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JOAQUÍN
GRILO. ‘FORMAS Y MOVIMIENTO’.
XIII BIENAL DE FLAMENCO DE SEVILLA 2004
Bailar
Silvia Calado. Sevilla, 15 de septiembre
de 2004
Fotos: Daniel Muñoz
‘Formas y movimiento’. Joaquín
Grilo: bailaor. Rosario Toledo: bailaora: Carmen Grilo,
Luis Moneo, José Valencia: cantaores. José Quevedo,
Daniel Méndez: guitarristas. Pablo Martín: contrabajo.
Alexis Lefévre: violín. Paco González:
percusión. Carlos Grilo: palmas. Teatro Lope de Vega.
Sevilla, 15 de septiembre de 2004. 21 horas. XIII Bienal de
Flamenco de Sevilla 2004.
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Joaquín Grilo |
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‘Formas y movimiento’, ‘Grilo’, ‘A
solas’... el nombre es lo de menos. Joaquín Grilo
tiene ganas de bailar y eso es lo que importa. El espectáculo
es de lo más sencillo: sin envoltorios vacuos ni excusas
argumentales, el bailaor jerezano hace lo que sabe y lo que
de él se espera, compartiendo la tabla con la bailaora
Rosario Toledo y rodeado de un plantel de músicos y
cantaores no del todo convencionales. Baile flamenco sin más
coartadas que la luz y la música, que mira más
hacia delante que hacia atrás. Vanguardia, personalidad
y buen hacer se conjugan en las formas y movimientos del bailaor
jerezano.
El baile se desnuda para que quede sólo su espinazo
musical. Un corro hace compás por tangos y en medio
Joaquín Grilo y Rosario Toledo juegan a que sus movimientos
compongan sonidos... sobre la tierra y también sobre
el aire. Guitarras, violín, contrabajo y percusión
se incorporan a la escena. Él en una silla. Ella en
otra. Ambos vestidos de negro... pero no a la usanza tradicional.
Seguiriya. Sobre el sitio, braceos y escorzos. Cada nota musical
se baila, con precisión técnica y artística.
El baile flamenco encuentra el ayer y el hoy en un mismo punto.
Se le ve avanzar. Plasticidad. Estética ‘bellista’.
Se baila lo que suena y lo que calla. Joaquín Grilo
ya está en trance, pero no está solo. Esto es
cosa de dos. Asimetrías. Encuentros y desencuentros.
La entrega es total. Silencio. Fundido a negro. Clímax.
Tras una evitable transición instrumental, toma la
tabla Rosario Toledo vestida de pseudoflamenca con rojos,
pedrerías y esbozos de volantes. Baile por alegrías.
La gaditana sabe pararse, dejar girar sus espirales, ronear
y fracturar el baile para actualizarlo, tan ‘beleniana’...
Quizás se prolongó demasiado, pero en estos
tiempos en los que tanto se escatima y se reboza, fue un gustazo
para los amantes del baile. Con camisa y pantalón granates,
delineando con razón la figura, hizo aparición
Joaquín Grilo, con su planta, su atractivo, su decisión.
Las luces barrocas, multiplicado en las sombras, se muestra
sin prisas. Va a bailar soleá, pero las cuerdas evocan
las maneras de la farruca. Mirada hacia delante, moldes que
se rompen. Los infinitos brazos, las manos enormes nunca rígidas.
Los lances toreros posmodernos. Se mide. Entra a matar. El
baile es libre. Soleá de vanguardia.
El extraño trino de Carmen
Grilo humaniza la escena. Y él deja que no sé
qué mano mueva las cuerdas, como ebrio. Y ahí
quedan los lances inacabados. El cambio a bulerías
es radical. Baile de culo gordo, de patio de Jerez. Juega,
vacila... con caderas, manos y gesto. Remata sin moverse.
El ‘pizzicato’ de Pablo
Martín por bulerías lo inspira. Siempre
hay interacción con los músicos, siempre hay
diálogo. Y el bailaor deja sentado que es el más
completo del momento. Rosario Toledo se incorpora a la fiesta
y juntos cierran. El público está en pie. Con
poco más de una hora de espectáculo, hay que
brindarles bis. Y, claro, qué menos que una fiesta
por bulerías con todos en acción. Los detalles
originales, hasta en la salida. ¿Cuándo se ha
visto a una compañía recogerse a cámara
lenta?
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