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RAFAEL CAMPALLO.
‘DON JUAN FLAMENCO’
XIII BIENAL DE FLAMENCO DE SEVILLA 2004
No es sólo el
baile
Carlos Sánchez. Sevilla, 20 de
septiembre de 2004
Fotos: Daniel Muñoz
‘Don Juan Flamenco’. Rafael
Campallo: baile y coreografía. Úrsula López,
Adela Campallo, Choni, Lebri, Choro, Maribel Ramos: baile.
Jeromo Segura, Sonia Miranda, Virginia Gómez, Manuel
Lombo, Alicia Acuña, Manuel Rivera: cante. Colaboración
especial: El Polaco. Paco Serrano, Tino van der Smann, Juan
Campallo: guitarra. Juan Ruiz: percusión. Dirección
escénica y guión: Martin Platt. Teatro Central.
Sevilla, 20 de septiembre de 2004. 21 horas. XIII Bienal de
Flamenco de Sevilla 2004.
Rafael Campallo quiso conquistar al público sevillano
de la manera que mejor sabe, bailando. ‘Don Juan Flamenco’
traslada el clásico de Tirso de Molina –’El
Burlador de Sevilla’- a las puertas del siglo XXI. La
soleá y la seguiriya fueron los argumentos precisos
para dejar palpable la calidad del bailaor sevillano. Lo que
ocurre es que el éxito de un espectáculo no
sólo depende de las cualidades del propio artista.
Existen otros elementos imprescindibles que condicionan el
trabajo del mismo. Es más, una mala combinación
de estos ingredientes puede ir en detrimento de la calidad
del propio artista. Y esto es lo que ocurrió en el
espectáculo del bailaor sevillano.
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Rafael Campallo seduce con su baile. El sevillano baila.
Y a medida que van transcurriendo los minutos su baile se
asienta. Va tomando cuerpo. Se va soltando. Su segunda seducida,
Úrsula López, despierta de la embriaguez al
bailaor sevillano con una soleá por bulería
con fuerza, casta, brío. Los roles se intercambian.
Es ella la que seduce al Don Juan. El cante de Jeromo Segura,
esa voz de la escuela ‘arcangeliana’, da fluidez
a cada una de las escenas. José Vidal ‘El Lebri’
dejó buenas sensaciones por alegrías. Sarcástica
fue la petenera con la que Don Juan mata con una pistola a
Luis ‘El Polaco’. Nos quedamos con la soleá
del bailaor sevillano.
Pero el baile tuvo muchos elementos en su contra, desde el
sonido a la iluminación. La escenografía, una
propuesta un tanto atrevida para actualizar a este galán
del siglo XVII, llegó a provocar la carcajada del respetable,
que no pudo ni con la barra de bar, ni con la discoteca. Eso
sí, había que tener en cuenta el tono irónico
que aireaba este ‘Don Juan Flamenco’, jugando
con diferentes imágenes retrospectivas de Sevilla que
ayudaban a reflejar los respectivos decorados que se sucedieron
a lo largo de una obra que duró casi dos horas, con
descanso incluido.
En la segunda parte hubo momentos muy interesantes como el
paso a dos por tangos de Adela y Rafael Campallo. La seguiriya
pone punto y final al espectáculo. Don Juan es condenado
al ocaso amoroso. Es aquí donde el artista sevillano
despliega toda su batería de recursos. No es necesaria
tanta parafernalia.
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