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Compañía
Andaluza de Danza
La
cantera de plastilina
Candela
Olivo
La antigua nave industrial es fría,
algo gris, un poco metálica. Los focos colgantes, como de pescadería,
penden de un techo cuyas referencias se pierden en la altura, allá donde
una hilera de barrotes bordea la sala para dar acceso a las dependencias administrativas.
La antigua nave industrial se llena, sin embargo, del calor del baile cada día.
Certeros golpes de tacón, a compás, han enmudecido los metálicos
ruidos de antaño. De diez a once, clásico, descanso para el café,
un poco de ballet, una hora para ensayar el repertorio, otra hora para coreografías
puntuales... Y así hasta las dos o las tres de la tarde.
La antigua nave industrial, enclavada en el
flamenco y sevillano barrio de la Alameda, ve nacer, criarse y madurar los productos
de la Compañía Andaluza de Danza, surgida de la iniciativa pública
hace ahora seis años con el objetivo de, según comenta José
Antonio, actual director de la compañía, "preservar la esencia
del baile flamenco y aumentar el repertorio de intérpretes y creadores
de renombre".
Si en los momentos de su alumbramiento, la
Compañía Andaluza de Danza tuvo un estilo de creación muy
definido -sellado por Mario Maya, primero, y por María Pagés, después-,
los vaivenes políticos dieron un giro a esta filosofía a partir
de 1997. Fue entonces cuando la entrada de José Antonio marcó una
nueva etapa: la figura del director artístico fue sustituida por la de
un director con funciones institucionales que participa en el repertorio sólo
de manera puntual.
A partir de entonces, la compañía
es un variopinto tubo de ensayo que asimila las fórmulas magistrales de
unos y otros coreógrafos. Mario Maya, Javier Latorre, Manolete, Manolo
Marín, María Pagés, Javier Barón o el propio José
Antonio conforman las teselas de ese mosaico coreográfico en el que se
ha convertido la compañía. Raúl Gómez, uno de sus
diecisiete intérpretes, comenta que "somos como plastilina".
Y añade que, la apuesta por la descentralización artística,
"es una línea enriquecedora, pues mejora el proceso de aprendizaje,
pero siempre bajo criterios muy personales".
José Antonio matiza que "quiero
que la compañía tenga su entidad, pero no que se convierta en un
producto de autor... la clave está en la versatilidad, sin olvidar la base
flamenca como criterio estético". José Luis Vidal, otro de
los bailaores, puntualiza que "lo clásico y lo innovador se dan la
mano en la compañía". Y señala a Vals Patético,
coreografiado por José Antonio, y El Perro Andaluz de María Pagés,
Premio Nacional de Coreografía en 1996, como los montajes más contemporáneos.

La cantera de la Compañía Andaluza
de Danza ya ha madurado frutos como Isabel Bayón o Rafael Campallo. José
Antonio comenta que se busca "valorar mucho las identidades de los artistas
de la compañía, imprimiendo mi criterio, pero sin despersonalizar
al intérprete". Alicia Márquez, bailaora de la compañía,
remata esta idea explicando que rige la filosofía de "crear nuevos
artistas y después dejarles abiertas las puertas para que se labren su
propio camino, pues lo importante es buscar tu propia personalidad". Y, si
la individualidad no se potencia suficientemente es porque, como apunta José
Antonio, "lo que se pretende destacar es la identidad del colectivo".
En esa misión de incubadora de artistas
que ha adoptado la compañía se enmarca el Taller de Formación.
Desde el pasado año, la compañía modela a trece jovencísimos
aspirantes que ya han hecho sus primeros pinitos en el espectáculo Puntales
que el bailaor jerezano El Pipa estrenó en la pasada Bienal de Flamenco
de Sevilla. José Antonio señala que "el taller dará
abasto tanto a la compañía o a otros grupos privados que necesiten
savia nueva".
Después de seis años de vida,
José Antonio piensa que "la compañía andaluza de danza
aún no está en un momento de madurez, prefiero pensar que, aunque
tiene solidez y está consolidada, sigue verdeando, pues lo maduro puede
ser sinónimo de viejo". Y añade que "aún hay gente
muy buena que puede enriquecerla e infinidad de trabajos por crear".
De cara al futuro, uno de los retos que la
compañía tiene aún que superar es dotarse de "una plataforma
de promoción adecuada para darse a conocer alrededor del mundo y hacerse
valer en Andalucía, sobre todo, en el ámbito popular".
Y es que con Andalucía, la compañía
tiene un compromiso especial pues, al estar sustentada por la Consejería
de Cultura de la Junta de Andalucía, "son los andaluces quienes aportan
sus recursos, por lo que hay que demostrar dónde va el esfuerzo".
Y esta responsabilidad va unida a un marcado respeto a la reacción del
público. "La raíz influye mucho", sentencia José
Luis Vidal. Si bien, José Antonio afirma que "es un error que el artista
piense que la plaza está ganada, siempre hay que trabajar con la sensación
de que hay que ganarse a pulso el respeto y la admiración del público".
Aunque la compañía tenga un permanente regusto a éxito en
el paladar, aunque la avale un récord de casi cuarenta minutos de gloria...
en Freiburg, Alemania.
Candela Olivo
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