BIENAL DE FLAMENCO DE SEVILLA
2008. JOSÉ MERCÉ, EN CONCIERTO
Cante de cantaor
S. C. Sevilla, 2 de octubre de 2008
José Mercé en concierto.
José Mercé: cante. Moraíto:
guitarra. Diego de Morao: guitarra. Marcelino Fernández:
cajón. Enrique el Zambo, Chícharo, Bo, Mercedes
García. Baile: Curra. 15º Bienal de Flamenco
de Sevilla. Teatro Maestranza. Sevilla, 2 de octubre de
2008. 21:00 horas
José Mercé
(Foto Daniel Muñoz) |
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La caja negra del teatro. Un foco cenital.
Un cantaor de pie. José
Mercé, a palo seco. El último quejío,
la palabra “libertad”. Y lo que el cantaor
jerezano quería hacer anoche en el Teatro Maestranza
era cantar cantes, cantar por derecho. Ni iluminación,
ni banda, ni canciones, ni siquiera un sonido cuidado.
Una silla en el centro del escenario y la guitarra de
Moraíto, que llena solo como si fuera una orquesta.
Tras dar las buenas noches a Sevilla,
que le dedicó una cálida ovación
de bienvenida, se templó en la malagueña
del Mellizo.
Con la garganta ya a punto y Diego
del Morao de segunda guitarra, mascó sin prisas
la soleá. Su eco se fue abriendo, entremetiendo
ya en la desembocadura bravías embestidas. Y entonces
se dio un respiro. Guitarra-padre trajo a colación
su mejor sinfonía, ‘Rocayisa’. Y guitarra-hijo
le acompañó cogiéndole el paso con
el característico swing familiar.
Mercé volvió aplaudiéndoles.
Tomó asiento para remeterse del todo. Para la seguiriya.
La introducción de Morao demarcó la climatología.
Y entonces el cantaor José Mercé apretó
los puños y le dolieron las entrañas. El
cuerpo se le hizo como pequeño. Pero su voz se
hizo inmensa. Los aplausos los recogió con la mano
en el corazón. Y como quien cambia de chaqueta,
cambió el dolor por la sonrisa. Un cante por alegrías,
saboreadas, hechas de brisa. Y la ‘Sinfónica
de Santiago’ salió a un tiempo a marcarle
el compás de la marea. Las letras dichas con densidad.
La sonanta juguetona. La energía creciendo.
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Diego del Morao
(Foto Daniel Muñoz) |
Volvieron Mercé y Morao a quedarse
solos con unos “fandanguitos”. Y entre tercio
y tercio, otra sentencia: “Mientras me quede una
pluma, no voy a dejar de cantar”. La ovación
se tuvo que escuchar en Triana. Y había que celebrarlo…
pero como se celebra en el jerezano barrio de Santiago.
El biorritmo ligerito, sin tregua posible. Las letras
como dejándose caer, una liviana, la siguiente
honda. Falsetón de Morao. Una pinceladita de cante
de Enrique el Zambo. Y una vueltecita de la tía
Curra sacada del siglo anterior. El Maestranza se puso
en pie. El público de Mercé quería,
como poco, un poquito más de fiesta. Y el cantaor
le dio su vueltecita bailaora, incluido un pase torero
tan cerca como estaba del vecino albero. Pero lo que de
verdad quería el público de Mercé
era uno de sus hits. Los pedigüeños gritos
inundaron la sala. Y les obsequió con “¡aire!”.
Aún mirando de reojo la letra en el atril (¿),
regaló a su gente una gotita de eso que también
es José Mercé… y el flamenco de nuestros
días.
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Y
mañana...
• Javier Barón,
‘Dos voces para un baile’
Teatro Lope de Vega, 20:30 horas
• Nicasio Moreno,
‘El pintor de sonidos’
Teatro Central, 23:00 horas
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