ESPECIAL. MAESTRO ENRIQUE MORENTE, COMO SI FUERA AYER…
POR CAÑIZARES
Maestro Enrique Morente,
como si fuera ayer...
Cañizares para Flamenco-world.com, 13 de diciembre
de 2010
Lo recuerdo como si fuera ayer. Fue hace
ya unos años, viajábamos el Maestro Enrique
Morente y yo en el AVE dirección a Sevilla. Era
para rodar la película ‘Flamenco’
de Carlos Saura. Nunca llegué a emocionarme tanto
con mi amigo Enrique. Me acuerdo del día del rodaje,
en la estación Norte de Sevilla, como si fuera ayer.
Unas semanas antes del rodaje, el productor
musical, mi amigo Isidro Muñoz se puso en contacto
conmigo y me dijo que Enrique cantaría unas Malagueñas
para la película. Esa era la idea y para mí
el honor. Me sentí muy feliz de poder acompañar
al Maestro en esa película. Durante semanas, me encerré
con mi guitarra, para sacar las falsetas más bonitas
posibles para adornar con mi música la voz del Maestro
Enrique.
Llegó el día del rodaje y
en mis dedos estaba todo estudiado y me sentía seguro
de lo que iba a tocar y, sobre todo, con mucha ilusión.
Llegó el momento crítico
del rodaje y el Maestro, cuando todo estaba a punto de empezar
para rodar en directo las Malagueñas, me dijo: “Cañi,
mira, sé que me vas a echar de España, pero
me apetece cantar por Seguiriya…”. “Bueno,
Enrique, yo tenía preparada la Malagueña,
pero si te apetece más cantar por Seguiriya, en fin,
yo me amoldaré” -le dije-. El director y el
productor trataron inútilmente de convencer al Maestro,
diciéndole: “Pero Enrique, hemos hablado de
que hoy ibas a cantar por Malagueñas, pero no por
Seguiriya. Ya está todo preparado”.
Pero, ¿quién podía
cambiar la opinión de este genio? Todas las falsetas
que saqué las tuve que tirar a la papelera. Solamente
una hora, ¡tenía solamente una hora para reacomodarme
a la nueva situación y sacar varias falsetas para
acompañar al Maestro por Seguiriya! Mi cabeza funcionaba
a más revoluciones que el motor de un avión,
porque quería hacerlo bien, pero, sinceramente, también
pensé… ¡qué putada!
Además, todo era directo. Si yo
fallaba, podría estropear la toma o dejar ese fallo
para siempre… A pesar de todos estos “sustos”
y esa presión, el rodaje afortunadamente fue muy
agradable y emocionante. La voz del maestro me hacía
sentir tanto, me inspiraba tan profundamente, que de esas
profundidades emergían las falsetas y las melodías
sin ningún esfuerzo. La sensación fue tal,
que cuando terminamos de rodar en el plató, ya ni
me acordaba de las falsetas de Malagueñas que me
había preparado durante las semanas anteriores.
Después del rodaje, fuimos a cenar
y luego con unos amigos de Enrique, nos fuimos a un local.
En un momento de la noche, se planteó cerrar el local
para poder tener una juerga flamenca muy íntima.
Yo llevaba mi guitarra conmigo. Solo estábamos Enrique
y yo y tres o cuatro amigos. Allí le acompañé
por Bulerías, Tangos, Fandangos, Soleá…
Y estábamos tan a gustito gozando con el Maestro,
cuando de repente dijo: “Cañi, ponme la cejilla
al dos o al tres, que voy a cantar por Malagueñas”.
Mira tú por dónde -pensé-.
Le acompañé con las falsetas que había
compuesto en mi casa especialmente para la película.
Escuchando la voz del Maestro, de horizontes lejanos, flotando
en el cielo, me metió totalmente en su universo,
en el Universo Morente. ¡Qué emoción
y qué gusto! ¡Era impagable! Se me saltaron
las lágrimas de la emoción y me quedé
paralizado y llegó un momento en el que ya no pude
seguir tocando y me quedé sin tocar, hipnotizado
por su voz y por su duende, y mi guitarra enmudeció,
porque mi emoción no me permitía darle los
acordes que correspondían en ese momento. Me quedé
colgado, necesitaba resetearme. Cuando terminó una
letra, mi alma le tocó las falsetas que saqué
para él. Enrique me escuchaba con los ojos cerrados
y me sonreía y siguió cantando otra letra.
Era un momento mágico. Escribiéndolo ahora,
una lágrima baja por mi garganta, atravesando un
gran nudo…
Después de cantar la Malagueña,
Enrique se levantó de la silla y me dijo: “Cañi,
si yo llego a saber que tenías esas falsetas maravillosas
preparadas para la película, yo hubiera cantado en
la película por Malagueñas! ¿Por qué
no me lo habías dicho? Yo creo que nos hemos equivocao,
teníamos que haber cantado por Malagueñas”.
El Maestro Enrique para mí significa
mucho. Compartimos muchos momentos maravillosos. Éramos
casi como de familia. He aprendido mucho con él,
tanto de flamenco como de la filosofía de la vida.
Maestro, ¿Me escuchas? Tengo una
deuda contigo, que saldaré cuando te vea de nuevo
algún día. Te debo aquel acorde que no te
di porque tu voz enmudeció mi guitarra…
No me dejes, por favor, que todavía
tienes muchos cantes que querría acompañarte
y muchas cosas que me gustaría vivir contigo. Me
consuela saber que soy mortal y que, tarde o temprano, nos
abrazaremos de nuevo. Siempre recordaré aquella frase
que solías decir mucho: “Estamos vivos de milagro”.
Sí Enrique, pero tú aún sigues vivo
y lo seguirás estando siempre en mi corazón.
Te quiero, Enrique. Descansa en Paz
Cañizares
http://blogdecañizares.blogspot.com