|
ANDRÉS MARÍN. ‘ASIMETRÍAS’.
XIII BIENAL DE FLAMENCO DE SEVILLA 2004
Vanguardia de raíz
Silvia Calado. Sevilla, 29 de septiembre
de 2004
Fotos: Daniel Muñoz
‘Asimetrías’. Andrés
Marín: baile, dirección artística
y coreografía. Úrsula López, Leonor Leal,
Elena Algado: cuerpo de baile. Encarna Anillo, Londro, José
Valencia: cante. Guitarras y música: J.A. Suárez
‘Canito’, Antonio Rey, Salvador Gutiérrez.
Percusión: Daniel Suárez. Trompeta: Irapoan
Freire. Panderos: Álvaro Garrido. Teatro Central. Sevilla,
29 de septiembre de 2004. 21 horas. XIII Bienal de Flamenco
de Sevilla 2004.
Andrés Marín |
|
| |
|
Asimétrico. Libre. Abstracto. Andrés Marín
se distancia del estándar. Y no porque busque la diferencia
de modo efectista, sino por cuestiones de personalidad. ‘Asimetrías’
es, según define el propio artista, “una propuesta
de la creación de un espacio para desarrollar el baile”.
Ese lugar viene demarcado, principalmente, por el cante que
soporta gran parte del peso de este montaje, mediante tres
visiones que, a su vez, determinan el rumbo del baile. La
música está conducida por las creaciones de
tres guitarristas de distinto signo, con Canito
como pieza clave del entendimiento entre el instrumento
y el bailaor. Tres son también las bailaoras que lo
acompañan, con un papel especial para Úrsula
López, solista de la Compañía Andaluza
de Danza. Baile, cante y toque “recurren al empaste
entre tradición y vanguardia, rindiendo homenaje a
las personalidades y estilos del más puro flamenco”.
Un espacio metálico, austero. Tres cantaores de pie
formando triángulo. Seguiriya y martinete. Andrés
Marín comienza a cortar el aire con su danza angulosa.
Silencio. Parada. El movimiento se piensa antes de ser. Tres
rectángulos de acero en el suelo. El bailaor zapatea
sobre ellos, les busca otro sonido, otra temperatura... como
ya hiciera Vicente
Escudero hace años. Futurismo. La voz oronda de
José Valencia inunda la fragua. La luz se va apagando.
El baile se oye, se siente, apenas se ve. La cantaora está
sentada en su silla de nea junto al guitarrista Antonio
Rey. Voz tostadita, aterciopelada para la milonga ‘Espejismo’.
Oda al cante melódico. Oda a Pepe
Marchena. Contraste en la guitarra de picados trepidantes,
de escalados evidentes. La percusión parece novicia.
El trompetista entra por la derecha. Se queda de pie, dibujando
una melodía matizada con sordina. Tres mujeres. Rojo,
negro y blanco. El ciclorama se ilumina de azul. Tanguillos.
Coreografías asimétricas. Danza entrecortada.
El acento está en la estética. Giros que acampanan
los vestidos. Posturas inéditas de brazos. Aspas. Juego
coqueto. El homenaje al cantaor marchenero prosigue. ‘Marchena’
se llama el taranto. Andrés Marín se sitúa
sobre un rectángulo de luz. Cubismo bailado. Londro
le canta de pie. Danza de detalles mínimos. Úrsula
López entra para el paso a dos, vestida en tonos azules,
sobre una barra horizontal de luz. Muy parada, muy ‘yerbabuena’.
Baile de pareja impar. Ella se queda sola. El taranto, en
lugar de a la mina, canta a la mujer. “Te compro con
el refajo, unas enaguas de azulina”. Y la letra se visualiza
en escena... Toda la sensualidad.
| |
 |
| |
|
Un dedo resbala sobre la piel del pandero. Alegrías.
La cantaora pone voz al baile para tres batas de cola... amarillas.
Pieza luminosa, femenina, respetuosa de las formas. El silencio
da alas a la fantasía. La música suena compacta,
arropando y avivando el baile. Vuelta al recogimiento. ‘Generación
del 27’ une la poesía de Miguel Hernández,
Rafael Alberti y Federico García Lorca con un homenaje
al fandango, en varias de sus formas. La íntima ternura
de Londro (mecida por la guitarra estratosférica de
Canito), el suave oleaje acancionado de Encarna Anillo, el
torrente sin mesura de José Valencia. Fundido a negro.
Y vuelta al cante. Sobre un fondo de voces fantasmagóricas,
cante sin música. Vuelta completa por los tres cantaores.
El baile se empieza a echar de menos. Tardará en reaparecer
el bailaor... y su sombra. Soleá desde otros tantos
ángulos. Y el bailaor, equidistante, adaptándose
a todos. Ya el acento en los pies, ya en el no movimiento,
ya en el extraordinario repertorio postural. El fondo se enciende
tenuemente anaranjado. Diálogo marciano con la guitarra
de Canito, cuyo sendero compositivo también trasciende
los cánones. Andrés Marín es un gran
entendedor y conocedor de la música, condición
‘sine qua non’ para la abstracción. Libre.
Estético. Único. No se parece a nadie más
que a sí mismo. Su baile es duro. Y cuesta decirle
ole, aunque lo merezca, pues desconcierta, interesa, desafía.
La bulería llega imparable, con Rey refriendo los ingredientes
que toma de aquí y de allá. El bailaor prosigue
con su complejo minimalismo. Las tres bailaoras. Última
asimetría grupal. La trompeta da la última llamada.
El teatro lleno explota en un intenso aplauso que acaba a
compás, dando el plácet a un espectáculo
flamenco sencillo, pulcro y continuador de la senda estética
emprendida por Andrés Marín con ‘Más
allá del tiempo’.
revista@flamenco-world.com
|