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El arte de Camarón
La Venta de Vargas, un restaurante situado
en San Fernando, es en el mundo del flamenco, el lugar donde
han crecido, personal y profesional-mente, muchos de los
cantaores más importantes de España. En poco
tiempo se convirtió en el centro del arte de Andalucía
y de todo el país. La Venta era el punto de reunión
de artistas, toreros, escritores, pintores, políticos
y cómo no, de cantaores. Allí, con catorce
años, Camarón hace sus primeros pinitos como
cantaor, pero como explica su hermano Manuel “José
cantaba para vivir no vivía para cantar, sólo
lo utilizaba como un medio de vida para llevar un dinerillo
a casa tras la muerte de mi padre”. Fueron años
en los que Picasso, Antonio Ordóñez, Curro
Romero, Lola Flores, Manolo Caracol y un largo etcétera
tuvieron el privilegio de ver cómo se forjaba Camarón
de la Isla, el cantaor más grande que ha dado la
historia.
Página del libro 'La
chispa de Camarón'
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Con 16 años se presentó al
Festival de Cante Jondo Antonio
Mairena, en Mairena de Alcor, el concurso flamenco más
importante de España, y como no podía ser
de otra manera, lo ganó. A partir de entonces, Camarón
se sentiría siempre unido al pueblo de Mairena y
siempre agradeció los gestos de generosidad, admiración
y respeto que los lugareños le profesaron a lo largo
de su vida profesional.
Pese a este éxito, la vida de José
se seguía debatiendo entre los toros y el cante,
era tanta su pasión por lo primero y tanto su arte
para lo segundo que aprovechó cualquier oportunidad
para que sus sueños se hicieran realidad. De hecho,
estuvo a punto de unirse a la cuadrilla de Manuel Benítez
“El Cordobés” si no hubiera sido porque
su amigo Pansequito
le cedió su puesto como cantaor en la compañía
de Miguel de los Reyes. Sería su primer contrato
y la oportunidad que le permitiría viajar a Madrid,
donde según decía “se hacen los toreros,
los futbolistas, los cantantes” y donde le esperarían
la noche, el dinero y la fama.
Tenía 18 años cuando llegó
a la capital. Tras este contrato vendrían otros con
Dolores Vargas “La Terremoto” y, finalmente,
Torres Bermejas, el tablao que le vio debutar. Blanca
del Rey, bailaora y dueña del tablao flamenco
madrileño por excelencia, el Corral de la Morería,
recuerda la importancia que tuvieron en aquella época
los tablaos para la proyección de los cantaores:
“Fueron los años del flamenco. Hoy nadie duda
de la importancia de este arte, dentro de la música
y del baile, de la importancia de la cultura gitana en nuestro
país. Pero en los años sesenta y setenta,
el flamenco era el reclamo de intelectuales, científicos
y personas del arte”… “El tablao hizo
una labor importantísima. El tablao quitó
a los artistas de las ventas. El tablao dignificó
al artista”.
“El flamenco tiene esa trayectoria
que pocas artes tienen, que pasa de la vida radiante y llena
de mil colores al drama. Y a Camarón le salían
del alma esta alegría y esta pena expresadas en música”….
“Yo recuerdo a Camarón a finales del 76 cantando
en la barra de Morería”… “El quejío
de Camarón te llegaba a los más recónditos
sentidos de tu alma”… “porque no era un
quejío de garganta o de pecho, era un quejío
del alma. Del alma de verdad. Y eso los artistas flamencos
lo reconocemos muy bien. Porque hay cantaores que cantan
muy bien y hasta se están escuchando ellos su propio
quejío, un quejío auditivo, que no es vibración.
Y cantar con el alma… eso lo da la autenticidad de
un artista”, explica Blanca en ‘La chispa de
Camarón’.
Torres Bermejas se convirtió en
el trampolín para que Camarón consolidara
su fama como cantaor de flamenco y pronto vinieron los primeros
discos y también su unión con Paco
de Lucía, al que Camarón le consideraba
como su hermano. “Paco es uno de los músicos
más grandes que ha dado el flamenco y el mejor guitarrista
con diferencia. Así lo decía mi marido”…
“Para José, Paco era más que un amigo.
Se trataban con el respeto que da la admiración.
Porque se admiraron desde siempre.”
“Paco y José, un payo y un
gitano, dos culturas, dos formas de vida totalmente distintas
que se unieron por el flamenco”… “Pero
llegó un momento en la carrera de los dos, en que
decidieron seguir cada uno su camino.”…“El
tiempo los unió en algunos discos después
de la ruptura, pero el arte de Paco y José se perdió
en las noches de fiestas, en los encuentros flamencos que
surgían por gusto, y muy pocos lo siguieron disfrutando.”
Tras Paco de Lucía, Camarón
se unió profesionalmente a Tomatito,
un portento de la guitarra que llevaba la alegría
flamenca en el corazón. Con él, con Raimundo
Amador y con Kiko Veneno grabó ‘La Leyenda
del tiempo’, un disco que revolucionó el concepto
del flamenco y levantó muchas ampollas en aquella
época entre los puristas del flamenco y los que miraban
con admiración lo que venía del exterior.
Años después, antes de morir, Camarón
le confesó a Manolito “el del lunar”:
“Manuel, ‘La
Leyenda del Tiempo’ a mí me hubiese gustao
grabarla ahora. En aquel tiempo no entendimos nada. Ahora,
con los conocimientos que tengo…”.
A Kiko
Veneno “Dios le regaló el poder trabajar
con Camarón de la Isla en este disco”, como
él mismo reconoce, y recuerda con mucha añoranza
los buenos momentos que compartió con él:
“Camarón fue una persona completamente avanzada,
completamente valiente, que en los momentos de duda siempre
daba un paso adelante. Y el atrevimiento lo tenía
por su seguridad en sí mismo. Y así demostró
el talento rompedor que él significaba”….
“En la primavera de 1979, comenzamos los ensayos en
el estudio de grabación de Ricardo Pachón
en Umbrete”… “Allí pasamos unas
veladas inolvidables montando estas canciones”…
“y en medio, Camarón. Era una persona de belleza
extraordinaria. Además de ser guapo por fuera, tenía
una belleza interior que abrumaba”… “Él
sabía que un ángel de Dios lo había
tocado con su gracia”.
Página del libro 'La
chispa de Camarón'
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La chispa de Camarón
“Mi familia es toda de La Línea
de la Concepción”... ”Mi padre toda la
vida se dedicó a la venta ambulante”... “Nosotros
somos gitanos canasteros”... “Yo nací
el … de … de 1959. Me criaron en la fe católica”...
“Cuando Camarón empieza a entrar en mi casa,
yo tenía siete años y él dieciséis.
En esa etapa, los nueve años de diferencia se convierten
en muchos más”.
Por aquel entonces, Camarón ya era
muy conocido en Cádiz, no en vano muchas niñas
estaban enamoradas de él. “Pasaron unos años
y José siempre que iba a La Línea pasaba por
mi casa”... ”Al tiempo, me vino Rancapino -íntimo
amigo de José- y me dijo Chispa, José te quiere
y quiere hablar contigo”... “José, como
buen gitano, en ese tiempo estaba buscando una mujer de
su raza para formar una familia, y se fijó en mí”.
Fue el principio de una relación
que años más tarde terminaría en boda.
En aquellos años Camarón
ya era un genio consagrado. Entre grabación y grabación
pasaba largas horas escuchando a Bob Marley, Pink Floyd,
Los Beatles… y afinando guitarras e instrumentos que
traía de todos los países por los que viajaba.
“Tenía una cualidad innata para la música…
Escuchaba una canción o una letra, se la cantaba
una o dos veces y se le quedaba grabada para siempre”,
recuerda Dolores.
José era un amante de los niños.
Le emocionaba la idea de tener descendencia. Había
crecido en una familia numerosa, viviendo todos en una habitación.
“Yo creo que echaba de menos esa vida”, recuerda
Dolores. “Estuvimos año y medio sin quedarme
embarazada”, pero finalmente llegó el milagro.
“El 6 de febrero de 1979 nació mi Luis”.
Después vinieron Gema, Rocío y pasados unos
años, el pequeño José.
“A él sólo le apetecía
estar con su familia. No quería saber nada de prensa,
ni de recepciones, ni de fama, ni de prestigio. Era Camarón
cuando estaba encima del escenario, cuando bajaba el último
escalón del tablao o salía del estudio de
grabación, su familia era lo primero. Y después
de su familia, sus amigos de siempre, los de su infancia,
Paco de Lucía y todos los demás.”
En febrero de 1984, su hermano Juan Luis
muere en el hospital de un infarto al corazón. Esta
muerte dejó a José consternado. “La
última muerte que él recordaba, la última
vez que vio rotos los rostros de sus hermanas, fue aquella
mañana de enero, cuando su padre Luis dejaba esta
vida para irse con Dios”. Esta pérdida hizo
que José se centrara aún más en los
suyos, siempre intentando mantener su vida personal separada
de los focos y de las cámaras de televisión.
Sin embargo, ésta no sería la única
muerte a la que asistiría José en su familia.
Tras Juan Luis, falleció su madre. “No cabe
duda de que, para mi marido, una de esas personas imprescindibles
en su vida era Juana Cruz”… “José
quedó destrozao por la pérdida de su madre.
No hablaba. Sólo pensaba. Él quería
revivir su infancia y sólo estar con los suyos”.
Pero la vida le iba quitando a los que más quería
y aún tendría que soportar la muerte de su
hermano Curro.
Vida y muerte de un mito
“A José, la noche y las amistades
en aquellos años no le hicieron ningún bien.
Yo nunca vi nada, porque José era muy prudente para
sus cosas, nos enteramos por la gente cercana a él
que tuvieron el valor de contarnos lo que estaba pasando”,
comenta Dolores.
Fue el principio del fin. “Qué
pena que un alma tan pura, tan libre, se viera preso por
esa maldita basura… Él que no quería
depender de nadie, que le molestaba la obligación,
se vio atado por algo que sabía no merecía
la pena”… “Intenté poner solución
al problema por todos los medios”. Finalmente, Dolores
consiguió que el psiquiatra Marcelo Camus se trasladase
a San Fernando a vivir a su propia casa y así tratar
más cercanamente a su marido.
Por primera vez, el psiquiatra que trató
a José habla del Camarón más íntimo,
más personal. “José era un hombre marcado
por el clasismo social que vivió en aquel San Fernando
donde nació, de ricos y de pobres. De militares y
mariscadores. Una persona introvertida, recluida, insegura.
Le daba mucho miedo el fracaso en todos los ámbitos
de la vida: por esto huía de la gente, porque no
quería ser juzgado. Emocionalmente temeroso, y mentalmente,
entre dos polos opuestos: o dependiente o totalmente independiente.”…
“A la vista de los demás daba la imagen de
persona fría, sosa, distante… pero con los
suyos, amigos y familiares, era todo lo contrario. Sólo
le importaban su familia, su mujer y sus hijos. Lo demás
en su vida era secundario”.
También, Marcelo Camus supo diagnosticar
cuál era exactamente el problema que enganchó
y condenó de por vida al cantaor:“Hay que desmitificar
al Camarón drogadicto, al Camarón enganchado
a sustancias duras. Es mentira: la auténtica adicción
de Camarón se llamaba nicotina.”…
Tanto es así, que “en semanas
de tratamiento quedó limpio de los opiáceos
y no conseguí desengancharlo de la nicotina”.
Cuando Camarón estaba grabando ‘Potro
de Rabia y Miel’ le diagnosticaron un cáncer
de pulmón. “El 2 de julio de 1992, a las siete
menos cuarto de la mañana, José moría
en el hospital Germans y Trías, agarrado a la mano
de mi tío Ramón. A los pocos minutos, la radio
contaba que el flamenco estaba de luto. Que había
muerto el genio del cante. Pero a mí se me fue lo
que más quería. Mi marido, mi vida, mi historia,
el padre de mis hijos. Y para mí, cada día
que pasa es otro día sin José y uno más
con Camarón de la Isla.”
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