BALLET NACIONAL DE ESPAÑA. ESTRENO DE ‘SEVILLA MADRID SEVILLA’

Tríptico coreográfico

S.C. Madrid, 15 de marzo de 2007

‘Sevilla Madrid Sevilla’. ‘Caprichos’. Coreografía: Fernando Romero. Música: Cañizares y Juan José Amador. ‘Dualia’. Coreografía: Ángel Rojas y Carlos Rodríguez (bailarines invitados). Música: José Nieto. ‘Cambalache’. Coreografía: Antonio Canales. Música: Livio Gianola, Antonio Canales (bailaor invitado) y Diego Losada. Ballet Nacional de España. Director: José Antonio. Bailarines principales: Ana Moya, Elena Algado, Miguel Corbacho. Primera bailarina: Esther Jurado. Solistas: Aloña Alonso, Jessica de Diego, Cristina Gómez, Tamara López, Sergio García, Eduardo Martínez. Cantaores: Isabel Soto, Momi de Cádiz, Sebastián Cruz. Guitarristas: Diego Losada, Enrique Bermúdez, Jonathan Bermúdez. Percusión: Samuel Flores. Teatro de la Zarzuela. Madrid, 15 de marzo de 2007. 20 horas

Después de recuperar un par de obras creadas por José Antonio cuando era director de la Compañía Andaluza de Danza, ‘Café de Chinitas’ y ‘La leyenda’, el Ballet Nacional de España (BNE) vuelve a las producciones propias de encargo, vuelve a convertirse en escaparate coreográfico. Y elige en esta ocasión a tres autores bien contrastados en estilo, concepto e intenciones. El bailaor sevillano Fernando Romero, director adjunto del BNE, aporta ‘Caprichos’. Ángel Rojas y Carlos Rodríguez, fundadores de la compañía Nuevo Ballet Español, brindan ‘Dualia’. Y Antonio Canales colabora por sexta vez con el ballet público con ‘Cambalache’. Las tres triunfaron en una noche de estreno con butacas copadas por la ‘crème de la crème’ de la danza española.


Esther Jurado en 'Dualia' del Ballet Nacional de España (Foto Daniel Muñoz)
 
   

Abrió ‘Caprichos’, un montaje sin más excusa que el baile flamenco. Estuvo presidido por la elegancia formal, la depuración de líneas y la apabullante música de Cañizares rindiendo, de paso, desde su personal planeta, homenaje a maestros del toque como Sabicas, Niño Ricardo y Ramón Montoya. Fernando Romero obliga a seleccionar una parte del todo, componiendo vistosas escenas generales a partir de pequeños cuadros. Asimetrías. Abstracciones. Y vida. Tradición y vanguardia en el movimiento y en el sonido. ‘Capricho de carne y hueso’, la farruca de Sabicas, la baila a solas Miguel A. Corbacho, impecable en técnica, pero flexible, fluido. Para él, los primeros aplausos. Vuelve el coro de baile, el cruce de estampas, al aire moruno de la zambra de Niño Ricardo. Ellas, curvas y valientes, con los torsos pintados de flores. Apuesta por el individuo. Y como diría Sabicas, ese guitarrista –que, curiosamente, está sentado de espaldas al público- tiene “dedos listos”. La voz punzante de Juan José Amador tira para la ida y vuelta. Manos, curvas, cortejo. Y las luces bordando los marcos, preparando ambientes, entre neutros y evocadores. La rondeña de Montoya es un paso a dos. Cañizares da la cara, da sus peripecias de malabarista sobre el mástil, da su sabiduría. Él y ella se han encontrado. Y todos los demás forman fila a izquierda para bailar el cante, el sonido de la palabra. Braceo, contorsión. Amador hiriendo. Cañizares inventando una nueva manera de acompañar al cante. Un momentito para la fiesta, para el pique de tres bailaores por bulerías. Que tú. Que yo. Se incorporan dos mujeres... Se incorpora todo el grupo... Y vuelta a la vida. La ovación incluye gritos.

Del flamenco al clásico español... pero de vanguardia. Ángel Rojas y Carlos Rodríguez han diseñado para el BNE el montaje ‘Dualia’, con música compuesta por un veterano del teatro español, José Nieto, e interpretada, aunque en lata, por la Orquesta de Cámara Andrés Segovia. Rojas y Rodríguez derrocharon frescura y conocimiento en su actualización del clásico. Capas, castañuelas, chaquetillas, fajines, majas, toreros, bandoleros. Giros, saltos, hombres, mujeres, parejas. El rojo, el blanco y el negro. Estampas congeladas, cuidado efectismo, dinamismo. A destacar, el dúo de parejas, con los creadores como protagonistas junto a Esther Jurado y Elena Algado con impresionantes batas de cola rojas. A retener, un mensaje: que la danza española se quita caspa y renace con miras al futuro. La ovación fue unánime... y clamorosa.

Y le tocó cerrar la terna al veterano. La propuesta de Antonio Canales fue ‘Cambalache’, un montaje de estridentes colores cuya fórmula se remitió al pasado reciente del baile flamenco de ballet. La piña de bailaores con brazos en alto bajo cenital para abrir y cerrar, el cuadro de sillas enmarcando el centro del escenario, la asimetría del movimiento, un efecto mantoncillo de fondo, la música ‘fusionera’. Pocas ideas nuevas y un vestuario nada favorecedor ni para los bailaores ni para el baile, a pesar de la ‘oscarizada’ diseñadora Yvonne Blake. Seguiriyas, bulerías, tangos... para la sucesión de escenas de grupo. Y la soleá para Antonio Canales, que quiso estar aunque explotando el recurso del gesto, más que el del baile. Y si no llega, lo busca... el aplauso.

Claro que el cuarto elemento de ‘Sevilla Madrid Sevilla’ son los bailaores del BNE. Intérpretes versátiles y disciplinados, muchos de ellos muy personales, capaces de cambiar tres veces de ‘chip’ como si tal cosa. Como acaba de hacer la hasta hace meses primera bailarina Úrsula López, ya se augura que otros artistas de esta fructífera cantera volarán en solitario.

 
 
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