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COMPAÑÍA
JAVIER LATORRE. ‘TRIANA, EN EL NOMBRE DE LA ROSA’
XIII BIENAL DE FLAMENCO DE SEVILLA 2004
La pasión según
Latorre
Silvia Calado. Sevilla, 23 de septiembre
de 2004
Fotos: © Diego M. Ruperto
‘Triana, en el nombre de la rosa’.
Cuerpo de baile: Mara Martínez, Fuensanta le Moneta,
Belén Mora, Encarna López, Nani Paños,
Álvaro Paños, Daniel Navarro, Pedro Córdoba.
Guitarristas: Ricardo Rivera, Keko Baldomero. Cantaores: David
Palomar, Antonio campos, Sabrina Romero. Piano: Sergio Monroy.
bajo: Alejandro Benítez. Percusión: Sabrina
Romero, Isaac Vigera. Idea original, dirección y coreografía:
Javier
Latorre. Guión: Javier Latorre y Luis Clemente.
Temas: Javier de la Rosa (Triana). Composiciones originales,
arreglos y dirección musical: Ricardo Rivera. Teatro
Lope de Vega. Sevilla, 23 de septiembre de 2004. 21 horas.
XIII Bienal de Flamenco de Sevilla.
Triana, el grupo más emblemático del rock andaluz,
recibe un particular homenaje. Viene desde el flamenco, la
música que tácitamente estaba en sus canciones
y cuyas puertas abrieron a rockeros, hippies y demás
fauna de la época. Más llamativo es aún
que el homenaje venga no ya de la música flamenca,
sino del baile. El artífice de tal experimento es el
coreógrafo Javier Latorre, que atraviesa una prolífica
etapa creativa que esta temporada se materializa en trabajos
de la envergadura de ‘El
Loco’ para el Ballet Nacional de España o
el musical ‘Los
Tarantos’ que ahora se estrena en Barcelona. Con
una compañía formada por un cuerpo de baile
con ocho bailarines-bailaores de primera línea y un
grupo musical capaces de transformar en una farruca ‘Tu
frialdad’, el espectáculo repasa la discografía,
las etapas y las distintas tonalidades de una música
plagada de simbolismo y de pasión.
Foto: © Diego M. Ruperto
‘Triana, en el nombre de la rosa’ arranca con
un tema emblemático: ‘Abre la puerta, niña’.
Tangos y bulerías. Todos los bailaores. Diagonales.
Dinámica coreográfica con marchamo ‘latorre’.
No hay fin ni principio de los temas, simplemente, se funden
unos con otros. ‘Rock de la calle Feria’ es una
balada protagonizada por un bailaor solista. Aflamencado (con
las pautas actuales), el repertorio de Triana se despoja del
barroquismo de la psicodelia. ‘En el lago’ da
continuidad a los tangos que incesantemente siguen moviendo
el disciplinado cuerpo de baile. El grupo da hueco a breves
piezas individuales, como anunciando lo porvenir. El cante
corea un ‘lereiré’. Un montaje audiovisual
separa el primer bloque del segundo, un frito de imágenes
de estética trasnochada. La guitarra solea con una
melodía entresacada del repertorio trianero. Todo el
romanticismo. Paso a dos almibarado. “Reina de la morería,
cada vez que estoy a tu vera...”. De la bulería
a la soleá. Vuelve el grupo. Asimetrías. Simetrías.
‘Luminosa mañana’. Simbolismo en las letras.
El pájaro. El sueño.
Languidez. El tono del espectáculo se contagia del
de las canciones de Jesús de la Rosa, una penumbra
melancólica con la esperanza de luz. La rumba la trae.
Aire latino en la percusión. La obra se transforma.
Vuelta a la vida. Otro audiovisual evoca otra portada de álbum
del grupo. Velas por el barrio. Otro bloque. ‘Hijos
del agobio’ viene convertido en martinete. La copla
es dicha a lo jondo. “Ey, amigo, ¿cómo
estás esta mañana?” Paso a dos masculino.
Suavidad. Levedad. Fuensanta
la Moneta, ganadora del Desplante 2003 en el Festival
de La Unión, una vez demostrada su capacidad para adaptarse
al grupo, brinda el solo más flamenco de todos, por
seguiriyas. Le canta casi susurrando Sabrina Romero, también
‘cajonera’. A lo Manuela Carrasco, temperamental.
Para ella es la ovación primera. Otra secuencia de
imágenes de pastosa estética pone otro separador.
Más romanticismo. Más azúcar. Paso a
dos femenino.
Otra estampa. Daniel Navarro toma el protagonismo, un bailaor
que no para de dejar sentada su versatilidad (el otro día
representaba en este mismo teatro al conejo de ‘Alicia’,
hace dos años a Rinconete) y su creciente calidad como
intérprete. En estos jaleos hechos a partir de ‘Una
historia’ también se luce como coreógrafo.
Sin respiro, se incorpora al cuarteto que bailará la
farruca ‘Tu frialdad’, una de las piezas más
brillantes del montaje tanto por el baile, que refresca la
tradición sin empañar los cánones, como
por la música... sorprende la adaptación. Un
puñado más de imágenes. Y el último
bloque. Tono de balada. Ellas. Tangos. Ellos. ‘Una noche
de amor desesperada’. El baile no cesa... y sin repetirse.
Tour de force. Todos los pasos. Todas las combinaciones coreográficas
posibles. Y justo cuando comenzó a hacerse largo, llegó
la nana a terminar de estremecer al respetable, con sus velas,
sus barrocas escenas congeladas, su crucifixión y su
muerte. Pasión. La ovación fue sentida. Triana
está en el alma de muchos y quizás ahora estará
en el alma de otros tantos que ahora han accedido al grupo
con este flamenco ‘atrianado’ tan sui generis
para un neófito. Y así pudo atestiguarlo el
propio Eduardo Rodríguez (guitarrista fundador de Triana),
que recogió emocionado los aplausos. “Me vais
a sacar el corazón por la boca”, decía
ya fuera del teatro a los creadores de este tributo.
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