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EL GÜITO.
‘DE MADRID A SEVILLA’.
XIII BIENAL DE FLAMENCO DE SEVILLA 2004
¿Estreno?
Silvia Calado. Sevilla, 27 de septiembre
de 2004
Fotos: Daniel Muñoz
‘De Madrid a Sevilla’. El
Güito: baile solista. Maripaz Lucena: primera bailaora.
Milagros Menjíbar: artista invitada. La Truco, La Popi,
Maribel Espino, Maribel Agámez, Miguel Téllez,
Rafael Peral, Nino de los Reyes, Jesús Carmona: cuerpo
de baile. José Jiménez, El Porras, Leo Triviño:
cante. Felipe Maya, Juan Serrano, Pepe Maya: guitarras. Teatro
Lope de Vega. Sevilla, 27 de septiembre de 2004. 21 horas.
XIII Bienal de Flamenco de Sevilla 2004.
Estupefacción. Si alguien leyó en el texto
del programa de mano que lo que presentaba El Güito era
un espectáculo “creado en exclusiva mundial para
el 25 Aniversario de la Bienal de Flamenco de Sevilla”
fue, cuanto menos, estupefacción lo que sintió.
Como estrenar, se estrenaba el título ‘De Madrid
a Sevilla’, algún cambio en el elenco y la invitación
a la bailaora Milagros Menjíbar, pues todo lo demás
era el espectáculo ‘Mis recuerdos’ que
el público ya ha tenido oportunidad de ver desde hace
al menos un par de años en escenarios como el Teatro
Albéniz de Madrid, en el Teatro
Villamarta de Jerez e incluso en el Teatro de la Fundación
El Monte aquí en Sevilla. Que no engañen al
público.

Compañía de baile
de El Güito
Efectivamente, hay acuerdo en valorar como un regalo la posibilidad
de ver sobre un escenario aún hoy a un maestro, un
baile y un estilo que ya son historia del baile flamenco.
Y lo es tanto para nostálgicos, como para aficionados
noveles. El Güito es la soleá y, apurando, también
la farruca (como otros compañeros de generación
que asimilaron el legado de Los Pelaos). Y acomete esos bailes
con una parsimonia, una sobriedad, un recogimiento y una autoridad
tal que el reloj se detiene, que la respiración queda
contenida. Ni un paso de más. Perfecta réplica
de sí mismo. En su campo, lo mismo cabe decir de Milagros
Menjíbar, cancerbera de los cánones de la
escuela sevillana de baile que tan férreamente defiende
la maestra Matilde Coral y de quien es obediente pupila. Bailó
por alegrías, a la antigua usanza, con una bata de
cola blanca y roja que paseó con señorío
y feminidad por la tabla entre los oles del respetable.
¿Y el resto del espectáculo? Simplemente, como
las veces anteriores, relleno. Con un cuerpo de baile de cuatro
bailaoras y cuatro bailaores poco o nada ensayados, tres guitarristas
de recursos limitados y tres cantaores de escaso nivel, salvar
el montaje era complicado. Tampoco es que como coreógrafo
de grupo el trabajo que firma El Güito tenga especial
interés, tan persistente en la simetría, la
línea recta frontal... con alguna diagonal como única
floritura. Plano. Bailaron ellas y ellos por seguiriyas. Después,
ellas bailaron un taranto, con un espacio para el solo de
Maripaz Lucena quien, eso sí, cumplió con su
cometido, con pulcritud, con dignidad, al igual que en el
paso a dos -por seguiriyas otra vez- que compartió
con el cabeza de cartel. Los cuatro hombres ofrecieron unas
alegrías, cada uno la suya, tal era la falta de compenetración.
El cuarteto femenino volvió con una soleá por
bulerías de fin de curso de academia, en la que hasta
el vestuario era desafortunado. Todos se encontraron en escena
para el fin de fiesta por bulerías. El público
aplaudió, como siempre, mucho... y El Güito lo
agradeció. Pero un espectáculo -supuestamente,
de estreno- no se justifica con un baile ni con un nombre.
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