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FESTIVAL CAJA MADRID 2004
Segundo Falcón. La Macanita. El Pele
Entre el corazón y la garganta
Candela Olivo. Madrid, 20 de febrero de 2004
Fotos: Daniel Muñoz
Ficha artística. Segundo Falcón al cante
con Paco Jarana a la guitarra y Antonio Coronel a la percusión. La Macanita
al cante con Manuel Parrilla a la guitarra y Chícharo y Bo a las palmas.
El Pele al cante con Manuel Silveria a la guitarra y Güito a la percusión.
Teatro Albéniz. Madrid, 20 de febrero de 2004. 21 horas.
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El Pele

La Macanita
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El público madrileño estaba esperando anoche a El
Pele. No fue hasta que el cantaor cordobés comenzó a cantar
cuando la audiencia entró en calor y los oles espontáneos -tan frecuentes
en anteriores veladas- brotaron de la sala. Y ello a pesar de que el artista venía
acatarrado y, por tanto, con las facultades algo mermadas. "Si no puedo con
ésta (se señala la garganta), lo voy a hacer con éste (se
lleva la mano al corazón)". La declaración de intenciones encandiló
al público quizás, sobre todo, porque no se quedó en intenciones.
El cantaor cordobés, que de su último disco con Vicente Amigo, 'Canto',
apenas ofreció una letrita, dio un recital breve pero intenso, ayudado
por la guitarra certera de Manuel Silveria. Comenzó por la soleá,
encarrilándola suavemente hasta el arrebatado final. Así fue como
acometió todos los cantes: caracoleo delicado en todos los tercios, reservándose
para el último. Se dejó ver otro Pele, alternativo al del vozarrón
y los altísimos quejíos, un Pele de metal menos brillante, pero
más cálido. Ocurrió lo mismo tanto en la seguiriya, como
en la malagueña y rondeña. Las alegrías las resolvió
de otro modo, igualmente resultón: diciendo la letra ('made in' Isidro
Muñoz), más que cantándola. Sin romper la línea festera
de las cantiñas, eligió unas bulerías para ir terminando.
Lo hizo no sólo de pie, sino prescindiendo de micro, como queriendo exprimirse.
Y no conforme con eso, concluyó a solas con una tanda de tonás.
"Como yo me encontraba 'mu' malo, a la calle me salí y a 'to' el mundo
que veía, le preguntaba por ti". Ovación, claro.
La audiencia había estado más fría en la primera parte,
quizás por influencia de la climatología. Incluso con La
Macanita que, de por sí, es toda calidez. La cantaora jerezana, ataviada
con un colorido y floreado traje de flamenca, hizo una introducción por
tientos, la voz tostada, melosa. El tiempo, casi parado. El cambio a tangos positivizó
el compás. Y miró atrás y se miró a sí misma,
con letras de 'La
luna de Tomasa'. "Si sabes que en el amor...". En la soleá
quería acordarse de su Jerez, rajándose, escarbando, de espaldas
a la fiesta. Y así prosiguió por seguiriyas, recogida, a fuego lento.
Cuan buen actor, cambió radicalmente de registro y arremetió con
la bulería, esa que se canta y se baila, esa que empieza por las coplas
de toda la vida, continúa con algún estribillo de su disco y finaliza
a cuplé, ya a pie de escenario y totalmente metida en el papel de doliente
de amor. ¿Estaba un poco distraída? Eso pareció. El fin de
fiesta se lo dejó a sus palmeros, que se prolongaron en bailes carentes
de sustancia y rayantes en lo tragicómico.
Segundo Falcón
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El papel más difícil del reparto le había tocado a Segundo
Falcón. Si hubiera querido, hubiera podido contentar al rancio respetable
de este festival, pero quiso arriesgar. Y no fue entendido. Para empezar, se distanció
de todos los demás, al rodearse de música (dos guitarras y una percusión),
no de mero acompañamiento. Cierto es que tardó en relajarse y en
entrar en calor, pero para eso estaban las cantiñas con las que inició
el recital. Y ahí dejó ya entrever la riqueza de la garganta de
este trabajador del cante. La creatividad de la guitarra de Paco
Jarana, hizo que fuera entre algodones todo el tiempo. Sonó con entereza
y sensibilidad la granaína, el fandango de Frasquito Yerbagüena y
la rondeña, con bellas bisagras entre uno y otro estilo. Huyó de
la ortodoxia y eso enervó a muchos, especialmente, en la caña, que
revisó a placer sin tapar su querencia por Enrique
Morente. La entrega y la creatividad con la que acometió la seguiriya,
llena de matices musicales, moderna e intensa, tampoco fue recompensada. La valentía
tiene su precio. Pero contentar es tan fácil como tocar los resortes adecuados,
generalmente, mucho más simples. Y ahí quedaron esos fandangos que
el público aplaudió con entusiasmo...
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