ENRIQUE MORENTE. FESTIVAL
FLAMENCO CAJAMADRID 2008
...libre
Silvia Calado. Madrid, 29 de enero de 2008
Enrique Morente:
cante. Pepe Habichuela: guitarra. Ángel Gabarre,
Enrique Morente Jr., Popo: coros, compás. 16º
Festival Flamenco CajaMadrid. Teatro Albéniz. Madrid,
29 de enero de 2008. 20:30 horas
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Enrique Morente (Foto
Daniel Muñoz) |
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“¿Qué es lo que se
debe cantar hoy día?”. Ayer mismo, Enrique
Morente se formulaba esta importante pregunta
en una entrevista que Fermín Lobatón le
hizo para ‘El País’. Y por la noche
en la apertura del Festival CajaMadrid 2008, el decimosexto,
él mismo se respondió con un recital guiado
por la libertad. No es que hiciera nada raro. Como dijo,
los Sonic Youth ya le están llamando para otra
colaboración, “pero tendrán que esperar,
que ahora tengo que cantar por seguiriyas”. Y es
que se reencontraba en este punto del camino con su tantas
veces compañero de fatigas y de travesuras, con
el maestro Pepe Habichuela. Así que tocaba cante
jondo... pero libre, siempre libre.
La imagen era de estampa. Enrique Morente
y Pepe
Habichuela otra vez mano a mano, codo con codo, juntos
sobre el escenario. Y tras la ineludible ovación,
se entregaron al cante y al toque. La caña. Irrumpe
el ay morentiano. Y a cada tercio, el cantaor le da espacio,
lo deja holgado... como para que la sonanta tarde en encontrarlo.
Juguetea el cante con el taratatrán. La guitarra
lo sigue con una frescura inusitada. Todo es único,
aunque sea de siempre. Cuando parecía que Pepe
afinaba, ya andaba haciendo genialidades con la guitarra.
Como una aparente disonancia, un tran tran ronco e insistente,
le regaló a Enrique para que cantara la guitarra
lorquiana por cabales. Mínimo. Moderno. Bello.
Libre. Será que esta bajañí también
lloraba. Ya todos los quejíos estremecen.
Enrique Morente
(Foto Daniel Muñoz) |
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Un guiño hablado a la Corte. “El
flamenco habría sido una cosa con Madrid y otra
sin Madrid. Aquí es apasionante”. Y así
resultó el viaje por soleá. “Si sufres,
sufre callando y no publiques tus penas, aunque te estén
ahogando, que nadie se ría de ellas”. Así
son las coplas que con tan extraordinaria grandeza predica
el granaíno, entre flash y flash de genialidad.
Que en la letra del pregonero, va y pregona. La guitarra
está al tanto y le amasa una bella intro para el
poema de Antonio Machado, ‘Yo escucho los cantos’.
Los escalofríos van y vienen. Cómo retoza
la guitarra y cómo se dejan resbalar los versos.
La gente ya no aplaude ni jalea, ya grita. Y en la coletilla
de los remedios para todos los males Morente es uno y
muchos Morentes. Euforia colectiva. Se acuerdan entonces
de aquel poema de Miguel Hernández que antaño
grabaron, ‘Elegía a Ramón Sijé’.
Y lo hondo se torna más hondo. “Que por doler
me duele hasta el aliento”. Recita-canta-duele.
Y, entonces, la seguiriya... rotunda, gigante, vieja,
libre. La experiencia es tan fuerte para los espectadores,
que muchos no pueden permanecer sentados.
Había que aliviar. Y llamó
a la familia, un trío masculino en el que comandaba,
como único profesional, el cantaor Ángel
Gabarre. El foco hizo de candela y todos formaron corro.
Palmas a compás de bulerías. El niño
Enrique que aún balbucea. El niño Popo que
hizo rabona. Y el padre que todo lo enmienda y cubre con
sus cortometrajes entre dichos y cantados. Vuelve la guitarra
maestra para los tangos. Ya pasó el apretamiento,
ya toca distenderse... Por tangos o por bulerías.
Y se va tambaleándose, pues es libre de irse como
quiera. Madrid está rendido a sus pies. Que se
vaya como quiera. Y si quiere volver, que vuelva. Ya todo
es un regalo. Cantes primigenios en círculo. Compases,
ecos, ritual. Y acaba declarando su locura... que es una
manera de ser libre.

Enrique Morente y Pepe Habichuela
(Foto Daniel Muñoz)
Defensa de un teatro
condenado a muerte
Primera noche de la decimosexta
edición del Festival Flamenco CajaMadrid.
El teatro estaba hasta la bandera, el millar
de plazas cubiertas, con un ambientazo como
de plaza de toros. ¿Quién diría
que va a desaparecer por mor del mercantilismo?
A Enrique Morente, como a todos los que allí
estaban, lo que va a suceder le resulta una
catástrofe para la cultura. Y con mucha
guasa explicó que “aquí
van a poner una tienda de esas donde venden
chorizos en lata, hamburguesas de tierra y
caramelos de esos que hacen que a las niñas
se les caigan los ojos”. Y lanzó
su propuesta: “Ahora que el flamenco
cada vez nos toca más a todos, aunque
sea un cacho de pelo o una uña, podían
poner aquí un centro flamenco o de
la música de España”.
Ningún candidato electoral ha tenido
en este país tanto éxito con
sus propuestas ante su audiencia. A ver si
los políticos toman ejemplo y lanzan
aunque sea promesas para salvar el Teatro
Albéniz de Madrid.
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