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FESTIVAL CAJA MADRID 2004
Fernando Terremoto. Miguel Poveda. Gabriel Moreno
Lozanos de hoy y maestros de ayer
Candela Olivo. Madrid, 19 de febrero de 2004
Fotos: Daniel Muñoz
Ficha artística. Fernando Terremoto, cante
y Antonio Higuero, guitarra. Miguel Poveda, cante y Chicuelo, guitarra.
Gabriel Moreno, cante y José María Molero, guitarra. Teatro
Albéniz. Madrid, 19 de febrero de 2004. 21 horas.
El cante mostró otras tres de sus tantas caras. La tercera jornada del
festival madrileño, que vinieron a bautizar 'La magia de la música
flamenca' -como podía haberse llamado de cualquier otro modo-, trazó
un triángulo de vértices distantes: Jerez, Barcelona y Jaén.
Fernando Terremoto hizo gala de poderío vocal, de compás. Miguel
Poveda apostó por el preciosismo, por el reposo. Gabriel Moreno se reencontró
con su afición buscando destilar gotas de la maestría de antaño.
Fernando Terremoto
Jerez. Aunque, como demostró un poco más tarde, al hijo de Terremoto
de Jerez no le hace falta tecnología que amplifique su tremenda voz,
arrancó sentado ante el micrófono con una soleá por bulerías.
El primer quejío ya fue respondido con un ole. La plaza estaba ganada de
antemano. Fiel a su repertorio habitual, siguió por malagueñas.
Lo hizo suave, sin estridencias; en él, el comedimiento es toda una virtud.
La guitarra... cumplidora, ajustada, sin molestar. Las seguiriyas también
las introdujo con un hilito de voz, recogido, hondo, desde la cueva. Y desprendió
toda la emotividad contenida en este estilo que para un jerezano tiene en la bulería
su mora verde. Antes de desmelenarse al compás de su tierra, inundó
el teatro con su sísmica voz por fandangos. La audiencia se estremece.
Y la hace salir del trance a compás del barrio de Santiago, con y sin micro,
con y sin bailoteo.

Miguel Poveda y Chicuelo
Barcelona. Canta con sentido y con sensibilidad. Miguel
Poveda madura en escena, actuación a actuación. Cada vez que
hay oportunidad de oírlo en directo da un punto más, un grado más.
Entró en calor con esos aires levantinos que tan bien calza, secundado
por una guitarra con entidad y entendimiento, la de su inseparable Chicuelo. De
lo más sutil a lo más evidente. De abajo a arriba. Y el público
lo adora. Un ay barroco, de encaje, lo encamina hacia terrenos fandangueros. "Ni
quien se acuerde de mí, yo no tengo quien me quiera...". Y del oriente
al poniente andaluz. El cantaor se detiene en Cádiz, con 'tirititrán',
con sabor, con soniquete. Lo popular, a Camarón, por Alberti... un pellizquito
de todo va en estas sabrosas cantiñas. La cara... y ahora la cruz. La guitarra
se calla y, 'tran tran', el cantaor se desagarra en un extensa tanda de tonás
que, como detalle, incluye el 'Canto de la resignación' de Carmen Linares.
Y es que tan grato es que se mantenga vivo el legado popular, como que se eche
mano de lo coetáneo. La guitarra lo recoge por seguiriyas, a cuyo término
se despide con unos tientos tangos que paran el tiempo, plagados de detalles vocales.
Jaén. Tras el descanso, llegó el turno del veterano Gabriel
Moreno. Como él mismo avisó, "llevo tiempo sin cantar".
Y esa falta de forma deslució un recital esperado por aquellos que tienen
al linarense por todo un maestro. De entrada, frente a los lozanos compañeros
que lo precedieron, no jugaba con ventaja. Dando la razón a quienes lo
consideran un artista enciclopédico, interpretó -pertrechado por
el guitarrista jerezano José María Molero, habitual de los Sordera-
malagueñas, seguiriyas, los tangos 'Las tejas de tu tejao', soleá,
tarantas y levanticas "que hago a mi manera" y, por último, bulerías.
Sin escatimar en agradecimientos al público que no lo abandonaba, defendió
este repertorio con delicadeza y diríase que con sinceridad, aunque las
facultades de anoche no fueran las que lo hicieran brillar ayer.
revista@flamenco-world.com
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