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Eva la Yerbabuena
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EVA YERBABUENA. ‘A CUATRO VOCES’
XIII BIENAL DE FLAMENCO DE SEVILLA 2004

El baile verso

Silvia Calado. Sevilla, 18 de septiembre de 2004

‘A cuatro voces’. Eva Yerbabuena: baile, coreografía, dirección escénica. Paco Jarana: guitarra y música. Cuerpo de baile: Mercedes de Córdoba, María Moreno, Sonia Poveda, La Choni, Estefanía Cuevas, Luis Miguel González, Juan Manuel Zurano, Eduardo Guerrero, Amador Rojas, Alejandro Rodríguez, Eduardo Lozano. Cantaores: Pepe de Pura, Segundo Falcón, Enrique Soto. Colaboración especial: Miguel Poveda. Percusión: Antonio Coronel, Efraín Toro. Saxo y flauta: Ignacio Vidaechea. Letras: Horatius García. Teatro de la Maestranza. Sevilla, 18 de septiembre de 2004. 21 horas. XIII Bienal de Flamenco de Sevilla.


Eva la Yerbabuena
 
Foto: Daniel Muñoz

 

Eva Yerbabuena tiene un universo dentro, que va mucho más allá del baile. Quiere compartirlo y lo muestra en forma de danza teatro, sacrificando incluso el trance en el que tantas veces la (nos) sumerge su baile. ‘A cuatro voces’ está inspirado en cuatro poetas, en sus biografías y en sus poemas, pero también funciona como abstracción en la que la poesía es baile y el baile, un verso. Y no sólo el baile, sino que también riman -de forma libre, eso sí- el movimiento coreográfico, la iluminación, la escenografía, la música... Todo el esfuerzo intelectual -no ya el físico- de la artista se ha volcado en la confección de un espectáculo que funcione como tal... y no a medias, sino de principio a fin. Quizás por eso nunca llega ese baile sobrehumano que, como la soleá de ‘La voz del silencio’, eclipsaba todo lo demás. Y no es que Eva Yerbabuena no baile o que no baile bien, ya sería una obviedad anunciar su calidad como intérprete, es que la energía y la emoción están equitativamente repartidas.

Como en ‘5mujeres5’, la obra comienza con la apertura de puertas, implicando al público (que abarrotaba el teatro) desde el principio. La voz en off que anuncia la cuenta atrás, lo hace a lo poeta. En la tabla hay naranjas y una escena en desarrollo, con dos personajes. Una huerta. Un juego. Prólogo. Son estrofas, en lugar de escenas o actos. La primera es ‘Llanto de madres’. Un llorar sordo, que no suena, que apenas se mueve. Eva Yerbabuena, en camisón blanco, se mueve a cámara lenta. La travesura es meterse en los zapatos de un adulto. Suena un piano. ‘Claro de luna’ de Debussy. El baile desbailado. El grupo. La estampa colectiva. Motivos sencillos en pies y formas, multiplicados con sentido, con musicalidad. Quietud, mucha quietud. Serrana. El cante anciano de Pepe de Pura. Distintos planos de acción. Eva Yerbabuena, vestida como una viuda lorquiana, se queda sola con el cante, por cierto, integrado en la acción como un elemento de igual importancia que la danza. En el mismo plano se ha querido situar la palabra cantada, como parte de ese acertijo -sin interlocutor- que plantea la artista: ¿de qué poeta se trata? Toca Paco Jarana, allá en el segundo plano del fondo a la derecha. El cante. Ella baila por seguiriya, con toda la densidad que le cabe. Sólo percusión en sus pies y en las manos de Efraín Toro. Toná. El cantaor y la bailaora caen de rodillas. Otro ‘flash’ de genialidad... uno más.

Segunda estrofa. ‘Velintonia, 3’. La mitad izquierda del fondo transparenta un encuentro... entre poetas. Mano a mano por fandangos de Miguel Poveda, Segundo Falcón, Enrique Soto y Pepe de Pura. Se canta a la “injusticia social”, pero no con la virtud poética que siempre ha usado el flamenco para expresar lo mismo, sino pronunciando ambas palabras. Antiflamenco. Antimúsica. La osadía de medirse con los cuatro poetas y con el poeta popular sin nombre no funciona. Otro verso: soleá por bulerías, ‘Desde niños’. Coreografía a cuatro hombres. Interés en los sonidos y en los dibujos del movimiento. La bailaora se alterna con ellos, vestida de raso rojo. Pellizco ‘interruptus’. La música fluye, dulce, con evocadoras pinceladas. Por cierto, que el cuerpo de baile (casi por completo renovado hace pocos meses) está ya compacto y perfectamente instruido para la ocasión, no como en el Festival de Mont de Marsan. Para ellos son los primeros aplausos de la noche.


Eva la Yerbabuena
 
Foto: Daniel Muñoz

 

Llueven hojas secas. Una niña juega en el borde de una cama de flores. La bailaora está, pero no se muestra. Paco Jarana interpreta la música que el compañero Juan Carlos Romero creó para el poema ‘Asesinato’ de Lorca, en la versión de Enrique Morente que Miguel Poveda se dispone a interpretar. Atrás, la niña se viste de dama blanca. Delante, el cantaor-poeta canta a la cara a la bailaora-sentimiento. Se mueven como péndulos enfrentados. Ella le tapa la boca. Ah, genial. Los barrenderos amontonan las hojas a los pies del poeta. Una fila de blancas. Una fila de negras. Bailan al ajedrez. Tientos tangos. El poema del parto chirría en la boca del cante. La coreografía del grupo es imaginativa, personal... también en esta tarea avanza Eva Yerbabuena, que aparece despeinada, vestida con camisa y pantalón, tirando de estética feísta. La bulería es el verso ‘Ahora más que nunca’. Baile de arte. La pataíta congelada. Remates quietos. El diablo en los pies. El escorzo curvo antigravedad. Ahora sí, la poesía. “Fui piedra y perdí mi centro”. Muerte. El poeta se queda solo. “Qué raro que me llame Federico”. La intensidad y la profundidad de la pieza estremecen. Oles. Voces de niños, que leen poesía como lo hacen los niños. “Me han traído una caracola”. “Yo vuelvo por mis alas, dejadme volver”. Los barrenderos terminan su labor, como borrando las palabras. Papel en blanco. Nana a dos voces. Ausencias. Mármol. Guitarra leve.

Podía ser el final, pero aún queda la cuarta estrofa, la estrofa epílogo ‘Fieramente ángel’. Los cuatro cantaores, los cuatro poetas, están sentados alineados en el lado derecho. La columna central con treinta camisas que hace de fondo se acierta a ver ahora. Alegrías. Eva Yerbabuena aparece enfundada en un traje almidonado color oro viejo, con volantes de encaje blanco. Olor a alcanfor. Agarra la tradición del baile, paseándose por el borde de la ortodoxia. Personal. Señora. Paladeando. La ovación se siente como un rugido tras tanto tiempo contenida. Todos están quietos mirando hacia delante. Eva Yerbabuena tiene los ojos cerrados. Los poetas se recogen cantando cada uno una letra definitoria. Ella se queda sola. Da un paso al frente. “Este es mi sitio y no lo cambio por ninguno. Caí. No me arrepiento”. Juicio final.

“Mientras haya en el mundo una palabra cualquiera, habrá poesía”. Mientras haya en el mundo un movimiento cualquiera, habrá baile.

revista@flamenco-world.com

Más información:

Entrevista a Eva Yerbabuena (septiembre, 2004)

La trastienda de... Eva Yerbabuena en ‘A cuatro voces’

Todo sobre la XIII Bienal de Flamenco de Sevilla 2004

 
 
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