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Ecos negros y duende: Dolores
de los Santos Agujetas. El Torta. Farruquito
En pie... y punto
Silvia Calado Olivo. Madrid, 22 de febrero de 2003
Fotos: Daniel Muñoz
Ecos negros y duende. Dolores de los Santos Agujetas
(cante) con Parrilla de Jerez (toque). El Torta (cante) con Antonio Higuero
(toque). Farruquito (baile) con Farru (invitado al baile), Raúl
el Perla y Román Vicente (toque), José Valencia, Antonio Villar
y Jorge el canastero (cante). Teatro Albéniz. Madrid, 22 de febrero de
2003. 21:30 horas.
Y el teatro se puso en pie, la única noche, la noche final. No fue el
cante, protagonista indiscutible del festival madrileño, el resorte. Fue
el baile, el baile de Farruquito. El joven bailaor sevillano, actual patriarca
de la dinastía de Farruco, salió de chiqueros acompañado
por su hermano menor, Farru, y una ovación unánime. Duelo a dos
por seguiriyas. Baile de música y de pose, de tierra y de aire. La potencia
de la savia nueva, la sabiduría de la antigua. Baile de hombre, de chulería,
de clase... de rabiosa técnica, de desbordante arte. Un intermedio cantado
por bulerías dio tregua al seísmo que volvía solo por soleá.
Farruquito, más sereno y menos evidente que su pareja, para el reloj para,
con sólo andar por el escenario, poner la sensibilidad del respetable de
punta. La postura, el semblante, la tensión de hacer esperar ese chispazo
que lo quiebra con absoluta precisión. El quitarse la chaqueta a compás,
el secarse el sudor de la cara en la camisa del cantaor, el arrodillarse en milésimas
de segundo, el ponerse farruco... Y la cantera empujando encarnada en el primo
Barullo y en ese bailaor en miniatura que, sin apenas levantar unos palmos del
suelo, cierra unas bulerías con más redaños que muchos más
altos. El teatro en pie. Era inevitable. Y absolutamente merecido.
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Izquierda: Farruquito
Derecha: Dolores Agujeta y El Torta
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La primera parte de la velada fue cantada... desde y por Jerez. Por un lado,
Dolores de los Santos Agujetas. Por el otro, El Torta. La cantaora dio muestra
del sello familiar con esa forma de hacer el cante primitiva, simple, añejísima.
Secundada por un jaleado Parrilla de Jerez, y su toque saboreable, acometió
soleares, seguiriyas, fandangos, una brevísima toná y unas bulerías
a modo de epílogo. Bronca, tenebrosa, fiera. Agujetas. "Yo vengo de
Jerez, porque mi padre es Agujetas y Agujetas yo también". ¿Será
eso lo que llaman los soníos negros? El Torta mostró otra
orilla de la misma isla. Juan Moneo, acompañado por un poco atinado Antonio
Higuero al toque, expuso un cante entero, sin fisuras. Con credibilidad, salud
y expresas ganas de hacer disfrutar, calentó motores por alegrías,
se cuajó por soleares y se dio todo por seguiriyas, sereno y hondo. Con
un público excesivamente dado a la interacción (casi siempre molesta)
pero algo más educado que en jornadas anteriores, El Torta cerró
con la seña de identidad de su tierra: bulerías. Y remató
por tonás a pelo. "Y si no es verdad" esto que yo a ti te escribo...
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