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JOSÉ
MENESE. ‘A MIS SOLEDADES VOY’.
BIENAL DE FLAMENCO DE SEVILLA 2004
Orquestas, poemas y
flamenco
Silvia Calado. Sevilla, 13 de septiembre
de 2004
Fotos: Daniel Muñoz
‘A mis soledades voy’. José
Menese: cante. Enrique de Melchor: guitarra. Laura Vital:
cante. Eduardo Rebollar: guitarra. Carmen Ledesma: baile.
Gregorio y Chícharo: palmas. Orquesta de cámara,
director: Joan Albert Amargós. Teatro de la Maestranza.
Sevilla, 13 de septiembre de 2004. 21 horas. XIII Bienal de
Flamenco de Sevilla 2004.
Esta es la Bienal de las orquestas. Primero fue Tomatito,
después Miguel Poveda y esta noche, José Menese.
El cantaor de la Puebla de Cazalla presentó en este
marco una obra que se estrenó hace varios años
en el Teatro Real de Madrid, entonces con Ginesa Ortega como
voz femenina. ‘A mis soledades voy, de mis soledades
vengo’ es, en teoría, un homenaje a los poetas
españoles del Siglo de Oro, es decir, una selección
de poemas de autores hasta ahora tan ajenos al flamenco como
Luis de Góngora, Santa Teresa de Jesús, Quevedo
o Lope de Vega adaptados a los moldes del cante. Quizás
como por querer reforzar el tono culto del experimento, se
recurre a la orquesta de cámara, dirigida por un Joan
Albert Amargós que en este trabajo se muestra sucinto
y poco imaginativo, comparado con otras obras suyas como ‘Sonanta
Suite’.

Ensayo general de 'A mis soledades
voy'
El espectáculo resulta milimetrado y frío.
Pierde el calor del flamenco, en pro de la disciplina y de
la fidelidad al guión. Con todo el grupo colocado en
piña, como permanecerá hasta el final, la voz
ancha y honda de José Menese irrumpe en el teatro.
Arranca con una toná hecha a partir del poema ‘Amarrado
al duro banco’ de Góngora. La orquesta se limita
a hacerle un colchón, con las cuerdas vibrando inquietas.
Toma la palabra a continuación la joven cantaora Laura
Vital, galardonada ediciones atrás en el concurso de
este mismo festival. Mete por tangos ‘Aquesta divina
unión’ de Santa Teresa de Jesús, que seguro
que ni en sus mejores momentos de éxtasis pensó
en tan festivo son. Y no es por pensar mal, pero pareciera
que el contenido de los poemas se ha pasado por alto. Todo
resulta de una frivolidad... Da casi risa el alegre estribillo
acompañado de vivas palmas que toma el verso “que
muero porque no muero”.
Esta es la estructura que va a seguir la obra: Menese y Vital
se alternan repartiéndose a medias el repertorio, sin
que el cantaor tome decididamente el protagonismo. Unas veces
la orquesta hace algún remate, presta algún
apoyo, y el resto cuenta sólo con el acompañamiento
de guitarra. ‘A mis soledades’ de Lope de Vega
se convierte en una soleá que el cantaor expone con
todo el peso de su voz y de la tradición. La cantaora
dice ‘Blanca quería yo ser’ por bulerías,
con poemas de Lope de Vega y Guillén de Castro. Pasa
el testigo de nuevo a Menese, que canta la rondeña
‘En Cártama me he criado’ de Lope de Vega.
La guitarra de Enrique
de Melchor acompaña ortodoxa, la orquesta prolonga
las seis cuerdas sonando flamenca. Laura Vital, cuya voz va
madurando, cambia de tercio con unas alegrías que baila
Carmen Ledesma, artista que se vale de limitados recursos.
La música de la orquesta y de la sonanta se torna luminosa
y feliz para la guajira ‘Aquí la envidia y mentira’,
mezcla de versos de Fray Luis de León y Lope de Vega,
que el cantaor ha de leer en la ‘chuleta’ del
atril.
José Menese y Joan
Albert Amargós |
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A solas con la guitarra de Eduardo Rebollar, la cantaora
acomete con tiento la soleá ‘Si no me dejan hablar’,
con texto de Calderón de la Barca. Del mismo autor
recoge Menese unos versos que trae convertidos en peteneras,
ese cante del que ha hecho seña de identidad personal.
Violines, viola, violonchelo, contrabajo, flauta, oboe y trompa
se ponen románticos, ambientando la sensible nana de
Laura Vital ‘Ay, niño de mis ojos’, también
un popurrí de varios poetas.
En este punto, Menese ya no se aguanta (él que siempre
dialoga con el público) y pide un aplauso para el maestro
Amargós “porque es un verdadero flamenco”.
A continuación, canta la liviana ‘Con mi albarda
y mi burro’ de Ruiz de Alarcón. Vuelve ‘alante’
la cantaora con versos de Tirso de Molina convertidos en sevillanas,
las cuatro encajadas en las formas de ‘Mi novio es cartujano’
y orquestadas desde la tercera. El concierto toca a su fin.
José Menese pone el broche con los tientos tangos ‘Siempre
escogen las mujeres’, cruce de versos de Sor Juana Inés
de la Cruz y Miguel de Cervantes. La subida del estribillo
pone el punto final y desata la ovación del público,
que llena tres cuartos del teatro. El bis es atendido con
una repetición de los desacertados tangos de Santa
Teresa. Y es que una cosa es tirar de la literatura (no lorquiana,
uf) para no cantar siempre lo mismo, ya que hay poquita creatividad
en eso del ‘letrismo’, y otra cantar lo que sea...
como sea, queriéndose, además, adjudicar un
cierto halo culto del todo ajeno.
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