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Especial: El flamenco en Canadá
Fuego sobre el hielo
Carmen Jiménez. Vancouver, mayo de 2004
Canadá es hoy uno de los países donde el flamenco está
floreciendo con mayor intensidad. Con una historia muy joven, el flamenco empieza
a brotar en este rincón del mundo con ganas. Sin pretensión de encontrar
una trayectoria similar a la de países como México, Argentina o
Estados Unidos, Canadá va siendo considerada un potencial, tanto para los
propios canadienses como para los artistas y profesionales internacionales. De
hecho, el propio Paco
de Lucía se ha citado hace poco con Montreal, Vancouver y Toronto,
ciudades que empiezan a despuntar con una particular historia, aunque casi independiente
la una de la otra, debido al vasto territorio que existe entre ellas, y que además
las separa de España, país con el que intentan incrementar el contacto.
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Carmen Romero
(Foto: Cylla Von Tiedemann)
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Lejos de la trayectoria que el flamenco sigue en Estados Unidos, donde festivales
como el 'Flamenco Festival USA' se consolidan cada año con grandes espectáculos
y reconocidos artitas, Canadá es todavía un país virgen.
Las más tempranas y arraigadas referencias del flamenco datan de los años
sesenta, aunque son sólo unas leves pinceladas en comparación con
el flamenco del resto del continente, que se han ido trazando poco a poco, en
ciudades como Montreal, Toronto y Vancouver, principalmente. La razón de
que se trate de una historia joven es lo vasto del territorio canadiense y la
lejanía respecto al punto de origen del flamenco, España. De hecho,
parte del flamenco que se vive en Canadá no tiene su origen en España,
aunque sí busca en el flamenco español el ejemplo a seguir y el
maestro al que imitar.
Un ejemplo lo encontramos en el oeste del país, en ciudades como Vancouver
y Victoria, ambas localizadas en la provincia de British Columbia, donde los primeros
'colonizadores' del flamenco procedían de Latinoamérica, principalmente
México, o eran canadienses guiados por su pasión. Toronto y Montreal
son la otra cara de la moneda, dos ciudades donde la comunidad de españoles
es mayor y donde se respira más profundamente la influencia del flamenco
procedente de España. En ambas ciudades, conviven comunidades de artistas
y aficionados que han pasado por la escuela flamenca española.
El flamenco en Toronto
Toronto es, hoy por hoy, una importante referencia del flamenco en Canadá.
El origen del flamenco en esta ciudad se sitúa por los años cincuenta,
a raíz de las emigraciones organizadas de españoles en 1957, coincidiendo
con un periodo aún de posguerra y dictadura en España. A partir
de esta fecha, la comunidad española se incrementó y consolidó,
lo que se tradujo también en un aumento de una rica vida cultural con tintes
y raíces españolas. Pronto comenzaron a surgir restaurantes y locales
creados por españoles, cita obligada para disfrutar de la cultura española,
con el flamenco como protagonista. En la creación de esta cultura tuvo
mucho que ver, y aún hoy, el llamado Club Hispano, surgido de la necesidad
de los españoles en aquella época de sentirse unidos y reforzados.
A raíz de la enfermedad de un español en la ciudad, la comunidad
recabó fondos para repatriarlo, suceso que impulsó el deseo de crear
una organización que los representase en Toronto. Este club sigue siendo
el centro de reunión y el artífice de actividades culturales como
el Festival Caravan, donde se ofrecen clases de flamenco y danza, y donde además
se festejan otras celebraciones como los San Fermines.
Cartel de 'Carmen Complex'
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Paralelamente, el flamenco en Toronto se distingue por su apuesta por la formación.
Dos escuelas lideran su enseñanza en esta ciudad, y ambas están
dirigidas por dos mujeres, Carmen Romero y Esmeralda Enrique. La escuela de Esmeralda
Enrique fue fundada en 1982. Su objetivo es, según revela, "mantener
el corazón del flamenco puro en Toronto, fusionando las novedades con la
esencia". Y para ello, reconoce que es importante "mantener la vista
en España". En la actualidad, su compañía prepara el
espectáculo 'Cádiz: Heart of Flamenco', que se presentó en
diciembre, y con el que la artista muestra su pasión por esta ciudad andaluza,
y por redescubrir los orígenes del flamenco.
Carmen Romero, por su parte, había estado dirigiendo su propio grupo
de danza profesional desde 1986, bajo el nombre de Candela Flamenca. En 1992,
se unió a Miguel de la Bastide, guitarrista y compositor con dos álbumes
ya grabados: 'Siento'
y 'El
cambio'. Tras varios años de trayectoria, cambiaron la estructura y
la imagen de la compañía. Con ella colabora el jerezano Domingo
Ortega. La perspectiva de la compañía es internacional, llevando
a cabo giras por Canadá, Estados Unidos, Europa y Asia. Ahora tiene prevista
la presentación de la obra 'Carmen Complex', una interpretación
moderna que trata del carácter de una bailaora, en el que se mezclan la
música y la danza clásica, el flamenco y el tango argentino.
Montreal, huellas indelebles
La historia del flamenco en Montreal sigue una trayectoria paralela a la de
Toronto. Por las mismas fechas, la década de los 60, llegaron españoles
en busca de nuevas oportunidades laborales y económicas. Ellos también
dejaron impresas sus huellas culturales. A la difusión del flamenco en
esta ciudad ayudó la Exposición Universal de 1967, pues en el pabellón
de España se desarrollaron varios espectáculos flamencos, que sirvieron
de escaparate desde donde mucha gente tomó nota y conocimiento para el
futuro. Restaurantes españoles y, posteriormente, algunos tablaos empezaron
a consolidar lo que hoy es parte inherente de la cultura en la ciudad.
Entre 1960 y 1970 surgieron muchos lugares donde se presentaban espectáculos
flamencos con gente procedente de España: L'empress Lounge, Le Chateau
Madrid y L'Association Espagnole. En la década de los 80 tomaron el relevo
otros como El Sancho Panza, La Bodega y el Pavillon Español, aunque el
más conocido fue el Rancho Grande. Allí se concentraban el elenco
de artistas del momento, como Arcadio Marín, José Valle 'Chuscales'
Aquilino, Pierre Le Duc y Marcel Plante 'El Rubio'. Sin embargo, las principales
figuras que dieron al flamenco forma en esta ciudad no fueron de origen español.
Los españoles trajeron a la ciudad el clima y el ambiente adecuado para
su desarrollo, pero no fueron los maestros. De hecho, la primera maestra fue una
canadiense, Sonia del Río, aunque parte de su formación la recibió
en Madrid, en el Ballet de José
Greco. A su regreso a Canadá, comenzó a impartir clases de ballet
y flamenco. Con ella, empezaron a resonar voces que hablaban del flamenco y despertaron
el interés en una incipiente afición local.

Arcadio Marín y Paco Pedrosa.
El Rancho Grande. Montreal. 1980
La segunda figura clave en los inicios del flamenco fue Patrick Schupp, considerado
el padre del flamenco en esta ciudad. Por sus manos han pasado las diferentes
generaciones del flamenco de Montreal. Su relación con el flamenco se inicio
en su Francia natal, donde trabajó como periodista. Más tarde se
traslado a Montreal, donde comenzó a realizar críticas de flamenco
que, poco a poco, lo introducirían en el mundo del baile flamenco, que
pronto lideraría. "Todos los que ahora somos algo en el mundo del
flamenco debemos nuestra pasión a Patrick", comenta José Luis
Pérez, un cantaor y bailaor español afincado en Montreal. "Supo
comunicarnos a cada uno de nosotros el gusto por el flamenco, además de
lograr sacar de cada cual lo mejor".
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