FESTIVAL FLAMENCO CAJA MADRID 2009
Un nuevo escenario para la causa
flamenca
Alejandro Escribano. Madrid, 26 de febrero de 2009
Fotos: © Paco Manzano
Paco del Pozo (cante)
con Antonio Carrión (toque) y José Salinas,
Rafael Peral (palmas) / Argentina (cante),
con José Quevedo “Bolita” y Eugenio Iglesias
(guitarras), Paquito González (percusión)
y Torombo y Los Mellis (coros y palmas) / Miguel
Poveda (cante), con Chicuelo (guitarra), Paquito
González (percusión) y Carlos Grilo, Luis
Cantarote (palmas). XVII Festival Flamenco Caja Madrid 2009.
Teatro del Canal. Sala B. Madrid. 26 de febrero de 2009.
21 horas.
Paco del Pozo (© Paco
Manzano) |
Y otro que deja de serlo. Me refiero al
Teatro Albéniz, historia viva de la vida cultural
española desde 1945 y sede del Festival Flamenco
Caja Madrid desde sus inicios en 1993, que bajó definitivamente
el telón el pasado 21 de diciembre. A pesar de las
reivindicaciones y muestras de cariño de actores,
músicos y ciudadanos de a pie la especulación
inmobiliaria volvió a ganar la batalla. Como casi
siempre en los últimos tiempos. Baste recordar los
cercanos casos del Palacio de la Música o el Avenida
para preguntarnos hasta cuándo. No lo sabemos. Si
indiscutible es, en cualquier ordenamiento jurídico
serio, el derecho a la propiedad privada no es menos cierto
que en determinadas circunstancias se hace obligatorio habilitar,
por parte de las administraciones públicas, mecanismos
que salvaguarden recintos que han sido fundamentales en
el desarrollo cultural de una ciudad, cosa que desgraciadamente
no ha ocurrido con el ya desaparecido teatro de la calle
Paz. No obstante, demos la bienvenida a los Teatros del
Canal, el nuevo espacio escénico donde a partir de
ahora se celebrará el festival y donde a buen seguro
la cultura madrileña seguirá viviendo noches
mágicas. Un recinto cuyas cifras, de sólo
leerlas, impresionan. Obra del arquitecto Juan Navarro Baldeweg
y dirigido por el “joglar” Albert Boadella el
singular edificio incluye un teatro principal (la llamada
Sala A, de 851 localidades), otro configurable (la Sala
B, de 722 localidades, que es donde se celebran tres de
los cuatro conciertos del festival) y un centro coreográfico
(formado por 9 aulas de danza y 3 teóricas), para
una superficie total construida de más de 35.000
metros cuadrados.
Ambiente flamenco, lo que se dice ambiente,
más bien poco era el que se respiraba en los aledaños
de los Teatros del Canal. Únicamente había
algo de sabor en la fila de aficionados que en la calle
Cea Bermúdez hacían cola para entrar al faraónico
edificio. Los comentarios, ya en el descanso, eran de lo
más variado, pero todos, en mayor o menor medida,
hacían referencia a la nueva ubicación del
festival. Comentarios nostálgicos sobre lo céntrico
que estaba el Albéniz contrastaban con las alabanzas
a la comodidad de los accesos, escaleras mecánicas
incluidas, y a la buena acústica del nuevo teatro.
Pero también había quejas por la poca funcionalidad
del edificio y por la ubicación de las gradas en
la sala. El añorado emplazamiento del Albéniz,
a escasos minutos de la Plaza de Santa Ana, pleno de sabor
flamenco y taurino ha dado paso a otro paisaje, sin duda
alguna más frío, bastante desangelado y algo
impersonal.
La puesta de largo flamenca de los Teatros
del Canal corrió a cargo de tres cantaores de la
nueva hornada: Paco
del Pozo, Argentina
y Miguel
Poveda. Abrió el artista madrileño, que
tuvo el honor de inaugurar un recinto, que, como curiosidad,
tiene forma de cuadrilátero. Del Pozo fue el primero
que hizo referencia a este hecho (“es la primera vez
que canto con público en el cogote”), circunstancia
que Poveda, con buen criterio, aprovecharía después.
Con gusto y muy seguro de sí mismo Paco afrontó
un recital en el que repasó los palos que mejor le
definen, como la malagueña o la soleá. Acompañado
de la poderosa guitarra de Antonio Carrión, Del Pozo
confirmó las expectativas que ya Vestido de Luces,
su prometedor disco de debut, apuntaba. Gustó mucho
por caracoles, en los que incluyó nuevas letras con
referencias madrileñas, y por tangos, en los que
metió hasta la habanera de la zarzuela La Verbena
de la Paloma. Y terminó por bulerías, cerrando
con unos cuplés a capella (El Huerfanito, El Poeta
Lloró), con pataíta final incluida de Rafael
Peral.
Argentina (© Paco Manzano) |
La sorpresa de la noche, sin ninguna duda,
fue Argentina. La cantaora onubense, con el exquisito acompañamiento
de José Quevedo Bolita y Eugenio Iglesias, ofreció
un recital en el que mostró todas las cualidades
que atesora: eco prodigioso, conocimiento y personalidad.
Empezó segura por tientos y tangos y fue sintiéndose
más a gusto conforme afrontó riesgos. Paladeó
el cante en una malagueña del Canario excelente e
hizo “un variado” por Cádiz pleno de
sabor. “Hoy vengo más choquera que nunca, llevo
los colores de mi tierra, pero no lo he hecho a propósito”
comentó antes de emocionar por fandangos de Huelva,
en los que recordó al maestro Paco Isidro y en el
que sobresalieron los hermosos coros de Los Mellis. Y remató,
como no podía ser de otra manera, con un fandango
de Alosno a capella.
Y por último Miguel Poveda. A pesar
de la disparatada hora a la que empezó su recital,
las 23.40, al cantaor catalán este hecho pareció
no afectarle en absoluto y dio lo mejor de sí mismo,
ofreciendo un concierto simplemente extraordinario. Comenzó
con el ya habitual y excelente Pregón del Uvero,
al que siguieron unas estupendas alegrías y malagueñas,
plenas de creatividad y rebosantes de emoción. También
hubo coplerías, por supuesto, con las que reivindicó
a un grande del género “Don Rafael de León,
un hombre al que se le hizo muy poco caso en su tiempo”,
y que aprovechó para dedicar al compositor Alberto
Iglesias, presente en la sala y con el que está ultimando
su nuevo disco consagrado a la copla. Homenajeó también
a los aficionados que estaban sentados a su espalda, cantando
para ellos una taranta y siguió, ya del derecho,
por tientos-tangos, incluyendo letras clásicas de
Camarón y del Titi. Se gustó por soleá
apolá, en una recreación de la soleá
de Charamusco de Antonio Mairena y cerró por bulerías,
que son ya marca de la casa. Se despidió, a petición
popular, con el hit Alfileres de Colores, “lo que
a mi discografía es La Barbacoa de Georgie Dann”
y antes de marcharse dió las gracias a su grupo y
al público asistente con un “¡Visca Cataluña!,
¡Viva Madrid que es la Corte! y ¡Viva Andalucía,
que tiene mucho arte!”, vibrante cierre para una emotiva
noche.