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Gerardo Nuñez. Bienal 2004. 14 de septiembre de 2004
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Gerardo Nuñez
Biografía, discografía, Real Audio y comentarios de los lectores

 

 

 

 

 


GERARDO NÚÑEZ. ‘ANDANDO EL TIEMPO’.
XIII BIENAL DE FLAMENCO DE SEVILLA 2004

La gesta de Gerardo Núñez

Silvia Calado. Sevilla, 17 de septiembre de 2004

‘Andando el tiempo’. Gerardo Núñezz: guitarra. Teatro Central. Sevilla, 17 de septiembre de 2004. 21 horas. XIII Bienal de Flamenco de Sevilla 2004.


Gerardo Nuñez
 
Foto: Daniel Muñoz

 

Que un guitarrista toque la guitarra no es noticia, pero que la toque completamente solo durante más de hora y media en un teatro lleno y en el marco de la Bienal de Flamenco de Sevilla es ya no sólo una iniciativa pionera, sino toda una proeza. Ni orquestas de cámara, ni sextetos, ni siquiera el trío con contrabajo y cajón. Gerardo Núñez, a solas con su guitarra. Y no es cuestión exhibicionista. Esta es la forma que el músico jerezano tiene de alzar su voz con una reivindicación: “Lucho por conquistar otros escenarios para la guitarra, para que ocupe el lugar que merece. Y lo mismo que a un pianista se le pone allá donde va un piano de cola, haya para los guitarristas un lugar donde se le reciba con su instrumento”.

Cuando Gerardo Núñez profirió estas palabras, ya llevaba más de una hora tocando y el público, que casi colmaba el Teatro Central, más de una hora disfrutando a rabiar. “¡Aquí nos tienes con la baba caída!”, dijo un aficionado desde la butaca. Y era cierto. Si fascinante fue la música que manaba con tanta sensibilidad, tanto cerebro y tanta fluidez de la ‘esteso’ anaranjada, casi más fascinante fue aún la actitud del público -en el que figuraban compañeros como Mario Maya o Dorantes-, sumamente respetuoso, entendedor, agradecido, complacido... Cierto es que en este festival se aplaude todo, pero la intensidad y la unanimidad de los aplausos que recibió esta noche la guitarra de Gerardo fueron, de verdad, especiales. La sinceridad del instrumentista lo merecía. Ahí no hubo trampa ni cartón, sólo el alma desnuda de un artista.

Como por que se sintiera algo arropado, seis espejos le guardaban en semicírculo las espaldas, de modo que el público sólo podía verlo reflejado en uno de ellos. El guitarrista estaba bajo un círculo de luz, sentado en una silla de enea. Esa era toda la escenografía. Como fiel aliado tuvo a la técnica, con una sonorización de la guitarra fiel y natural, poco habitual en estos tiempos. Precedido por un cálido aplauso, emprendió la gesta con ‘Yerma’, el primero de esos viajes sonoros, que tienen texturas, volúmenes, estados anímicos... y toda la libertad del mundo. La soleá por bulerías fue otra inmersión hasta el fondo de ese universo propio de Gerardo Núñez, que contiene toda la historia del género flamenco, más toda una vivencia universal ya asimiladas. Qué belleza. Qué sentido. Y qué sorprendente comprobar que el repertorio sigue teniendo la misma grandeza con y sin acompañamiento (sin desmerecer la labor de Pablo Martín y Cepillo, por supuesto). El paseo por el tiempo prosigue vía ‘Trafalgar’. La melodía embauca, se tararea, atrapa. La esencia de la música flamenca se muestra desde todos los prismas, desde arriba, desde abajo, desde dentro... Y la técnica endiablada de trapecista valiente zamarrea a la audiencia.

A los residentes en esta ciudad -que no a los sevillanos sólo- dedicó ‘Sevilla’, una luminosa composición, que mira al río, al albero de la plaza de toros, a las calles serpenteantes. Con lo límpido de esta música, vino a contrastar la bulería, con faseltas y maneras más rancias, más duras, quizás hasta más rockeras. Volvió a templarse por soleá, caminando hacia la farruca que compuso hace un par de años para el espectáculo ‘Galvánicas’ de Israel Galván. La música deconstruida, la abstracción juguetona, la brillantez del sonido pensado. A la mente viene el bailaor, abstracto y estratosférico... como esta música que tanto divierte. Y es que Gerardo hace a sus oyentes sonreír, reír y hasta llorar. Tras esta ovación es cuando habló, cuando terminó de subirnos a todos a su barco para confirmar con él que “la guitarra flamenca, en concierto, en su más esencial forma y desprovista de todo elemento acompañante puede ser un concierto atractivo, interesante y digno de ocupar el lugar que se merece en las programaciones de todos los espacios musicales”. Y aún quedaba mucha música por oír. Endiabló la técnica cuando quiso, flotó, planeó... y quiso terminar por bulerías, unas bulerías que, de vuelta de Santiago o de la Plazuela, salen de órbita. La ovación fue tan sentida, tan brutal, que no tuvo más opción que hacer bis. Tocó, como dijo, algo poco usual para los guitarristas: un pasodoble. Y se lo dedicó a su madre, que estaba allí viéndolo. Una joya de ritmo y de cadencia, sensible al más. Quedaban aún unos pasos que andar... y lo hizo casi sintetizando todas las formas de su guitarra, dándose por entero. El público volvió a estallar en aplausos, pero ya no se le podía pedir más. La batalla estaba ganada... una batalla más. La guitarra flamenca sigue avanzando en la lucha por conquistar su sitio.


Gerardo Nuñez

Foto: Daniel Muñoz

revista@flamenco-world.com

Más información:

La web oficial de Gerardo Núñez en Flamenco-world.com

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Todo sobre la XIII Bienal de Flamenco de Sevilla 2004

 
 
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