|
Sabiduría: Paco del
Pozo. Calixto Sánchez. Carmen Linares
Lo verde. Lo previsible. Lo armónico
Silvia Calado Olivo. Madrid, 20 de febrero de 2003
Fotos: Daniel Muñoz
Sabiduría. Carmen Linares (cante) con Gerardo
Núñez (guitarra), Cepillo (percusión), Pablo Martín
(contrabajo) y José Manuel León (segunda guitarra). Calixto Sánchez
(cante) con Manolo Franco (guitarra). Paco del Pozo (cante) con Jerónimo
(guitarra). Teatro Albéniz. Madrid, 20 de febrero de 2003. 21:30 horas.
Noche de paradojas. La primera, y de nuevo relacionada con la denominación
de la jornada (sabiduría), es por qué entra en el mismo saco un
cantaor imberbe que dos artistas, como poco, experimentados. La segunda, es por
qué se insistió en llamar a la afición madrileña "una
de las mejores del mundo" cuando adoptó una de las actitudes más
irrespetuosas jamás vistas hacia la música y de las más complacientes
hacia el fuego artificial.

Calíxto Sánchez
|

Carmen Linares
|
A propósito de lo barbilampiño. Paco del Pozo debutaba en plaza
grande y en casa. Echando mano de ortodoxia, el cantaor madrileño acometió
estilos como la soleá, las alegrías, las mineras, las seguiriyas
y las bulerías, cerrando a pelo por tonás. Acompañado a la
guitarra por Jerónimo, que recolectaba menos aplausos cuanto con mayor
delicadeza tocaba y viceversa, logró corrección en algunas ocasiones,
pero no encontró su sitio en otras tantas... a pesar de lo forzado, de
lo premeditadamente rancio, de lo buscadamente aplaudido. En la mayoría
de las sociedades, sabios son sólo los mayores.
Calixto Sánchez, a quien suele anteponerse el calificativo maestro,
repasó su sempiterna lección. Cantó diciendo la copla con
claridad, como a él le gusta, sentando cátedra, filigraneando parsimonioso,
bailándose las melodías con las manos, concentrándose en
el entrecejo, paladeándose. Levante, soleá. Mairena, Machado. Milonga,
seguiriya. Con el toque siempre clásico y justo de Manolo Franco -en su
segunda intervención en este festival-, el mairenero/-ista no dejó
atrás a "la Lola que se va a los Puertos", ni a su refranero
acantiñado, ni a su fandango alante... como era de esperar. Lo previsible.
Lo apolíneo. Lo acomodado. Lo más por viejo que por diablo.
El regalado ego de sus predecesores, dejó a Carmen Linares sin apenas
hueco. Y era la homenajeada del certamen. De manos de Félix Grande, Ángel
Álvarez Caballero, José Manuel Caballero Bonald y José María
Velázquez-Gaztelu, la cantaora jienense recibió el galardón
'Calle de Alcalá 2003' porque, según el jurado, entre otros motivos,
"ha marcado las directrices del cante de mujer de la presente generación".
Y ella respondió dedicando la distinción a Madrid, pues quería
"devolverle todo lo que me ha dado". Dicho esto, y a contrarreloj, engrandecida
por Gerardo Núñez Trío, interpretó 'Un ramito de locura'
(Universal, 2002), su último disco. De pie y guiada por Pablo Martín
(con símbolo de la paz blanco sobre camiseta negra) al contrabajo, hizo
el 'Canto de la resignación', tonás. Grande, madura, sincera. Ya
con Gerardo Núñez a la genial guitarra, el concierto toma hilazón,
mostrando su clima, su cariz unitario, de conjunto pensado, creado e intencionado.
'Milonga del forastero', la canción por bulerías 'Quiero tu nombre
olvidar' de Vainica Doble y la romera 'Palma y corona' pudieron con la 'afición'
madrileña que no sólo no escatimó en irrespetuosos comentarios,
sino que (por fortuna para quienes quedaban) acabó abandonando sus localidades.
"¿Para cuándo el flamenco?". "Otra vez vuelven esos".
"Sobran ocho, por lo menos". "Va a lo cómodo". Y toda
la gama de lindezas típicas de aquellos que se creen en posesión
de la verdad del género, de aquellos a los que se les escapa, paradójicamente,
la música.

Paco del Pozo y Jerónimo Maya
revista@flamenco-world.com
|