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FESTIVAL FLAMENCO CAJA MADRID 2006. CHANO
LOBATO/ LA MACANITA/
CALIXTO SÁNCHEZ
A Chano Lobato
Silvia Calado. Madrid, 1 de febrero de
2006
Primera parte. Chano Lobato: cante.
Pepe Habichuela: guitarra. Segunda parte. La Macanita:
cante. Juan Diego: guitarra. Chícharo y Gregorio: compás.
Tercera parte: Calixto Sánchez: cante.
Manolo Franco: guitarra. 14º Festival Flamenco Caja Madrid
2006. Teatro Albéniz. Madrid, 1 de febrero de 2006.
20.30 horas
Chano
Lobato llegó a Madrid por tres días y se
quedó nada menos que treinta años... “pasando
mucho, pero también con muchas satisfacciones”.
Ahora que lleva más del doble de tiempo cantando profesionalmente,
le llega el reconocimiento de la capital. El Festival Flamenco
Caja Madrid le ha concedido el galardón Calle de Alcalá
2006, que en recientes ediciones han obtenido artistas como
Pilar López, Mario Maya, Paco Cepero y Carmen Linares.
El cantaor gaditano no pudo evitar ni la emoción ni,
por supuesto, el sentido del humor cuando se le hizo entrega
de la estatuilla. Buen espíritu que recondujo a su
recital, escoltado al toque por Pepe
Habichuela. Resulta increíble que casi tuviera
que ser ayudado a caminar cuando subió al escenario
y acabara bailando una milonga. Pero así es Chano.

Chano Lobato y Pepe Habichuela
(Foto: Daniel Muñoz)
El artista se creció, rejuveneció y disfrutó,
una vez superados los nervios iniciales (sí, a su edad,
aún confiesa ponerse como un flan). Inició el
recital por tangos, aterciopelando la voz con sabor y flamencura,
dando a su voz diferentes temperaturas: del registro casi
susurrado al potente arrebato. Soleá de la ciencia.
Cuánta sabiduría concentrada en unos pocos tercios.
Acordándose de Ignacio Espeleta, de Pericón
y de Chano Lobato, cantó por alegrías. Delicatessen.
“Ya estoy más tranquilo”. Momento de las
bulerías, estilo que hizo saleroso y con detalles tan
curiosos como las malagueñas metidas a compás.
La guitarra, a su medida: solemne cuando hubo de serlo, expresiva
cuando se le requirió y escuchante siempre. Que sí,
que es verdad que acabó cantando de pie sin micrófono
y bailándose una milonga que ahora ha tenido el ingenio
de acabar versionando la canción infantil de moda:
“No seas tonta chiquilla, antes muerta que sencilla”.
Enhorabuena, maestro.
Tras el descanso, irrumpió La
Macanita. Sólo su porte ya indica a la audiencia
que se encuentra ante una artista única. La cantaora
jerezana sintetiza con total naturalidad el legado de grandes
cantaoras de la historia del flamenco como ya son La Paquera
de Jerez y Fernanda de Utrera. Sentada entre la pareja de
palmeros y el exquisito guitarrista Juan Diego, envuelta en
un mantón color oro viejo, derramó su voz terrosa
primero por tangos. Tiene grandeza en esa doble garganta suya.
Y tanta sensualidad. El toque sutil del tocaor jerezano -que
aquí mostró su valía como acompañante
pocos días después de deslumbrar como concertista
en Nîmes- equilibró los pasajes más vehementes
de la soleá y de la seguiriya, ambos estilos acometidos
al más fiel estilo jerezano. Perfecta entente. Ya estaba
tardando en levantarse. Gregorio corrió a ponerle el
micro al pie de la tabla para que se desahogara cantando y
bailándose por bulerías... La Macanita.

La Macanita (Foto: Daniel Muñoz)
La jornada acabó con una propuesta diametralmente
opuesta. El cante bien planchado de Calixto
Sánchez puso contención y disciplina a una
velada que, hasta entonces, iba de sabores y esencias. Tiró
de clasicismo impoluto este fiel seguidor de la escuela ‘mairenista’,
recorriendo una amplia gama de estilos desde el prólogo
en pie por martinete. Las tres horas largas de velada y quizás
el tan radical cambio de tercio, fue dejando poco a poco la
sala a medio llenar. Seguramente, quienes buscaban flamenco
en todas sus facetas, lo pudieron encontrar.
revista@flamenco-world.com
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