ARCÁNGEL, ‘ZAMBRA
5.1’. FESTIVAL FLAMENCO CAJAMADRID 2008
El penúltimo fandango
Silvia Calado. Madrid, 31 de enero de 2008
‘Zambra 5.1’. Arcángel:
cante, dirección musical. Miguel Ángel Cortés,
Daniel Méndez: guitarras. Chico Fargas, Agustín
Diazssera: percusiones. Dorantes: piano (artista invitado).
Rosario Toledo: baile (artista invitada). Manuel Correa:
guión, dirección audiovisual. 16º Festival
Flamenco CajaMadrid 2008. Teatro Albéniz. Madrid,
31 de enero de 2008. 20:30 horas
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Arcángel (Foto
Daniel Muñoz) |
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Cuando Manolo
Caracol dejó registrado su “penúltimo”
fandango, también registró su penúltima
voluntad: “Que todos los niños tengan en
cuenta el disco que Caracol grabó en su cincuenta
aniversario”. El cantaor sevillano murió
en 1973. Y Arcángel iba a ser uno de esos niños…
Con este espectáculo el cantaor onubense honra
su memoria y, de paso, la de todos los artistas flamencos
que han renegado de la condenada pureza. Un precepto que
aquí se critica abiertamente, de palabra y de cante,
con rabia incluso.
‘Zambra 5.1’ no es un recital
del todo al uso. Claro que sí, que Arcángel
reinterpreta una completa selección del repertorio
caracolero y, además, en modo clásico, con
guitarra y punto. Pero, por añadidura, envuelve
los cantes con una puesta en escena hecha a base de audiovisuales
y sonido de sala envolvente. Los vídeos, aunque
no muy inspirados, apoyaban de cuando en cuando los mensajes.
Y el dolby surround matizaba algunos detalles, pero lástima
que se quedó en idem.
Y, en general, no era para tanto. Con
la que se lió en el estreno por mor de lo ‘manierista’.
Nada, nada. ‘Zambra 5.1’ tiene un valor primordial,
el hecho de que un cantaor configure una obra teatral
(para teatros) temática ya es excepcional. Que
quiera rendir tributo a una de las figuras clave de la
historia del cante también lo es. Ya después,
hay que valorar la intensa labor del cantaor durante más
de hora y media continuada de directo. Canta de todo y
todo con el nivel de calidad que es su seña de
identidad. Seguiriyas, soleares, alegrías, fandangos,
zambras, bulerías… Y que faltara quizás
un poco de pellizco o de temperatura hay que achacárselo
al guión. Aunque sólo por esa pieza en la
que se graba y se dispara la voz, creándose una
escalofriante polifonía de fondo sobre la que sigue
cantando, marcándose el compás en un cajón,
ya merece la pena. Al fin la modernidad, señor
valiente.
Aunque nada sucede sin la banda. Los
primeros cantes los hace alternando dos guitarras. Daniel
Méndez propone personales maneras, muy de aire,
muy de sobrevolar, muy de futuro. Miguel
Ángel Cortés apabulla con un toque tan
sólido, tan maduro; a la vez de antes, a la vez
de hoy. Del preciosismo al silencio, del adorno a la base.
Y lo interesante es que cada uno alimenta de una manera
al cantaor. Percusionistas tiene dos en escena, para que
no falten colores. Y después están los artistas
invitados. Dorantes
fue todo maestría y delicadeza al piano, transfigurando
en un algo de mucha altura y de mucha actualidad el instrumento
que antaño empleaba Caracol para adobar sus canciones.
Rosario
Toledo, que cubrió la ausencia de Pastora Galván,
aportó el arte hecho visión. Bailó
por alegrías, añeja, coqueta, eléctrica.
Bailó la zambra con crótalos, plástica
y susurrante. Y completó la estampa final, un epílogo
casi por sevillanas que alivió la apretura del
penúltimo fandango. “La pureza es un consuelo,
una raya en la memoria, una concesión del cielo.
Pa qué tanto discutir de lo antiguo y lo moderno
y lo que está por venir”. Pues eso, que para
qué darle más vueltas. Que él mismo
lo cantó, “que no se conoce freno, que pueda
frenar la vida”. El aplauso en pie de los maestros
Enrique
Morente y Carmen
Linares valió por todos los aplausos.