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Miguel Poveda. Bienal de flamenco de Sevilla, 28 de septiembre de 2006
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Miguel Poveda
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BIENAL DE FLAMENCO DE SEVILLA 2006. MIGUEL POVEDA, ‘TIERRA DE CALMA’

Arte grande

Silvia Calado. Sevilla, 28 de septiembre de 2006

‘Tierra de calma’. Miguel Poveda: cante. Juan Carlos Romero: música, guitarra. Paquito González, Antonio Coronel: percusión. Carlos Grilo, Luis Cantarote, Juan Cantarote: palmas. Eva Yerbabuena, Dorantes, Diego Carrasco, Paco Jarana: colaboraciones especiales. Pepa Gamboa: dirección de escena. Manu Madueño: iluminación. Balbina Parra: regiduría. Eduardo Ruiz: sonido. 14º Bienal de Flamenco de Sevilla 2006. Teatro Lope de Vega. Sevilla, 28 de septiembre de 2006. 21 horas

Alto ha puesto el listón Miguel Poveda. El estreno de su nuevo disco ‘Tierra de calma’ en el Teatro Lope de Vega desató la euforia de Sevilla, esa tierra que le ha dado la calma, esa tierra que le ha devuelto al flamenco, esa tierra que anoche firmó con tinta indeleble su certificado de adopción. No es normal lo que se vivió en este coqueto coso del señalado año de 1929. La entrega del público se masticaba desde antes de la apertura de puertas. Sevilla venía a hacer suyo a Miguel Poveda. Y él se entregó sin reservas. No se trata ya de que sea uno de los mejores cantaores que ha dado el flamenco en los últimos tiempos. No se trata sólo de eso, pues en el escenario no oculta a la persona y tiene ese don natural para enamorar a la audiencia, desde la más discreta humildad. Y eso lo demostró con la ristra de geniales invitados que se prestaron a participar de esta puesta de largo. Eva Yerbabuena, Dorantes, Diego Carrasco, Paco Jarana. Seguro que le costó el dinero la actuación, seguro que no pensó jamás en que pudieran eclipsarlo, llegando incluso a dejarlos hacer disfrutándolos como un espectador cualquiera. Y eso es grandeza. Qué poco se viven estas escenas de disfrute compartido por mor tan sólo del arte.


Miguel Poveda con Eva Yerbabuena
(Foto: Luis Castilla. Bienal de Flamenco de Sevilla)

La esencia de Sevilla sintetizada en una imagen. El azul del cielo reflejado en una fuente. En el agua, flotando, una naranja amarga. La estampa se disipa y amanece con un dulce ‘lereirere’. Cante y toque por farrucas, que encierran toda la labor de creación y recreación de Miguel Poveda y Juan Carlos Romero, ese propósito de “crecer en el flamenco, pero partiendo desde dentro”. Oda a la ‘Tierra de calma’. A la reunión se suman Paco Jarana, que viene a dar asiento a la música, y los hacedores del compás y el ritmo repartidos en cinco partes entre palmeros y percusionistas. El grupo prepara un lienzo sobre el que el cante va dibujando. Esboza, sombrea, difumina, perfila... Y la guitarra espaciada del onubense, que hace de inspiradora musa. ‘Calle del mar’, malagueñas y abandolaos. Los oles salen de dentro y de fuera de la escena, presentada, por cierto, con un toque de ‘estilismo’ de Pepa Gamboa. Por un ratito abandona el repertorio del disco para desfogar por alegrías, un palo que nunca obvia en sus recitales. Ese poderío como de cantaor antiguo, esa capacidad para resolver con belleza cada tercio y ese algo que nunca se sabe describir hacer al teatro romper en gritos y aplausos en las primeras coplas. Ahora, juega, alarga, rompe. Y hasta se acuerda de los maestros de Cádiz. El teatro se cae de placer. Vuelta al disco (y qué raro es que un flamenco se ciña a su disco cuándo lo presenta). Ahora toca sólo la guitarra de Romero, por soleá. ‘Náufragos del hambre’ se compromete con lo profundo, con el reto musical. Guitarra y voz atrapan la sensibilidad del respetable, que goza cuando el cante caracolea, cuando encabalga los tercios, cuando cambia la tonalidad, cuando se clava a cuchillo. Qué fuerte. Y, de pronto, nos hace salir del trance con un disfrute por bulerías. ‘Como la luna en el agua’ la va cantando ayudado por manos y brazos, que enfatizan la expresión de cada letra, también esta original de Juan Carlos Romero, que escribe pensando en la experiencia vital. Tiene un algo de lo que hoy se llama tema con estribillo, pero sólo lo justo para tararearlo, pues no pierde la frescura natural del flamenco.

Y a esto que entra en escena la magia personificada en Eva Yerbabuena. Matilde Coral, que es su fan número uno, le da el primer ole a su estampa. Apenas avanza como levitando por el borde del escenario hacia un encuentro con el cantaor, que en pie le dice el ‘Canto de la resignación’ de Carmen Linares. La toná, el silencio y la fantasía. El cambio actúa como acicate en su cuerpo, que al fin se quiebra. Conmoción. Pero la sorpresa estaba aún por venir, ese regalo a Sevilla que Miguel no quiso desvelar, pero se intuía. Al piano de esencias de Dorantes, Eva Yerbabuena baila las sevillanas ‘Y en medio del río’. Bueno, baila su creación sobre esa música y ese cante por sevillanas, que recuerda las formas de Salmarina. Y las palabras no caben aquí. Qué finura, qué belleza, qué manera de recoger la idiosincrasia de esta ciudad, del reflejo de su río, de la coquetería de sus mujeres. Y el trozo de Sevilla que está en el teatro decide rendirse a los pies de este triángulo de artistas. Queda el piano para hacer de guitarra -en la onda voladora de Romero- en los tientos-tangos, una pieza que queda de elegante a resultona en un diálogo bidireccional. Miguel Poveda se dirige a Sevilla, da las gracias y deja claro “que me lo estoy pasando bomba”.

Y sigue disfrutando con un popurrí de copla española por bulerías que hace las delicias de todos. Tanto, que casi ni le dejan acabar. Hay que recordar que, entre otros muchos proyectos, el cantaor ha estado liado en uno basado en este género junto a Martirio y lo domina como nadie. Con un acierto total en la estructuración del repertorio y la consiguiente creación del clima, continúa el ‘crescendo’ con la intervención de Diego Carrasco -ovacionado al entrar- para departir con la bulería torera ‘Alfileres de colores’. Miguel se da el gusto de empaparse de este artista integral, que canta, baila, toca y crea. Y no se reprime unas pataítas. El flamenco divertido. Ole con ole y ole. El público revienta en aplausos. Los tangos ‘Buenas intenciones’ anuncian el final, todo luz, todo vitalidad. Y, de repente, se oye a Diego recitando en caló, que viene entrando con Yerbabuena del brazo. Tras un ratito de arte de la pareja, con Poveda en el papel de espectador, todos se levantan y se desenchufan, haciendo corro en torno a la bella morena que va a bailar por bulerías, como se dice en Sevilla, ‘pa quitá er sentío’. Valga la expresión para describir lo que allí sucedió porque fue grande, muy grande. Por supuesto, el público reclamó en unánime ovación en pie y a compás un poquito más. Y Miguel Poveda tuvo la osadía de dar las gracias por seguiriyas junto a Juan Carlos Romero, en un epílogo jondo que cayó en lo más hondo de Sevilla.

Peñas de Guardia

Con una etiqueta importada del Festival de Jerez, la Bienal de Sevilla 2006 también programa sus madrugadas en colaboración con las peñas de la ciudad. Entre los días 2 y 12 de octubre ocho peñas van a programar flamenco en formato íntimo a partir de las 23.30 horas. Cuatro carteles irán rotando por peñas como Torres Macarena, Cantes al Aire y El Turruñuelo en Triana, La Fragua en Bellavista, Niño Ricardo en el Polígono San Pablo, El Chozas en Barriada La Plata, Amigos M. Mairena en Cruz del Campo y Jumoza 3 en Parque Alcosa. Entre los artistas convocados se encuentran Antonio Moya, Lucía Montoya, El Oruco, Luis Amador y Rocío de Carmen, entre otros. El programa se prolonga tras la clausura del festival hasta el 31 de octubre.


Y mañana...


Fuensanta la Moneta y José Valencia (Foto: Daniel Muñoz)

 

José Valencia / Fuensanta la Moneta. Teatro Alameda, 21 horas. El ciclo que da la alternativa a los jóvenes valores del flamenco, continúa en La Alameda con un cartel compartido por José Valencia y Fuensanta la Moneta. El cantaor lebrijano, que tantas veces ha pisado la Bienal como acompañante, sale ahora ‘alante’ con “un pequeño concierto clásico, de formato tradicional y enmarcándome en mi tierra, Lebrija”. La bailaora granadina, que es de las artistas que suelen llevar a José Valencia en su grupo, va a incluir en su repertorio unas alegrías con bata de cola “que tengo que agradecer a Matilde Coral” y una farruca que le montó Javier Latorre, en cuya compañía ha pasado las últimas temporadas. Ambos coincidieron en que la actuación será “un reto y una responsabilidad” a los que piensan sacar partido.


Manuel Molina y Tomasito
(Foto: Daniel Muñoz)
 

Los Juncales: Manuel Molina, Diego Carrasco, Moraíto, Tomasito. Hotel Triana, 23.30 horas. Tras el estreno en el Festival de Nîmes 2006, Los Juncales vuelven a reunirse, pero esta vez en la cabal tierra de Triana. Ya rozando la madrugada, se juntarán en el escenario del patio del antiguo Hotel Triana el guitarrista Moraíto y los multiartistas Diego Carrasco, Manuel Molina y Tomasito, que se confiesan admiración y respeto mutuo. La velada promete “algo mágico e imprevisible” pues, según dejó claro Manuel Molina, “lo que sale del corazón no está ni en los papeles ni en los ensayos”.

 

Más información:

Todo sobre la 14º Bienal de Flamenco de Sevilla 2006: seguimiento diario completo, programa, noticias, tienda online...

Miguel Poveda vuelve al flamenco con el nuevo disco ‘Tierra de calma’

Entrevista a Juan Carlos Romero, guitarrista (octubre 2004)

Entrevista a Eva Yerbabuena, bailaora (julio 2006)

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