche, uno de esos valores
indiscutibles del flamenco omitidos sistemáticamente
por la Bienal de Sevilla. El cantaor catalán entra
en el festival de festivales por la puerta grande, poniendo
en pie el Teatro de la Maestranza, coso al que acudirá
otras dos veces en las próximas semanas, como invitado
de Eva Yerbabuena e Israel Galván, respectivamente.
Miguel Poveda dividió su actuación en dos actos.
Uno, un recital tradicional de cante flamenco. Dos, una suite
para orquesta y voz flamenca de Enric Palomar titulada ‘Rafael
Alberti. Poemas del exilio’, como el disco que recientemente
ha publicado.
Como precalentamiento, Miguel Poveda ofreció el repertorio
habitual de sus intervenciones en festivales. Comenzó
con las cantiñas, haciendo un guiño a la plaza:
“Maestranza de Sevilla, la del amarillo albero, la que
huele a manzanilla y a capote de torero”. Letras clásicas,
cantes populares y un guiño al Alberti de ‘Marinero
en tierra’ en estos sones gaditanos. Con la boca casi
cerrada, un fino trazo de voz dibujaba los tercios de la malagueña.
Hacía esperar el cante, lo paladeaba antes de dejarlo
ir. Oles y piropos para él, antes de que rematara con
fandangos de Lucena. Se quedó solo con Chicuelo, pero
primero a solas consigo mismo toreando el martinete, con toda
la garganta fuera. Entremetió el ‘Canto de la
resignación’ de Carmen Linares (incluido en
‘Un ramito de locura’) con dulzura, con brillantez,
con efectividad. La guitarra de su escudero estaba dispuesta
para la seguiriya, sobre la que sobrevoló tirando de
armonía. Tiró de nuevo del trío de palmeros
y el cajón, para rematar la faena. Y lo hizo por bulerías,
pero de las de copla, de las de canción... como vaticinando
lo porvenir.
Sin apenas respiro, Miguel Poveda reapareció en escena.
Ahora se quedaría de pie cerca del director y autor
de esta ‘suite’ inspirada en los versos que Rafael
Alberti escribió trasterrado a Argentina tras la Guerra
Civil española. ‘Dejadme llorar’, ‘Se
ha roto el río’, ‘A la soledad me vine’...
son algunos los poemas escogidos. La nostalgia, el dolor,
la prisión, la muerte y también la esperanza
marcan la pauta de esta música que ni es flamenca ni
pretende serlo. Lo único flamenco de la obra está
en el propio Miguel Poveda, en su manera de colocar la voz,
en su queja, en su sentimiento. Y acaso en algún ritmo,
el de soleá por bulerías, el de martinete o
el de tanguillos, sobre los que navega tenuemente esta elegante
composición. Resulta ser, por tanto, un lenguaje más
a cruzar con el de la música autóctona argentina,
el de la música clásica y el de la contemporánea.
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Miguel Poveda y Chicuelo |
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La conjunción que se da en este trabajo, detallista
al más, permite al cantaor desplegar registros que
los esquemas del flamenco no dejan oír. Aún
así, no hay hueco para el lucimiento no ya del cantaor,
sino de ninguno de los miembros de la orquesta (entre quienes
estaba un conocido del flamenco, el contrabajista Pablo
Martín, parte del trío de Gerardo Núñez).
El mérito, en el caso del vocalista, está más
en la contención, en la sabiduría de la ejecución
y en el sentimiento, aspecto este que llegó a su extremo
en la ‘Nana de la cigüeña’ que, a
modo de bis, brindaron Miguel Poveda y Enric Palomar sentado
al piano. Mientras el cantaor se quitaba las lágrimas
de la cara, el público se levantaba a ovacionarle,
roto por la hipersensibilidad de la música que acababan
de ofrecerle. Cierto es que el aforo estaba apenas a la mitad,
por el mismo motivo que Tomatito, porque las actuaciones de
esta semana en el Teatro Maestranza son un parche de última
hora en el programa general. Por lo visto, el recital que,
al mismo tiempo, ofrecían Chocolate y Bernarda de Utrera,
entre otros, en el Teatro Lope de Vega estaba vendido entero.
Y llenar dos teatros al mismo tiempo con flamenco ya era demasiado
pedir al público de esta ciudad.
revista@flamenco-world.com
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