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María Pagés
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MARÍA PAGÉS. ‘CANCIONES ANTES DE UNA GUERRA’
XIII BIENAL DE FLAMENCO DE SEVILLA 2004

Los tesoros del bazar

Silvia Calado. Sevilla, 28 de septiembre de 2004
Fotos: Daniel Muñoz

‘Canciones antes de una guerra’. María Pagés: idea, concepto, guión, coreografía y baile solista. María Morales, Mar Jurado, Sonia Fernández, Cristina Tomé, Guadalupe Torres, José Barrios (coreografía alegrías), Emilio Herrera, Abel Harana, Alberto Ruiz, Joaquín Mulero. Ana Ramón, Ismael de la Rosa, Ismael de la Rosa ‘Bolita’: cante. José Carrillo ‘Fity’, Rubén Lebaniegos, Isaac Muñoz: guitarras. Chema Uriarte, Francisco Alcaide: percusión. Colaboración especial de Tsidii le Loka y Paco del Pozo. Dirección: José María Sánchez. Teatro de la Maestranza. Sevilla, 28 de septiembre de 2004. 21 horas. XIII Bienal de Flamenco de Sevilla 2004.

El bazar de las ideas tenía aún mucha mercancía en la trastienda. Y no cacharrería, precisamente. De ese laboratorio creativo que es la compañía de María Pagés vuelve a surgir un experimento digno de patente. Del esbozo que presentó hace unos meses en el teatro madrileño donde reside la compañía, apenas queda la médula. Al Teatro de la Maestranza de Sevilla ha traído otras canciones y otra presentación más seria, más pudiente; permitiéndose el lujo de contar en escena con la colaboración especial de la cantante sudafricana Tsidii le Loka, con quien ya trabajara en ‘Riverdance’. Impecable en coreografía. Impecable en vestuario. Impecable en ritmo. Impecable en emoción. ‘Canciones antes de una guerra’ es pura creación al servicio de la música (entendiendo el baile no sólo como estética, sino como sonido en movimiento), perfecto equilibrio entre tradición y avance, con el espíritu flamenco a flor de piel.

Con el telón aún bajado y la luz de sala encendida, el antiguo transistor deja oír la primera de las canciones. ‘Boquerones del alma’, interpretada por Angelillo. Negro. Silencio. Al escenario vacío van acudiendo bailaores y bailaoras vestidos de noche que pasean, que se terminan de vestir, que de vez en cuando sueltan algún trocito de zapateado. Palmas, pies... y cajones, cajones que a la vez son pequeños tablaos sobre los que se percute con manos y tacones. Los bailaores de María Pagés hacen música y con ello marcan su diferencia. La escena se convierte en un antro nocturno. Suena el ‘Blues Dingue’ de Henri Salvador. Chicos y chicas se retan, se jalean, juegan... bailando. El trabajo coreográfico denota brillantez. Y también el musical. Arreglos de pies a la música del jazzista francés. Otra canción. Ahora un puerto. ‘Tatuaje’ en la voz de Concha Piquer. María Pagés sale al fin vestida de rojo, con flecos y pedrerías, a lo años veinte. Con actitud tanguera, acaricia la escena, curvilínea, enredada en sus brazos. A sus espaldas, los bailarines forman en parejas. Y ella danza desde dentro, moviendo cada nota, cada giro melódico. Mil y un detalles. Ultrasensibilidad.

Una canción más de esta especial recopilación. La cantaora Ana Ramón toma el papel de cantante, alineada en diagonal con la sonanta, de extremo a extremo de la tabla, para cantarle al instrumento ‘Guitarra dímelo tú’ de Atahualpa Yupanqui, con arreglos flamencos. Los cinco bailaores entienden este tema como una farruca, que bailan homenajeando a la tradición y situando la innovación en la ‘organización’ del grupo. A uno. A dos. A tres. La canción es dicha con sentimiento. Sin apenas respiro, el telón fruncido del fondo abre su boca por el lateral izquierdo, enmarcando a la mitad del grupo. La otra mitad está de perfil al público, en el lado contrario de la diagonal. María Pagés, enfundada en uno de esos vestidos largos que le delinean la figura, entra a bailar soleá por bulerías. Ocupa el espacio entre ambos grupos y con ambos se comunica, primero leve, aérea; luego festera, como una vieja en su patio. Cercana, entregada, flamenquísima. El aplauso es enorme. El grupo se queda bailando por alegrías, el cante con letra de Antonio Machado. Muchas coreografías dentro de una coreografía. Variedad. Dinamismo. Fiesta.

“Intermedio”. Y viene la nota de humor a la que María Pagés no falta nunca, con el anuncio del ColaCao -parte ya de la cultura popular española- a lo flamenco. El público acompaña a las palmas. A ritmo de twist es el spot de los polvos de lavar. Los bailaores departen sonrientes como en un musical. El espectáculo continúa. Juego de luces. Seguiriyas. Economía musical. Suenan los movimientos. La cantante sudafricana entra en acción. Voz femenina para cinco mujeres, cada una con su danza, un sentimiento común. Llega la hora del estremecimiento. María Pagés sale a bailar la ‘Nana de la cebolla’, el poema de Miguel Hernández en la versión del cantautor español Joan Manuel Serrat. Bailar con el alma. Danza alada. Al otro lado de la piel. La guitarra flamenca engancha para recogerla. Lágrimas.

Sin cambiar de tono, pero volviéndolo más cálido, más maternal, Tsidii le Loka sale a cantar ‘Duerme negrito’, también de Yupanqui. Descalza, vestida con un amplio vestido rojo tradicional, llega hasta la boca del escenario, de la que es natural habitante. Comunica, sacude, implica. Músicos y bailaores están en el suelo sentados a su alrededor. Y, sorpresa, a compartir con ella la canción, a hacer de ‘negrito’, sale Ismael de la Rosa junior, un cantaor (no niño gracioso) comprimido que domina la escena como un profesional. Complicidad del público. Los guitarristas no se mueven del suelo. Paco del Pozo sale a pie de escenario, a la derecha a cantar bajo luz cenital ‘Soñar’ con poema de Antonio Machado, dedicado por María Pagés a su hijo Pancho “que empieza a alejarse del maravilloso mundo de la infancia”. Al fondo el velo transparenta el sueño. Los caballos son bailaores que cabalgan como en ‘Bodas de sangre’ de Antonio Gades. Las bailaoras hacen volar los mantones... “Y soñar”. Punto de giro. Música africana. Percusiones que entrecortan el baile. Tsidii canta y danza, invoca. El baile flamenco es el contrapunto. El turno del jazz. ‘When the saints marchin’in’ por Louis Armstrong. Chanza, fiesta, jarana. Estilo fresco, visual en el relacionarse del grupo. El detalle: el toque final por castañuelas de las mujeres arreglando el tema. La manera que esta bailaora y coreógrafa tiene de integrar elementos tradicionales en su trabajo de avance es magistral. Todos se retiran bailando en silencio. El clímax del espectáculo es ‘Imagine’ de John Lennon, cantado por la invitada sudafricana y bailado por María Pagés. Conmovedor. El grupo lo convierte en un luminoso baile por tangos, como para que sea más fácil imaginar ese mundo mejor... que se ilumina al fondo. Los habitantes del planeta allí reunidos aplaudieron entusiasmados la propuesta, mientras la compañía saludaba al ritmo de ‘La vaca lechera’.

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