XI Festival Flamenco Caja Madrid
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"Samaruco"


Tomatito
"Paseo de los castaños"

 

 



Pellizco y arte: Tomatito. Curro Piñana. Duquende

Levante

Silvia Calado Olivo. Madrid, 21 de febrero de 2003
Fotos: Daniel Muñoz

Pellizco y arte. Tomatito (guitarra) con Potito (cante), Diego Amador (bajo), Paquete (segunda guitarra), Bandolero (percusión), Bernardo Parrilla (violín), Joselito Fernández (baile y compás). Curro Piñana (cante) con Carlos Piñana (guitarra). Duquende (cante) con Alfredo Lagos (guitarra). Teatro Albéniz. Madrid, 21 de febrero de 2003. 21:30 horas.


Tomatito
 
   

Soplaba viento de levante. Llamó a la puerta, repentinamente, sin avisar. Salía de la boca de la guitarra de Tomatito haciéndose notar por tarantas, erosionando la piedra blanca de Macael. Definido, autoritario, extrovertido... tomó velocidad al compás marcado por Joselito Fernández, Potito y Bandolero, unos palmas, el otro cajón. El guiño jazzero, la tradición intrínseca. Una guitarra que parecen mil. Silencio, vibración. Secundado por la chispeante mandola de Paquete y el bajo de Churri, el aire sigue despeinando por tangos. El grupo despega, todos a una, con el rajo acamaronao del cantaor marcando la senda, replegándose el grupo a la voz en suave descenso. Y lo tenso. Y lo intenso. Caídas en picado, jugueteos. Y atraviesa el viento el Atlántico, tornándose tanguero, dándose la vuelta vertiginosamente para beber del manantial de bulerías, donde chapotea, donde recuerda lo aprendido al otro lado del océano. Se cansa el levante, se toma un respiro por soleá... y el bailaor aprovecha para dejar suspendidos nervosos trazos de sí en el espacio, apuntalándolo el de los Porrinas por lo bajini, aderezándolo la voz con eco isleño. El levante se levanta de nuevo. Vacila a la rumbosa Vacilona. Y lo tenso. Y lo intenso. Y lo divertido.

 
Curro Piñana
 

Duquende

Se toma un respiro, como naciendo de sí mismo. "Venimos de Cartagena para dar nuestro corazón". Taranta y cartagenera. Curro y Carlos Piñana se conducen con tacto, con gusto, con sentimiento. Dosificada la potencia levantina, lo gradual, lo tajante. Quiere dormir al viento: nana. La guitarra se deshace en mieles. La voz dibuja con punta fina. Una soleá que es un poema cantado de Miguel Hernández clama al agua. Las seis cuerdas, colchón de plumas. Y la guajira... Curro Piñana mostró la faz guasona del flamenco cruzando hasta Cuba. Diciendo la letra cuan Ezpeleta, cuan Beni, cuan Pericón. "Ay, me gusta por la mañana, después del café bebío...". El recitado y el cante. El saber y el sabor. Una murciana, por invocar de nuevo a Eolo, "que escuché en una cinta de mi abuelo (Antonio Piñana) y la transformé un poco", rematada con levantica. Y a Cádiz a cantiñear, pasando por la tan olvidada ciudad omeya casi susurrando. Ahí dejaron el corazón.

Duquende también llegó desde oriente... trayendo briosa calma. Introspectivo, para adentro y desde dentro, el cantaor catalán salió también por mineras, desgarrándose en cada subida. Dionisos pedía salir. Acompañado del toque, por comparación, más recio de Alfredo Lagos y el pandero de Bandolero, la voz rugosa aventó la soleá, siempre al borde de su prima bulería, tomándose de ritmo progresivamente. Sopla fuerte, fandanguea. "Que llores por mi querer" resulta joya. Como para no molestar, se riza por tangos, camaroneando una y tantas veces, con coplas de Pepe de Lucía. Y cierre por bulerías, ambos crecidos. Con ellos se fue el levante. El viento amainó.

revista@flamenco-world.com

 

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Entrevista a Tomatito, guitarrista

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