FLAMENCO BIENNALE HOLANDA 2011
ROSARIO LA TREMENDITA & MOHAMMAD MOTAMEDI, 'QASIDA'
Sin tiempo
Silvia Calado. Amsterdam, 28 de enero de 2011
'Qasida'. Rosario la Tremendita, Mohammad Motamedi: voz. Salvador Gutiérrez: guitarra. Sina Jahanabadi: kemanche. Hadi Azarpira: tar. Hossein Rezaee Nia: daf. Jordi Gaspar: contrabajo. Luis Amador: percusión. Bobote, Oruco: palmas. 3ª Flamenco Biennale Holanda. Melkweg Rabozaal. Amsterdam (Holanda), 27 de enero de 2011, 21:00 horas
Una característica que define a la Flamenco Biennale Holanda, es la de generar encuentros. Si en la anterior edición, el guitarrista Niño Josele dialogó con la cantante bereber Charifa Kersit, en ésta la dirección artística del festival, además de contar con la contemporánea y el jazz, ha mediado entre la cantaora Rosario la Tremendita y el cantante persa Mohammad Motamedi. Y después de algunos días conociéndose, estrenaron su mano a mano en el Bimhuis con un concierto llamado 'Qasida', que también se presentará en el Festival de Jerez 2011.
Lo que suele suceder con este tipo de iniciativas -que tratan, con más o menos fortuna, de demostrar empíricamente que las raíces de lo jondo están en Oriente- es que ambas partes no se conocen lo suficiente como para acometer un diálogo profundo y el léxico común suele ser bastante limitado como para que la conversación fluya con naturalidad. Y todo acaba reduciéndose a convergencias puntuales, derivadas de la búsqueda de estructuras rítmicas comunes.
Efectivamente, en 'Qasida' se trabaja ese recurso ampliamente, con encuentros a compás de fandangos, tientos y tangos, seguiriyas y hasta bulerías (visto desde nuestra flamenca perspectiva). Aunque si este proyecto va más allá de esos contactos estructurales, es por la búsqueda de un tono emocional común basado en lo vocal. Algo que aquí es posible por la compatibilidad entre los dos cantantes, salvando las distancias. Rosario la Tremendita tiene esa manera de decir el cante flamenco que es almibarada y lirista, dúctil y perfeccionista, recargada en las formas y musicalmente intuitiva. Mohammad Motamedi, proveniente de una tradición mucho más antigua y estudiada, aplica escuela y sofisticación al cantar, con técnicas exquisitas que se saben seculares, históricas.
Más en la primera parte que en la segunda, la comunión fue lograda. Y lo fue por razones climáticas, emocionales y temporales... o, más bien, atemporales. Un encuentro que se plasmó con toda su intensidad en la nana, espacio libre para dibujar los cantes despacio, con espacio y con emoción. No a tiempo, sino sin tiempo. Después coincidirían por momentos, por engarces instrumentales (percusión, guitarra, kemanche, contrabajo), por ritmos y, finalmente, según el mágico número tres que a todos nos une, por fandangos. Los ayeos crecieron al final, se superpusieron, se multiplicaron sentimentalmente y, por un instante, pareció que todo encajaba... hasta que la cantaora hizo la egoísta flamenquería de levantarse, de dejar el remate a medias y, de paso, de dejar solo al compañero persa y perplejo al público. Compartir ha de ser mucho más que cantar, mucho más que ser flamenco.
Rosario la Tremendita & Mohammad Motamedi
(Foto Daniel
Muñoz) |