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FESTIVAL FLAMENCO CAJA MADRID
2004: Estrella Morente
La princesa
Candela Olivo. Madrid, 17 de febrero de 2004
Photos: Daniel Muñoz
Estrella Morente. Montoyita: guitarra. Manuel Ochando:
guitarra. Bandolero: percusión. Antonio Carbonell, Angel Gabarre, Victoria
Carbonell, Remedios Heredia : coros y palmas. Teatro Albéniz. Madrid, 17
de febrero de 2004. 21 horas.
Estrella Morente
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Cuando se dio media vuelta, se plantó de nuevo en medio del escenario
y mandó al público a callar con un solo gesto, quedó definitivamente
confirmado que Estrella
Morente tiene una talla artística suprema. Ya había cantado
todo lo cantable, ya había recibido todos los piropos y los oles posibles,
ya había bailado, posado, desafiado... pero quiso un poquito más,
ese detalle, ese guiño final de grande. Y Madrid, la Corte, no tuvo más
opción que rendirse a los pies de la princesa.
La cantaora granadina inauguró la décimo segunda edición
del Festival Caja Madrid en solitario, un honor inusitado en este certamen, que
suele apostar por el cartel compartido. Los motivos quedaron claros. La hija de
Enrique Morente es de las pocas figuras flamencas de la voz capaces de poner en
escena un espectáculo estructurado, cerrado al detalle, elegante y dinámico.
La cantaora sabe manejar todos los resortes de la escena para mantener durante
casi dos horas al público saciado... de un producto gourmet. El repertorio
es exquisito, tan variado como para satisfacer todos los paladares y ordenado
en forma de uve, es decir, de arriba a dentro y de lo más íntimo
a lo más extrovertido. Y siempre interpretado a ese modo tan 'morentiano'
que consiste en arriesgar, en dibujar con fantasía, en ser barroco y añejo
y moderno a la vez.
El viaje comenzó por tierras gaditanas. Entró meneándose,
ceñida de negro y volantes, con una rosa roja en el pelo. Tomó asiento
y cantó una variación de 'Coquinas', las alegrías con las
que abre su primer disco 'Mi
cante y un poema'. Y con el detalle de que toda la primera copla la dice sin
letra. Espirales, trémolos, juegos. Pastora
Pavón la acompaña. La soleá por bulería le sirve
para irse remetiendo progresivamente, sin renunciar a los cambios de tono sorpresivos,
mostrando sin tapujos el amplísimo espectro vocal que domina. Con efectos
balsámicos, introduce una canción de ida y vuelta, con Bandolero
marcándole el paso en el yembé. "Una rosa en un rosal gasta
mucha fantasía". Y belleza también... Ahora toca conquistar
al ala dura de la sala, al aficionado exigente. Y lo hace con una minera, una
granaína, unos tientos y una seguiriya, para que no se quejen. Ahí
van los primeros oles para la queja bella, que se busca y que se gusta, que hace
de cada tercio un intrincado viaje. Estrella ha llegado al fondo de sí
misma. Y ahora hay que levantar el vuelo. Se retira unos minutos del escenario,
dejando a Montoyita a solas con su guitarra, que va y toma el tema central de
'El
pequeño reloj' de Enrique Morente como eje, gustando mucho su ejecución.
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Estrella Morente
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Estrella Morente vuelve cambiada de atuendo, como es costumbre en sus directos,
asomando ahora unas sedosas mangas bajo el chaleco negro y chal a juego. "¡Guapa!".
A compás de pasodoble -resuelto a la percusión y a la guitarra con
verdadero tino- retoma el recital. El cante, meloso, acancionado, bonito. Ella,
segura, a veces descarada, siempre aderezando con poses, con remates que hacen
de todo su cuerpo una garganta. Con dos voces femeninas y dos masculinas a los
coros y las palmas, canta por tangos, de esos vivarachos. Y los rematan con estribillo
a coro, sobre el cabalga la voz doblada de la cantaora. Lo siguiente es otra agradable
reinvención: un comienzo apenas sin acompañamiento musical como
por bamberas, para desembocar en el "anda jaleo" de toda la vida, por
bulerías. La energía de la cantaora se derrama a raudales, bailándose,
jaleándose, cantándose tremenda. El público estalla. Mientras
sale a buscar un mantón
bordado con el que jugar, le colocan de pie el micro... Llega cantando paradita
el 'Moguer' de su álbum debut, paladeando los versos de Juan Ramón
Jiménez, teatrera, cantante, exhibicionista. El saludo va contenido en
la letra; entre la ristra de ciudades intercala, fresca, un "y Madrid".
Toma tablas. A ello añade, sin más, el viva cortesano de Antonio
Chacón. Y vuelta a la faena. Pide permiso al torero Enrique Ponce e introduce
los tangos 'En lo alto del cerro' haciendo de su mantón un capote y dando
un par de pases lentos. El recital va irremediablemente 'in crescendo'. A la nueva
ovación responde con la copla taurina 'Madrina' por bulerías, rompiendo
a bailar por todo el frente de la tabla. El público está en pie
y espera bis. El bis es un corrillo por bulerías -en absoluto improvisado-
que resuelve adaptando al formato 'Los cuatro muleros'. A cada estrofa, una 'pataíta';
mujeres a escena. Alboroto, tiroteo. La troupe va saliendo por el flanco derecho
cuando... se dio media vuelta, se plantó de nuevo en medio del escenario
y mandó al público a callar con un solo gesto, los brazos abiertos,
la mirada desafiante. "Debajo de la hoja de la lechuga, está mi amante,
prima, con calentura". Hágase su voluntad.
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