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FESTIVAL CAJA MADRID 2004
Esperanza Fernández. Chocolate. Paco Cepero
Luz. Tierra. Ritmo
Candela Olivo. Madrid, 18 de febrero de 2004
Fotos: Daniel Muñoz
Esperanza Fernández al cante con Miguel Ángel
Cortés a la guitarra. Chocolate al cante con Antonio Carrión
a la guitarra. Galardón 'Calle de Alcalá' a Paco Cepero y
concierto de guitarra con José Ignacio Franco y Miguel Salado a la guitarra;
Luis de Jero a la percusión; y Luis y Ali de la Tota a las palmas. Teatro
Albéniz. Madrid, 18 de febrero de 2004. 21 horas.
Casi cuatro horas. La segunda jornada del Festival Caja Madrid 2004 se eternizó.
Y por ello, a pesar de la calidad de las propuestas, fue inevitable perder público
a partir de la segunda hora. Y es que además de que cada uno de los artistas
convocados ofreció un recital autónomo, hubo entrega de premio de
por medio. La luz. La tierra. El ritmo. Esperanza Fernández. Chocolate.
Paco Cepero. El gusto, desde luego, debió quedar 'colmao'.
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Esperanza Fernández

Chocolate
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A Esperanza
Fernández el presentador, el escritor Félix Grande, le regaló
un poema de Antonio Machado. Y de entre todos sus versos, uno quedó titulando
el recital: "Esa luz de Sevilla". La garganta luminosa de esta mujer
-centro del triángulo que forman Triana, Alcalá y Lebrija- llegó
directa al interior de la audiencia, que la jaleó y aplaudió desde
el primer tercio. La sevillana salió a pelo cantando tonás. No trascurre
mucho tiempo entre la copla de calentamiento y esa otra en la que estalla su voz
elevándose hasta las alturas sin compasión. Ya sentada junto al
guitarrista Miguel Ángel Cortés, para cuya certera sonanta también
hubo oles, se entretuvo con una soleá, esa que su primo Dorantes le toca
al piano en el álbum 'Esperanza
Fernández'. Sabe a albero esa voz rancia, fuerte, dulce, que no encuentra
nunca límites. Las cantiñas las hizo graciosas, con letras de antes
que dibujó con expresivas manos. Pero el tiempo de relajo acabó
de súbito, por seguiriyas, "por los siete dolores". Se remetió
la queja, la bordó primorosamente entre tercio y tercio, la hizo estallar.
La guitarra puso el contrapunto prospectivo a tan añeja cantata. El remate
fue por bulerías, ella de pie, preparada para el impetuoso baile, para
salirse de micro y dejar oír su voz al natural. El teatro se iluminó.
"Esa música viene de la tierra". A Chocolate
el poeta lo vinculó con lo geológico... y con razón. A piedra,
a mineral, a suelo sabe el cante del maestro jerezano y sevillano a quien es un
privilegio ver aún sobre las tablas. El público lo sabía
y esperó pacientemente a que calentara, a que intentara sentirse cómodo
con la guitarra (de un Antonio
Carrión que atendió a sus caprichos con el mejor talante), a
que dispersara sus nervios, como de chiquillo, entre cante y cante. Comenzó
con la malagueña de Enrique
el Mellizo y continuó el calentamiento con un taranto. La soleá
va fluyendo hasta desembocar en un remate arrebatado, estremecedor. La cúspide
fue alcanzada con la serrana, por el valor que tiene oír un estilo "que
no se suele cantar ni es festivales ni en peñas" y por cómo
fue interpretada. Recorriendo los vericuetos de este cante, familia de la seguiriya,
el maestro se mostró nuevo, como reverdecido. Y continuó con "otro
cante duro, la seguiriya de Triana, los cantes de Cagancho que hacía Tomás
Pavón". La lección contenía teoría y práctica.
El ay fue profundo y largo. Chocolate no se podía ir sin dejar caer unos
cuantos fandangos, sus "fandangazos chocolateros, a los que hay que poner
mucha atención porque son protestas, son de la vida". El engaño
amoroso, la amistad traicionada... el mensaje iba siendo dicho con maestría,
con prestancia, haciendo olvidar que quien estaba exprimiendo su garganta ya superó
los setenta años con el cante.
Calle de Alcalá
Paco Cepero
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"Por la sabiduría y la maestría de su guitarra". "Por
lo misterioso de su ritmo". Tras el intermedio, el jurado hizo entrega al
guitarrista jerezano Paco
Cepero del galardón 'Calle de Alcalá' que, más que con
palabras, el laureado agradeció con música. Como contó Ángel
Álvarez Caballero -periodista miembro del jurado- en un reciente artículo,
"de niño lloraba buscando el compás". Y, como añadió
Félix Grande, "ahora es él quien nos hace llorar a nosotros
mediante su ritmo". Arropado por un grupo -dos segundas guitarras, una tinaja
y dos palmeros- brindó al público madrileño sus temas ya
clásicos y nuevas composiciones que formarán parte de un próximo
disco en preparación. 'Noche andalusí', 'Cartuja', 'Aguamarina'...
ilustraron un modo de tocar que podría describirse con adjetivos como sabroso,
recio, sencillo, sensible, enérgico; un modo de tocar que definió
un momento ya pretérito del toque, pero que, como se comprobó esa
noche en el Albéniz, sigue teniendo la misma frescura de entonces.
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